Funciones y disfunciones del PRI. Inocencio Yáñez Vicencio

Funciones y disfunciones del Partido Revolucionario Institucional

Inocencio Yáñez Vicencio *

El ejercicio de la crítica necesita de referentes mediante los cuales pueda esbozarse la imagen de aquello que se pretende sea criticado. En el caso de los partidos políticos, esos referentes tienen carácter histórico, social o coyuntural, y se convierten a su vez en elementos de la argumentación.

En México, la actuación del PRI como partido en el gobierno ha tenido beneficios y costos singulares para el país. Esta singularidad no es causada por el Partido en sí mismo, sino también por la cultura y las necesidades propias de la Nación país. Por ello, pese a ser un referente importante para la explicación del México moderno, no puede ser parte de dicotomías morales porque ellas calificarían en reducidos términos a la nación, no sólo al Partido.

El PRI es un referente político e ideológico y como tal no admite posiciones intermedias; se le condena o se le absuelve, se está con él o es está contra él. Así como el socialismo fue un referente para deslindar quién era revolucionario de quién no lo era, hoy tenemos un referente muy cercano a nosotros llamado EZLN. Con el socialismo real se estaba a favor o se estaba en contra. Cualquier postura intermedia era sepultada por un alud de descalificativos cuyos más tersos eran los de revisionista, colaboracionista y agente del imperialismo. Con el EZLN estamos viviendo la misma experiencia: "Todo o nada" ha dicho Marcos. No hay puntos intermedios, se está o no se está, se es o no se es.

Esta es la razón por la cual a un referente como el PRI o el gobierno, muchos no solamente lo atacan (mecánica o voluntariamente), sino en su concepción patológica de la política lo insultan y niegan todo lo positivo que pudieran tener estos referentes en su obsesión por una autonomía respecto de ellos y de la cual es evidente que si estuvieran seguros no sentirían esa desbordante necesidad de refrendarla a cada instante, tomando en cuenta que por autonomía, antes que otra cosa, debe entenderse la capacidad de determinar y de decidir los actos de nuestra competencia, sin interferencias ajenas, y de ninguna manera condicionada a rechazar por sistema lo diferente a nosotros y negar méritos a otros, por el sólo hecho de no ser nuestros correligionarios.

Es precisamente por el riesgo de hablar de un referente como el PRI que muchos militantes suyos, y hasta analistas verdaderamente autónomos, callan para no ser atrapados y etiquetados por el tribunal de la conciencia nacional. Pero hay que tomar conciencia que la verdad rara vez se encuentra en alguno de los extremos y de que urge explotar los punto intermedios. No seria la primera vez que no tuviéramos razón, ni quienes ven en el PRI puros defectos, ni quienes ven en el PRI puros aciertos. La dicotomía bueno y malo pertenece a la moral y no a la política. Hace muchos siglos que la política fue secularizada. Muy mal nos ha ido cuando la política ha sido despojada de toda ética pero no menos calamidades para la humanidad han derivado de la confusión de la política con la moral.

Es muy lamentable que del PRI hablen más sus adversarios que sus partidarios, no sabemos que si por ignorancia o porque les estorbe, lo cual no tendría nada de raro en aquellos que buscan fines contrarios a los que le dieron origen a esta conformación política y cuyo rescate puede abrirle nuevos horizontes.

La crítica, aunque sí los críticos, no me causa tanta extrañeza (por no decir otra cosa) como su "fundamentación". Claro que provoca estupor Porfirio Muñoz Ledo hablando del partido del gobierno cuando hace pocos años hablaba del partido en el gobierno, pero más lo causa el senador Juan F. Millán, de extracción cetemista, presentándose ante un auditorio en la ciudad de Monterrey aceptando una crisis económica, ocasionada por, variables que están fuera del control no solamente del gobierno mexicano, sino incluso de cualquier gobierno. Aberración que fue secundada por Roque Villanueva.

Es una arbitrariedad y una falacia juzgar la distancia que hay entre modelo ideal y modelo real entre paradigmas diferentes. Como bien dice Sartori, podemos comparar ideal con ideal y a su vez cada ideal con su respectiva puesta en práctica o instrumentación.

¿No es un craso error juzgar la obra de la Revolución Mexicana, con el paradigma del liberalismo (modernidad) cuando nunca se proclamó liberal?

¿Qué de vergonzante y estigmático tiene que los hombres que hicieron la Revolución Mexicana hayan puesto en la lista de sus reclamos, en primer lugar, las reivindicaciones sociales?

Fueron las grandes masas de jornaleros, campesinos encasillados, obreros, maestros, rancheros y clases medias que ridiculizaron, incluso, las acciones de aquellos caudillos que en principio habían sido movilizados por, ideas estrictamente liberales.

La Revolución Mexicana ni fue ni pudo ser liberal. Madero naufragó al intentar constreñir el movimiento de 1910 a demandas puramente liberales. El Sufragio Efectivo y la No Reelección fueron buenos para aglutinar a los grupos y fuerzas de los desposeídos. Carranza levanta las banderas de Madero pensando que todo se resolvería con reestructurar y darle vigencia a la Constitución de 1857; sin embargo, la Ley Agraria de 1915, los decretos de aumentos de salarios en plena batalla de Celaya y su disposición de dejar en libertad al Constituyente de 1916-17, aun cuando el proyecto que envió se circunscribía a reformas parciales, muestran la fuerza del fermento social que se abre paso hasta producir una nueva Constitución, que orgullosamente podemos decir, es la primera que incluye lo que conocemos como derechos sociales.

Los revolucionarios mexicanos nunca fueron antiliberales pero tampoco pudieron ser liberales en el sentido clásico, por la sencilla razón de que las grandes contradicciones sociales que había engendrado la dictadura porfirista, tenía a nuestro pueblo en un estado opresión, explotación, miseria, pobreza, ignorancia, enfermedades, indefensión, manipulación y dependencia, que lo primero que exigió fue acometer la solución de esos grandes problemas.

Las purgas que llevó a cabo la Revolución Mexicana no fueron menos desafortunadas que las que se dieron en el seno de la Gloriosa Revolución Inglesa de 1688, la Revolución Francesa de 1789, la Revolución Rusa de 1917, la Revolución Cubana de 1958, etcétera. (Ninguna de ellas puede compararse con lo que hizo la burguesía en la Alemania de Hitler o en la república de Chile de Pinochet)

Puede decirse que el PRI fue fundado para dirimir las controversias entre los caudillos revolucionarios, cosa que nadie niega, aunque muchos de quienes afirman que así fue en sus primeros años, niegan que actualmente sirva para ello, olvidándose de que hoy no hay caudillos revolucionarios, y que ni los países más avanzados del mundo se han librado de reales y supuestas purgas que, por significativas que sean, no son reglas de controversia.

El proyecto de los revolucionarios que en 1928 aglutinó el PNR, PRM, PRI, antes que proponer un estado limitado y reglas para que la llegada al poder no tuviera más fuente que la competencia electoral, contiene la demanda de un pueblo analfabeta y superexplotado, a construir leyes e instituciones para repartir las grandes haciendas y los latifundios, para recuperar el petróleo y los demás recursos naturales en manos de compañías extranjeras para la Nación, para impulsar una educación gratuita, antidogmática y libre de prejuicios y fanatismos, para establecer el libro de texto gratuito, para fundar el Seguro Social, para establecer programas de vivienda, para edificar hospitales y centros de salud.

El PRI nunca se declaró partido único y sólo durante un tiempo estuvieron prohibidos, como hoy siguen estándolo en Estados Unidos, Alemania, etcétera, los llamados "partidos antisistema".

En 1939 el Partido Acción Nacional no nació para luchar por la democracia, como tramposamente hoy nos quieren hacer creer sus partidarios; nació para destruir la obra de la Revolución Mexicana y revertir su obra social, por lo cual es obvio que no agote ninguna vía, y el hecho de que los panistas hoy privilegien la vía electoral, no significa, como lo prueban muchos casos, que hayan desistido de hacerlo al margen de nuestras instituciones y mediante grupos camuflageados.

Nada hay de malo que tanto los grupos que pretendieran llegar al poder como aquellos que buscaran retenerlos, privilegiaran la demanda social antes que la competencia electoral, y el argumento del grupo que se desgaja del PRI encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en el sentido de que "abandonan ese partido porque ha dejado de abanderar las causas sociales" es contundente y tan es así que su crítica más lacerante se dirige contra el programa de privatizaciones, aunque ahora no quieran recordarlo. Es muy curioso que digan combatir el neoliberalismo pero se presenten como centinelas de la economía de mercado, que es el eje del neoliberalismo, ¿o ya se olvidaron de la economía de mercado?

Los comunistas que junto a la autodenominada corriente crítica conforman hoy el Partido de la Revolución Democrática, desde sus balbuceos en 1919 hasta su reciente aceptación de la vía electoral, siempre combatieron "la trampa democrática" y la ilusión de los derechos individuales y la propiedad privada, proponiendo en su lugar la dictadura del proletariado, la abolición del Estado y la propiedad y el combate de la religión por concebirla como opio de los pueblos.

El triunfo de las fuerzas partidarias del mercado como único asignador de recursos y la sobrecarga de demandas sociales llevó a privilegiar la vía de la competencia electoral sobre los consensos y acuerdos corporativos para la asunción y ejercicio del poder político.

Hasta hace poco, el PRI fue combatido por la derecha bajo los cargos de favorecer el comunismo y por la izquierda bajo los cargos de obstaculizar el comunismo, lo que pone en evidencia que para nadie estaban en primer plano la legitimidad democrática sino la legitimidad que viene del papel que se le imprime al Estado como garante de tales o cuales relaciones sociales de producción.

Tan obvio sería que los comunistas acusaran a los revolucionarios de no haber nacionalizado toda la tierra, de no haber distribuido toda la riqueza, de no haber suprimido la educación privada, etcétera, como farsante que un Pablo Gómez y compañía acusen de autoritarismo a un Estado de tenues libertades, que con todos sus recursos trataron de destruir y que cínicamente hoy se presentan como los grandes paladines de esas libertades burguesas.

Mienten quienes dicen que hay contradicción entre revolución e institución, cuando la revolución es el acto de fundación más radical que puede haber en una institución, y una revolución que no tenga como propósito institucionalizarse, será porque sólo pretenda despertar ilusiones y esperanzas sin concretarlas y eso sencillamente sería la peor forma de engañar.

Como bien dijera Reyes Heroles: lo único que podría reprochársele a los priístas es un gesto reiterativo y de sinceridad en esa supuesta contraposición.

El principal problema que enfrenta el PRI desde hace algunas décadas es su pérdida de autonomía respecto de los titulares del poder y la entronización de una tecnocracia que lo retiró de la demanda social sin prepararlo para competencia electoral.

Es cierto que el PRI no ha perdido por la disputa de la demanda social, sino porque ha sido incapaz de ventilar sus propios argumentos y de organizarse para competencia, pero eso no justifica que abandone los problemas sociales y contribuya a reducir la política a un mero ritual para sustituir, periódicamente y sin derramamiento de sangre a nuestros representantes, en quienes quedará finalmente todo el poder de decisión.

Para hacer del PRI un partido capaz de competir con éxito en las futuras contiendas electorales hay que restituirle su autonomía, introducir métodos incuestionablemente democráticos para la elección de sus candidatos y dirigentes, hay que liquidar las cuotas de poder; suprimir corporativismos, eliminar la cultura patrimonialista, abandonar la vía de las lealtades personales para promoción política y administrativa, terminar con prácticas clientelistas y dádivas, trabajar por un estado democrático de derecho.

Las deficiencias y la corrupción en las paraestatales y la administración central nunca hubieran alcanzado los índices escandalosos que registró si funcionaran adecuadamente los mecanismos de vigilancia, control y rendición de cuentas, independientemente de qué persona y qué partido gobiernen.

Los partidos, como lo muestran los casos de Estados Unidos, Inglaterra, etcétera, no envejecen, lo que caducan son sus prácticas y sus ideas; si el PRI cambia y se prepara para la lucha por la legitimidad democrática del poder, es indudable que tiene tanto o más mérito que cualquier otro para seguir ocupando un lugar privilegiado en el nuevo abanico de fuerzas que construyen y constituyen en conjunto la voluntad de la Nación.

Los que ayer como hoy proponen un estado de cara a los problemas sociales pero sustentado en la ley, en la libertad y en la legitimidad democrática, tienen tanto derecho de disputar los votos como los eternos enemigos de la libertad de cultos y creencias y como los otrora enemigos de la propiedad privada, por mucho que se santigüen hoy :en nombre de la democracia y él mercado.

Que si tienen más derecho al voto los partidarios del Estado social que no se limita a enunciar derechos sino a crear las condiciones para su concreción o los partidarios sinceros de un mercado como único asignador dé recursos, donde el que tiene comprará y el que no, no; el que tiene para comprar asistencia médica comprará asistencia para su salud, y el que no, precipitará su muerte; el que tenga para comprar educación tendrá educación para sus hijos y el que no, quedará condenado a la ignorancia o la mediocridad; el que tenga para comprar vivienda la tendrá, y el que no vivirá a la intemperie, etcétera, esa elección la hará el electorado y él pedirá cuentas de la lealtad y eficacia con los cuales se ejecute el proyecto de país que se le ofreció, pero no puede pedirse cuentas de algo que ni se ha escogido ni se ha prometido.

El pueblo no puede tener como opción escoger entre lo bueno y lo malo, sino lo que considere que mejor responde a sus reclamos políticos y sociales.

El problema no es que se quiera sacar al PRI del poder. Si eso se pretende-democráticamente es indudable que es legítimo y saludable. Lo grave es que se pretende sacarlo con calumnias, argucias y revanchismos.

En la imposibilidad de presentar una mejor conducta democrática y una mejor respuesta a los problemas sociales, acuden a la mentira y a la irritación popular, culpándolo de conductas y hechos, que escapan a la voluntad de un buen Gobierno, como es el caso del aumento de impuestos y precios, que bajo otros argumentos llevan a cabo todos los partidos ahí donde gobiernan. En el Congreso de la Unión han sustituido la argumentación por la aclaración. Hacen depender más su crecimiento y su credibilidad de los conflictos y los errores de otros que de su propio desarrollo y acierto. Los triunfos los basan en campañas que buscan convencernos más de los defectos de otros que de sus propias virtudes.

Lo preocupante .de todo esto es que en la desesperación por derribar al PRI atacan hasta las mismas reglas de convivencia, unos por su visión facciosa y otros porque no las conciben sino como simple expresión de la voluntad de los capitalistas y en su afán de anularlas o liquidarlas se alían con todo y con todos los que apuesten a la destrucción del Estado.

* Presidente del Grupo Verdad, Veracruzanos por la Democracia A. C.