José Ortíz Medina

Los Medios de Comunicación: "Ficción o Cuarto Poder"

Dr. José Ortíz Medina

Antes de iniciar mi participación dentro de este foro publico, quisiera agradecer la amable invitación que me hicieron los organizadores e integrantes del seminario pensar Veracruz.

Entremos en materia:

Se me ha pedido que aborde el tema relacionado con el papel que juegan los medios de comunicación en el espectro de los poderes fácticos; es decir, desde el punto de vista del impacto que generan en la sociedad y cómo es que se convierten, según veremos, en un poder real de influencia para los demás ejecutores de distintos poderes.

Es lugar común creer que nuestra función social se circunscribe únicamente a la transmisión de la información y -en su caso- a emitir una opinión sobre ella como una forma de ampliar las consideraciones personales de quienes nos leen, oyen o miran.

Don Alfonso valencia ríos -maestro de generaciones completas de comunicadores- hoy ausente de esta tierra, solía definir al periodismo como "la mas noble labor de servicio publico y social".

Cierto día, visitó la entidad veracruzana el presidente Luis Echeverría, quien como era y es costumbre hasta hoy en día en los presidentes, profería atención prioritaria a la prensa nacional por encima de la provinciana; entonces, don Alfonso -a quien recuerdo por aquella famosa frase que espetaba a sus alumnos de que "la memoria es femenina y por lo tanto infiel"- al ver tal descortesía, se le acercó, lo tomó del brazo y le dijo: "señor presidente, la prensa unida de Veracruz también existe, o acaso no nos ve", y al instante se arremolinaron junto a él una decena de periodistas que impulsados por el ímpetu del astuto reportero iniciaron la andanada de preguntas al mandatario bajo la batuta del guía moral del periodismo veracruzano.

Según don Alfonso, el periodismo es -pues- como una catarsis para quienes escriben, para quienes gozan ejerciendo el poder que confiere el medio a sus reporteros, a sus columnistas y editorialistas, pero siempre con un sentido social y colectivo.

Al igual que el viejo maestro, coincido plenamente en que no hay periodista, si de por medio no hay un corazón que palpita apasionado por la defensa de la verdad y -sobre todo- con una vocación de servicio expresada en las letras, la palabra o la imagen.

No obstante a esta consideración -que alguno de ustedes pudiera considerar romántica- no pocas veces se presenta la tentación por el abuso de ese poder, por el abuso de la tinta, el micrófono o la pantalla; y -sobre todo- por la compra de conciencias.

A este respecto, debo señalar que tanto el poder político como el poder mediático, se parecen a la farándula: es muy fácil voltear a los reflectores cuando están y buscarles cuando no se encuentran; ambas profesiones se confunden muchas veces, o se funden, que es lo peor.

Como fuere el caso, el periodista sabe que la ley le da libertad. Baste con leer los artículos 6° y 7° constitucional; o las leyes de prensa, radio y televisión para saber que el marco legal nos ampara; pero cierto es que -aun cuando obsoletos- también nos reglamentan.

Pero esa libertad, deviene en libertinaje cuando el periodista o el medio abusa al no tener plena conciencia de alcances y limitaciones propias.

"Podré no compartir tus ideas, pero defenderé siempre el derecho inalienable que tienes de expresarlas", se ha dicho desde tiempos remotos por los espíritus ilustrados, situación bajo la cual no pocos se escudan para cometer sus fechorías. Siendo sinceros, el poder del periodismo ha sido utilizado para chantajes personales, o para ajustes de cuenta políticos; en ambos casos, el gran perdedor además del medio es el lector, el radio escucha o el televidente.

¿Quién si no ellos, son los que pagan consecuencias de absurdos abusos e improperios?.

Pero el lado del poder político no es mejor; en innumerables veces el político se engalla ante el periodista. Amenaza, miente, o manipula, sabe que de por medio está su honorabilidad, o la aparición de fantasmas de un pasado tormentoso; aquí es donde entra en juego la ética de ambas partes. Además de periodista o político, se es padre de familia, esposo, hijo o vecino, cada cual es la medida de su propia circunstancia.

Pero no demos golpes de pecho a ultranza. La relación entre la prensa y el poder político no es nueva. Es mas, me atrevería a decir que la una no existe sin el otro y viceversa.

Sin embargo, esa, es una cara de la moneda.

La otra, la de mayor raigambre, es la que tiene que ver con el verdadero sentido social de la profesión.

La prensa ha sido en la historia de este México mágico libertadora social, emancipadora de conciencias, generadora de cambio y ocaso de regímenes.

En todo momento la independencia, la revolución el "68", la rebelión del magisterio o el levantamiento armado en Chiapas, contaron con la beligerancia de una prensa critica, social y altamente` comprometida con las .causas más nobles de estos y otros movimientos sociales.

Díganme ¿quiénes, si no los medios, fueron los que posibilitaron la avasallante promoción del "cambio" que nos vendieron el 2 de julio? La razón a este respecto, habrá de darla el tiempo a los vencedores o a los vencidos. No generaré controversias porque no es el caso.

Entonces, pues, sigamos. El plano internacional, no es la excepción téngase presente el caso del Watergate que, derivado de una investigación de Bob Woodward y Carl Bernstein, culminó en la dimisión de Richard Nixon en uno de los más estrambóticos escándalos norteamericanos, y en la entrega del premio Pulitzer al Washington post hace ya 25 años.

A nivel local seria imposible documentar las innumerables ocasiones en que la prensa veracruzana ha generado opinión publica sobre el quehacer gubernamental; basta con recordar la declaración del propio miguel alemán al responsabilizar de la salida de Sabás Huesca Rebolledo del gabinete, a la prensa local, según lo relataron los medios de comunicación en marzo del presente año.

Entonces, aquí cabe ya una pregunta: ¿es en verdad la prensa un poder diferente al legislativo, ejecutivo y judicial? Desde el punto de vista formal, no, pero factualmente, en algunos casos pareciese que, lamentablemente, así lo fuera.

Nada que no suceda en la prensa, en la radio o la televisión tiene importancia masiva para el ciudadano; suelen decir los norteamericanos: "I see it on tv, then it's real", a manera de legitimar la agenda cotidiana de noticias.

Del mismo modo, "obra que no es vista es como si no existiera", ha dicho el renovado coordinador de comunicación social de miguel alemán; la sapiencia popular tampoco ha errado: "santo que no es visto, no es venerado". Lo que da la idea de que -precisamente- los medios son quienes tejen - a su modo - lo que la sociedad magulla entre dientes día a día.

No hay ya ermitaños sociales. A priori aseguro que quien se abstrae del anecdotario de los medios informativos será marginado provocándose tal enmudecimiento que, difícil será -en adelante - no hablar de lo que se escribe, oye u observa en los mass media prototípicos.