Cultura democrática, educación cívica y participación ciudadana. Ernesto Gerardo Fernández Panes

Cultura en Transición

La participación amplia de la sociedad en las decisiones que le afectan requiere de un saber extensivo hacia la sociedad e indisoluble de la identidad comunitaria. El impulso a formas democráticas en la interacción política necesita de la promoción de los valores que caracterizan a la democracia entre los actuales y futuros ciudadanos, así como de revalorar la importancia que tiene la formación cívica en la educación formal.

Cultura democrática, educación cívica y participación ciudadana

Ernesto Gerardo Fernández Panes *

"La disputa por la nación nunca ha sido simple y nunca ha sido fácil, la entorpecen, la enturbian, no sólo demasiadas desigualdades internas, sino demasiados factores de poder externos". Carlos Fuentes.

"Al igual que todo empeño humano -y educación es sin duda el más humano y humanizador de todos-, la tarea de educar tiene obvios límites y nunca cumple sino parte de sus mejores -¡o peores!- propósitos". Fernando Savater.

"Para ser hombre no basta con nacer, sino que hay también que aprender". Fernando Savater.

Cuando se habla de desarrollo y de cambios, en un sentido integral, indudablemente se hace referencia a todos los ámbitos del pensamiento y la acción en la vida de las comunidades. Las condiciones materiales, económicas e infraestructurales, atendiendo al estado de su calidad y relación con el vivir mejor de los seres humanos, nos permiten observar también las carencias, los aciertos, ausencias y fallas de las políticas sociales, lo que ayuda a redefinir los rumbos y orientar acciones gubernamentales y sociales. Aunado a la perspectiva anterior, se encuentra un ámbito que en la última década ha expresado una dinámica muy viva y creativa: la renovación democrática de la sociedad, las instituciones, las leyes, las mentalidades y los valores culturales.

La participación ciudadana tanto en México como en Veracruz, se ha multiplicado y diversificado en esta última década, como señalan algunos indicadores generales, tanto en organismos no gubernamentales como en partidos políticos, iglesias, en actividades productivas, en los medios de comunicación, en las escuelas, en la familia y en muchas esferas más de la sociedad. La cultura actual expresa, sin duda, valores centrales que se definen como democráticos.

A nivel nacional existen estudios, escasos todavía, sobre formas y prácticas, así como acerca de la internalización de los valores democráticos entre la población. El maestro Cipriano Flores Cruz, presidente del Instituto Estatal Electoral de Oaxaca, realizó una investigación acerca de los valores políticos de los oaxaqueños y fue publicada en forma de libro, cuyo título es precisamente Los Valores Políticos de los Oaxaqueños. En este trabajo enlista bibliografía y hemerografía relacionada con la temática de la cultura política y menciona los estudios de opinión realizados por Enrique Alducin, encuesta acerca de los valores de los mexicanos; esta primera investigación se realizó en 1986 y fue seguida de una segunda en 1991. La UNAM, en 1996, publicó un estudio con el título siguiente: Los Mexicanos de los Noventa. La revista Este País ha publicado algunos estudios respecto a la temática en cuestión. Aunque existen investigadores interesados en la problemática relacionada con la internalización de los valores democráticos en nuestra diversidad cultural y ciudadana, resulta necesario redoblar los esfuerzos en el sentido apuntado.

Aunque contamos con una fuente estadístico-electoral cada vez más rica, por ejemplo: número de ciudadanos que votan, grado de abstención, número de partidos políticos, asociaciones y agrupaciones políticas, militancia partidista, cantidad de mensajes sobre aspectos políticos y de campaña que fluyen a través de la radio, televisión, prensa; el número de, candidatos que participan en las diversas elecciones, las fuertes cantidades de dinero que partidos políticos, instituciones y ciudadanos destinan a la actividad político-electoral, etcétera, notamos que hay, en el caso de Veracruz y del país, poca investigación respecto al estado que guarda lo que llamamos hoy la cultura democrática ciudadana. A partir de aquí es que enfoco éstas, mis reflexiones, porque considero la necesidad de que instituciones de investigación, universidades, gobiernos Federal y Estatal, partidos políticos, fundaciones, instituciones electorales, etcétera, unan esfuerzos para desarrollar proyectos de investigación y diagnóstico sobre el asunto señalado.

Un punto que desde mi perspectiva resulta fundamental es la revisión del estado que guarda la educación cívica y ciudadana, tanto formal como informal, es decir, en los diferentes niveles educativos y en los diferentes ámbitos de la comunicación masiva. Si bien es cierto que a nivel federal, en la presentación del programa de educación para 1999, hablando de educación secundaria, se dice que habrá un cambio en los contenidos y que, a partir de ahora, se denominará a la educación cívica, educación ética y cívica; en el contexto veracruzano para apoyar la perspectiva integral del desarrollo, es decir, en lo económico, político, social, cultural, etcétera, requerimos de fortalecer la educación en valores democráticos y la práctica cotidiana de esos valores cívicos y ciudadanos, a la vez que los valores universales del hombre.

A partir de mi propia experiencia como educador, he notado que en el medio educativo formal, la llamada educación cívica enfatiza demasiado en datos, fechas, nombres, efemérides y profundiza poco en las formas de interiorizar y poner en acto, en la vida cotidiana, lo que llamamos los valores cívicos y ciudadanos.

Aunque observamos que un valor fundamental, traducido en obligación y derecho, como lo es el sufragio universal, libre, directo y secreto cobra cuerpo y se manifiesta con gran vigor en los procesos electorales, todavía queda mucho por hacer para incrementar la participación ciudadana en las urnas y para vivir los valores democráticos en nuestra vida cotidiana. Los valores como tolerancia, respeto a la diversidad, a la formación de disensos y consensos, se abren paso y aportan lo positivo de sus concepciones y prácticas; aunque los procesos autoritarios y excluyentes, así como descalificatorios de lo diferente, siguen existiendo. Es importante admitir que los impulsos democratizadores han contribuido al reconocimiento de la democracia como un conjunto de valores de nuestro tiempo y para el futuro, tanto en la localidad como en la globalidad.

Existen valores fundamentales como los de libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad, diálogo, legalidad, que se expresan en procesos de comunicación, en acuerdos y en la ley; en su concreción orientan y desarrollan la vida y el deseo de vivir más y mejor. Un valor tan preciado como la libertad se encuentra ligado a la responsabilidad, la corresponsabilidad, el autocontrol y la participación en la legalidad.

Como animales cívicos nos comprometemos y en el proceso de comunicación, compartimos y discrepamos; vivimos en conflicto y, a la vez, en constante invención y transformación de los diferentes sistemas de organización y de participación cívica.

Cuando hablamos de desarrollo integral, debemos atender a la indagación de cómo estamos en el desarrollo de los valores democráticos, cívicos y plurales; cómo los percibimos y los internalizamos, cómo los practicamos y los vivimos. Es necesario saber cómo los recreamos y compartimos, plantearnos el qué debemos hacer para mejorar v cómo debemos conformar los múltiples deber ser para el desarrollo y los demás aspectos de la vida.

Para construir y desarrollar la identidad democrática tenemos necesidad de saber cómo marcha la cultura democrática, ampliando los procesos de comunicación y participación ciudadana; replantearnos, con sentido critico y de futuro, la problemática que vive la educación ética y cívica en Veracruz y en el país.

Lo antes anotado nos indica que para saber en qué situación estamos en cuanto a la cantidad, calidad y diversidad de la cultura democrática, de los valores cívicos y de las múltiples formas de participación ciudadana, requerimos de un fructífero trabajo interinstitucional e interdisciplinario que, a partir de la investigación rigurosa y científica nos permita realizar los diagnósticos necesarios en este amplio campo temático y problemático, con el fin de diseñar las políticas públicas y sociales adecuadas que nos permitan el desarrollo integral, es decir, tanto en condiciones materiales como culturales. Todo esto nos permitirá mejorar nuestras instituciones, leyes, prácticas y procesos democráticos tanto en el ámbito de la sociedad como de la familia, la educación y los procesos culturales. Con tal orientación. las prácticas gubernamentales y la vida democrática se refuerza y amplía.

Si las razones de la política tienen que ver con el obedecer y disentir, actuando contra lo que se considera injusto, irracional e impuesto, los actos de educación y reeducación para (y en) la democracia -en la civilidad racional y tolerante- se relacionan con los cambios en las leyes, en las propuestas y mentalidades, en las prácticas de los actores diversos. En este contexto no es menos importante el cambio curricular y programático en los procesos de educación formal, el cambio en la comunicación e interacción ciudadana entre medios, gobierno, leyes y comunidades.

Una vez conocidos los diagnósticos sobre la calidad del capital cultural cívicodemocrático que tenemos y su necesaria actualización permanente, se podrán desarrollar planes y programas, políticas públicas y sociales, que convenzan y motiven a la participación correspondiente de la sociedad y del gobierno.

Indagar sobre la participación ciudadana y la cultura política es fundamental, ya que nos orienta al conocimiento de cómo se expresa la legitimidad gubernamental, la diversidad de actores formales e informales, los procesos de legalidad y de estado de derecho, los contextos de la pluralidad, la aceptación de las instituciones, los procesos de racionalización (consensos y disensos) para la comprensión y solución de los conflictos.

Conocer la internalización de los valores va al fondo de los asuntos claves del desarrollo, ya que son el motor de los cambios o de las oposiciones al mismo. No basta con conocer el estado de ánimo coyuntural o la opinión espontánea, es necesario indagar acerca de la socialización misma en los ámbitos de la familia, las iglesias, los partidos, los medios, el grado de ciudadanización y ciudadanía y el estado de los valores democráticos en la vida cotidiana. Una empresa de esta dimensión demanda no sólo el trabajo de investigación apoyado en estudios de corte cuantitativo, sino además trabajos de investigación cualitativa.

A partir de lo enunciado resulta muy importante reforzar las actividades de investigación interinstitucionales e interdisciplinarias, con el fin de avanzar en el conocimiento, en el intercambio de los saberes y de las prácticas en cuanto a la internalización de los valores cívicos, ciudadanos y democráticos en el ámbito de la comunidad veracruzana.

Se requiere el impulso y apoyo sistemático a los procesos de difusión y comunicación, con el fin de reforzar el desarrollo de los valores democráticos en la participación ciudadana, tanto en la escuela como en la familia y la sociedad.

Se necesitan diagnósticos más elaborados y rigurosos acerca de la problemática que hemos planteado, tales resultados servirán para revisar las formas y contenidos de la educación ética y cívica en los diferentes niveles donde se imparte.

Si en este nuevo ciclo escolar se pretende que en la escuela secundaria se estudien nuevos contenidos relacionados con valores, educación cívica y cultura democrática, es necesario que los enfoques partan de una visión incluyente, no libresca, anecdótica o meramente informativa.

Vivir y practicar los valores de la democracia, los que hemos ido construyendo y los que se han convertido en valores universales, como vivencia y elaboración global comunitaria, como cultura valiosa, demandan de: profesores, actores políticos y socioculturales, instituciones educativas, medios de comunicación, iglesias, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, padres y madres de familia, estudiantes, ciudadanos, órganos electorales, investigadores, autores de libros de texto, etcétera: un diálogo fructífero y de la educación con base en el ejemplo, en el reforzamiento y desarrollo de esa cultura democrática.

Referencias:

  • Azis Nassif, Alberto: "Impresiones y Tendencias, un breve recuento electoral de 1988"; en Este País, número 95, febrero 1999, PP. 28-31. México, D.F
  • Flores Cruz, Cipriano: "Los Valores Políticos de los Oaxaqueños". Instituto Estatal Electoral de Oaxaca. Oaxaca, México, 1997.
  • Fuentes, Carlos: "Por un Progreso Incluyente". Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América. México, D. F, 1997
  • Guevara Niebla, Gilberto: "Democracia y Educación". IFE México D.F, 1998.
  • Latapí Sarre, Pablo: "El Debate de la Moral Laica", en Proceso, número 1162, febrero 1999, pp. 36-37. México D.F.
  • Savater, Fernando: "El Valor de Educar". Editorial Ariel, S.A. México D.F, 1997.

* Economista y comisionado ciudadano de la Comisión Estatal Electoral de Veracruz.