Juan Antonio Nemi Dib

Poderes Públicos

Lic. Juan Antonio Nemi Dib

Me da mucho gusto poder estar en este muy importante Seminario Pensar Veracruz. Ejercicios como este hacen falta a nuestro Estado, por lo que hago votos para que se repitan y sean la base y el impulso para estudios complementarios de visión estratégica, que nos ayuden en el difícil proceso de toma de decisiones que implica las tareas públicas de la sociedad moderna.

Mi reconocimiento amplio a quienes concretaron esta importante iniciativa. Habla mucho, y muy bien, de la capacidad y del interés por recuperar los ejercicios sanos de pensar, reflexionar, dialogar, debatir.

La convocatoria de Pensar Veracruz reza al principio: a nadie debe satisfacer la situación actual del Estado de Veracruz. En lo particular, yo voy por las cuatro décadas y no recuerdo un momento en el que se perciba plena satisfacción por la situación en nuestro Estado, a lo mejor soy demasiado joven y no la alcancé. Pero hay más, esa percepción positiva tampoco la he encontrado en cuando a la situación del país y mucho menos del mundo. Acepto que se pueden conceptualizar los momentos actuales como de ciertas características preocupantes y con la necesidad de tomar decisiones colectivas, que también me parecen inaplazables. Estimo que debemos evitar caer en ta tentación de pensar que los momentos actuales, por el sólo hecho que nosotros los vivimos, son puntos críticos, parteaguas, momentos de urgencia. Siempre he creído que todos los momentos son inéditos y una permanente transición hacia algo mejor o peor según el enfoque que les demos, la posición en la que nos encontremos o, al final de cuentas, nuestro optimismo o pesimismo sociales. Las realidades son múltiples, pues el hombre es el que conoce o cuando menos percibe y piensa sobre las mismas.

Expondré reflexiones y cuestionamientos más propios de quienes tratan de hacer realidad proyectos. Corresponderá necesariamente a la masa critica de la sociedad, que son nuestros intelectuales, científicos sociales y académicos, ubicar, acotar, conceptualizar, estudiar y dar las respuestas de las que, en el espíritu de Pensar Veracruz, está urgida la situación de nuestro Estado.

Para entender la situación actual del Estado de Veracruz, hay que comprender las condiciones de la civilización occidental y los modos de nuestra cultura en particular; así como, los ámbitos internacional, nacional y local en que nos desenvolvemos. De igual manera, hay que comprender la naturaleza política y jurídica del Estado federal al que pertenece. Estas partes 'inseparables e indisolubles' interactúan y condicionan cualquier concepción, pregunta, respuesta, propuesta y solución que se quiera para Veracruz. Tratar de aislar y separar alguna de las partes limitaría y por tanto empobrecerían cualquier línea propuesta.

Las condiciones de la civilización occidental son paradójicas. Son contradictorias y se ubican en el centro mismo de nuestras vidas. Los valores persiguen la riqueza y abundancia; sin embargo, ocasionamos pobreza, escasez, hambre. Hoy más que nunca se está consciente del valor de la paz y la ausencia de conflictos y las mismas contradicciones de nuestra civilización han generado los peores conflictos. Buscamos bienestar colectivo y hemos creado malestar, inseguridad e inquietud. Nos asumimos en la era de la libertad política y moral, y precisamente en nombre de esos valores hemos asistido a la instauración de tiranías. Hemos querido como Occidente, construir un orden y desarrollo más humano y, sin embargo, los más dañinos desórdenes y desequilibrios de nuestra civilización son creados por la propia lógica `humana'. Hoy, más que nunca, se hace evidente la característica de la naturaleza humana de la paradójica "insociable sociabilidad" de Emmanuel Kant; es decir, "inclinación a formar sociedad que, sin embargo, va unida a una resistencia constante que amenaza perpetuamente con disolverla" y que, sin embargo, es motor de la historia.

Vivimos tiempos difíciles y engañosos. Tiempos en donde bienestar y progreso aparentes ocultan grandes trampas que, hasta ahora se han podido disminuir a rangos satisfactorios para que nuestras sociedades funcionen de una manera más o menos satisfactoria y más o menos prometedora para aquellos que esperan una sensata y esperanzadora mejora de sus condiciones de vida.

En el ámbito internacional, asistimos a la globalización como resultado del avance científico y tecnológico. La ciencia y la tecnología, por sí solas, derrumban todo `determinismo' en las concepciones de lo social y son las que van logrando el verdadero cambio, el más radical, en la historia. El cambio con mayores efectos es indudablemente el que se da a partir del avance en materia de telecomunicaciones en la denominada `globalización' o `mundialización'. Hay que comprender que la `globalización' no es una cuestión a debate: es simple y llanamente un hecho social, y como tal existe independientemente de tintes ideológicos y consideraciones metafísicas.

Lamento lo obvio, pero debemos tener muy claro que México y Veracruz están imbuidos totalmente en et ambiente internacional. La influencia financiera, económica, política, jurídica, cultural, social, ambiental, entre muchos factores es permanente y con efectos interdependientes. Lamentablemente en el ámbito del País y con mayor razón en lo concerniente a la entidad, los efectos que vienen del exterior hacia nosotros son indudablemente más impactantes tanto cuantitativa como cualitativamente, que los que como País y como entidad federativa podemos generar al exterior.

En el ámbito nacional, somos un Estado miembro de la Federación y, por tanto, hay que tomar en cuenta las variables generales del País que inciden en todos los aspectos. Corremos la misma suerte en la política económica y los inestables factores financieros. Tenemos que lograr una convivencia política sana tanto con el gobierno federal y los demás poderes de la Unión, como con el resto de las entidades federativas porque un mundo turbulento y extremadamente complejo, como el de este siglo, conservar la unión federal es una necesidad indudable.

Veracruz se ubica como la tercera entidad federativa con mayor cantidad de población.

La gran cantidad de población que habita en Veracruz; el hecho de colindar con siete entidades federativas además de una extensión muy grande del Golfo de México, virtualmente una frontera con los Estados Unidos de América; su ubicación geográfica muy cercana al centro político y económico del País, así como formar parte del Istmo de Tehuantepec; ser el Estado con mayor número de ciudades medias y puertos marítimos; su importante infraestructura de comunicaciones terrestres; ser importante productor de alimentos principalmente para el centro del País, como carne; las instalaciones petroleras, petroquímicas y de generación de electricidad, entre otros aspectos, hacen de Veracruz una entidad federativa con un valor estratégico que hay que tomar en cuenta.

Como sabemos, la explosión demográfica puede llegar a ser una importante presión social. En la medida en que se incrementa la población y los recursos económicos de la sociedad siguen siendo los mismos, se acrecienta en esa misma proporción la lucha por los recursos y estos son obtenidos por los más dotados para la disputa, generando todo tipo de conflictos.

Esto se sobredimensiona cuando se examinan los índices de pobreza y marginación que nos colocan entre los estados con mayores penurias y retos sociales y económicos a vencer.

Si consideramos todo esto, un Estado como Veracruz debiese adquirir un alto valor estratégico para las decisiones de política nacional. El valor estratégico no sólo se debe considerar por los desfavorables efectos que podrían producirse a nivel local, sino sobretodo por las consecuencias probables para el resto del País. Cualquier conflicto de dimensiones considerables puede extenderse con relativa facilidad a los estados vecinos y de ahí al centro y del centro al resto de la periferia, el esquema de `dominó' se presentaría naturalmente y tratar de `aislar' un conflicto en esas circunstancias podría llegar a ser, probablemente, en extremo difícil. A las dificultades anteriores habría que añadirle los efectos al sistema de distribución de bienes y servicios al centro del País (hidrocarburos y alimentos) que ya se mencionaron y las consecuencias en el sistema de comercialización con el exterior.

Tratar el tema de los `poderes públicos' en nuestro País, además de las perspectivas que expusimos necesarias para comenzar a Pensar Veracruz, nos lleva, ahora, a dilucidar lo que se entiende por `poderes públicos', posteriormente a referirnos a las características de un Estado descentralizado y uno federal, pues es precisamente en un Estado nacional descentralizado y federal en el que surgen y se desenvuelven los poderes públicos en el País y nuestra entidad.

Cuando hablamos de `poderes públicos' nos referimos a las funciones de los órganos de un Estado, esencialmente a la división de la teoría clásica de poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Por ende aludimos a la división de un `poder supremo' de un Estado constitucional.

Ahora bien, a qué poder o poderes nos referimos en particular: ¿al gobernador de una entidad federativa, al presidente de la República, al congreso de un Estado?

Todos los que estamos aquí, más o menos, fuimos educados en una sociedad con una cultura autoritaria y bajo un Estado también en buena medida autoritario. De ahí que, en el imaginario popular todavía se piensa, con razón o sin ella, que con el poder del presidente o de un gobernador es posible todo o casi todo. En las mentes de muchos compatriotas se reducen las funciones de los órganos federales o de los poderes de una entidad federativa a la voluntad de un sólo hombre. El cambio que en este sentido se ha ido sufriendo es hacia una mayor diferenciación de las funciones que la ley señala como atribuciones de cada uno de los poderes públicos. Poco a poco se vence la inercia en este sentido.

Hay que aceptar que este avance se acelera, en buena parte, a partir de las derrotas del PRI de los últimos años.

Hoy, hablar de muchos `poderes públicos' que convergen y que, en un sistema de pesos y contrapesos, actúan en los mismos territorios o imperan en las mismas materias en diferentes regiones podría parecer para muchos como algo irreal pero, es evidente, se está comenzando a dar.

Hablar de un Estado `descentralizado', como el mexicano, significa en esencia que el orden jurídico nacional no contiene sólo normas centrales, sino también locales. Es evidente que mientras más grande es el territorio de un Estado y más variadas son sus condiciones sociales, culturales e históricas, tanto más necesaria será la descentralización.

La autocracia puede darse tanto en un Estado organizado centralmente como en uno descentralizado. Pero es indudable que la forma de organización descentralizada tiende a `debilitar' el principio autocrático; es decir, al fin y al cabo implica una transmisión del poder del autócrata a sus representantes. Los autócratas se inclinan a concentrar funciones.

Por otro lado, la democracia también puede darse de forma centralizada y descentralizada. Más, sin embargo, la descentralización permite una aproximación mayor a la idea de democracia que la centralización, pues en la descentralización subyace el `principio de autodeterminación'; o sea, una mayor conformidad entre la `voluntad general' expresada en el orden jurídico del Estado y los ciudadanos sujetos a dicho imperio.

Para comprender mejor la naturaleza de un Estado federal, es importante hacerse la pregunta ¿cómo adquieren existencia este tipo de Estados? Lo más frecuente es que, como sucedió con los Estados Unidos de América, el Estado federal se constituya por medio de un tratado internacional entre Estados independientes, que deriva en reconocimiento. El hecho que cada Estado integrante de la Federación, se encuentre representado con el mismo número de delegados en el Senado, revela que las entidades componentes de la Unión federal eran originalmente independientes.

En razón de lo anterior, los Estados miembros deben ser tratados, por el gobierno emanado de la Unión federal y las demás entidades federativas, de acuerdo con el principio de derecho internacional denominado `principio de igualdad de los Estados'.

Regularmente los Estados federales destinan como competencias exclusivas de la Federación, materias estratégicas que tienden a preservar la unidad del Estado nacional. Estas competencias son fundamentalmente las relativas a los asuntos extranjeros, las fuerzas armadas, facultades en materia económica como las de banco central y acuñación de moneda y, es importante resaltarlo, en materia fiscal la recaudación exclusivamente para cubrir los gastos de las facultades que se reservan para el gobierno central.

Otros Estados federales, como el mexicano, nacen de diferente manera: a través de un pacto manifestado en una constitución escrita, en donde se establece que las entidades participantes de un Estado unitario deciden constituirse como Estados soberanos integrantes de una Federación. Es decir, constituyen una soberanía para el Estado federal o comunidad jurídica total y preservan parcialmente sus soberanías en los referente al resto de las competencias en los estados miembros.

Un Estado federal tiene grados de más o menos centralización. Es decir, mientras más amplia es la competencia de los órganos centrales (competencia de la Federación), más restringida es la de los órganos locales, o sea de los Estados miembros (competencias de las entidades federativas). Como podemos percatarnos, nuestro País es un Estado Federal que requiere incrementar su grado de descentralización.

De acuerdo con lo anterior, los `poderes públicos' de un Estado federal, como el nuestro, se constituyen de acuerdo a las competencias legislativa, judicial y administrativa. Estos `poderes' se dan lo mismo en el ámbito federal como en el de cada uno de los Estados que integran la Federación.

Como vemos una comunidad federal está pensada para dar acomodo a las diferencias de todo tipo, étnicas, religiosas, económicas, etcétera; así como, para que los Estados que la integran obtengan mayores oportunidades para subsistir, con su identidad propia, en un mundo adverso y cada vez más turbulento.

En conclusión, me atrevo a afirmar que los Estados miembros de una Federación decidieron y se mantienen adheridos a la Unión federal, cediendo parte de las facultades que como Estado miembro de la comunidad internacional tendrían, porque les conviene para su persistencia como tales y eso les da mayores elementos para el bienestar de sus ciudadanos.

Expuestas las consideraciones y reflexiones anteriores que estimo deben ser parte del Pensar Veracruz, sólo me basta formular algunas afirmaciones e interrogantes adicionales:

Veracruz es un Estado que arriba al mundo moderno con una posición estratégica importante en relación con el resto del País, que se debe aprovechar. Es importante seguir pensando acerca de esto y de comenzar estudios estratégicos y de gran visión.

Es evidente que nuestros vínculos e identidad con el País son muy fuertes e indisolubles; somos mexicanos y veracruzanos. Pero comenzamos a transitar el siglo XXI y nos damos cuenta que debemos impulsar la revisión del federalismo mexicano y pasar a uno más descentralizado y que respete la vida de nuestras regiones. La teoría federalista es clara: federalismo es todo lo contrario al igualitarismo, ya que su fundamento es la particularidad.

Revisar el pacto federal implica todos los ámbitos: cultural, educativo, jurídico, administrativo y fiscal. Hay que convocar, unir voluntades y fuerzas para lograrlo.

El futuro Estado federal mexicano debe de pasar forzosamente por un replanteamiento serio y profundo en materia fiscal. Es importante tener claro que si no se logra transferir la recaudación y el ejercicio libre y directo de los recursos fiscales a los Estados miembros, nuestro federalismo seguirá teniendo un alto grado de centralización y ello favorece el autoritarismo, la manipulación y a la vieja cultura política que se quiere desechar.

Hay que trabajar para que se acaben de una vez por todas las inquietudes unitarias o centralistas que últimamente han surgido. Federalizar es seguir transfiriendo facultades a la competencia de los Estados, para que legislen y atiendan los asuntos conforme a las peculiaridades de cada región. Es lamentable que en el siglo XXI sigan la disputa y la tentación ya resueltas en el siglo XIX, en pro de un Estado unitario y centralista.

Tampoco se quieren órganos federales débiles. La Unión los requiere fuertes pero en los rubros estrictamente esenciales para cumplir las atribuciones que en un replanteamiento serio se decidan por la voluntad general de la República.

En Veracruz la actividad política se ha complicado en extremo. Hace cincuenta años los veracruzanos éramos menos de la tercera parte y en los setenta apenas la mitad de los que somos. Esto indiscutiblemente que ha complicado el ejercicio de la política; es decir, de movilizar voluntades ajenas con eficiencia e intensidad suficientes para conservar y mejorar nuestro sistema de convivencia.

Gracias a los medios de comunicación, la política también se ha transformado, ahora los políticos mantienen con la ciudadanía una relación totalmente distinta que la que se tenía hasta hace poco tiempo. A los políticos se les ve casi a diario, se les conoce con profundidad, se les critica y exige más directamente que antes, en virtud de los mismos medios.

Si queremos realmente interiorizarnos en la reflexión en torno a los `poderes públicos', debemos reconocer que nuestra vida política y democrática no marcha bien. Ha perdido el atractivo para la gente, cuando vota lo hace sin la emoción de quien elige y marca un rumbo. Los partidos políticos manipulan cada vez más los actos electorales en relación con los ciudadanos comunes y es, aunque en el discurso se diga lo contrario, dentro de las `camarillas' partidistas en donde se decide realmente quiénes serán los representantes ciudadanos.

Por otro lado, la sociedad tiene una creciente sensación de distancia de quienes desde el `buró' cumplimos funciones públicas; corre la `especie' de que los sentimientos y las aspiraciones de los ciudadanos poco cuentan, que hay por encima otra `racionalidad superior' que cuenta más, pues pensamos que hacerlo de otra manera es `electorero'. Se vuelve cada vez más distante la relación entre los `poderes públicos' y la ciudadanía, de tal manera que ayunos denominan rimbombantemente a quienes debiésemos servir a la sociedad como la clase política', en contraposición a la de los ciudadanos comunes.

Toda la denominada clase política, que abarca por supuesto a todos los partidos políticos, seguimos aplicando las mismas recetas que antaño sirvieron pero que en un Veracruz complejo montado en la modernidad, poco o para nada sirven. Vemos con los lentes viejos y queremos cubrir con los mismos vestidos, confeccionados hace tiempo, a una sociedad muy diferente. Tenemos que replantear y reformular los problemas a los que nos enfrentamos. Hay que estimular la creatividad para evitar que el gran paquete nos rebase. Hay que estudiar sistemáticamente las inconformídades y sus causas, para poder proceder en consecuencia.

Me parece que el elemento que debe distinguir a los políticos de los demás sectores de la sociedad es la responsabilidad; es decir la capacidad de responder en consecuencia a los retos sociales que se le demandan atender. Sin esto nada tiene sentido en la funciones públicas.

La responsabilidad política implica esencialmente tomar en cuenta, al generar decisiones políticas, los efectos en todo el conjunto social y su viabilidad hacia el futuro, así como moderar estas categorías con el contacto y las aspiraciones y deseos de los sectores de ciudadanos involucrados.

Hay que promover la dignificación del trabajo político en todos los ámbitos. Los gobiernos estatal y municipales. Nuestro Congreso que debe cumplir mejor con el papel que teóricamente le corresponde. Los partidos asumiendo con responsabilidad su papel, tanto cuando son gobierno como cuando son oposición, así como democratizándose más hacia sus interiores.

Es importante tomar conciencia que si la política se ha desprestigiado en Veracruz ha sido por las actitudes y acciones de todos, por supuesto de todos los actores políticos, eludir mayores o menores responsabilidades es al final de cuentas salirse de la responsabilidad. Es decir, debemos prestigiar a la política para prestigiar a todos nuestros partidos y para construir el Veracruz grande que, supongo, todos queremos.