Veracruz, las exigencias del cambio. Miguel Ángel Yunes Linares

Veracruz, las Exigencias del Cambio

Miguel Ángel Yunes Linares

Agradezco al "Centro de Estudios para la Transición Democrática, A. C." la invitación a participar en este Seminario.

Pensar Veracruz es la razón que a todos nos convoca.

Se trata aquí de revalorar la actividad política y contribuir con ideas y proyectos viables a que las élites gobernantes entiendan y asuman los nuevos tiempos.

Se busca también ejercer el diálogo público sobre asuntos públicos sustentado en razones, en conocimientos y desde la condición de ciudadanos.

Es claro que no se necesitan mayores diagnósticos para concluir que la política está afectada de diversos males y requiere revalorarse y dignificarse.

Según encuestas oficiales, buena parte de los ciudadanos cuando escucha la palabra "política" la asocia de inmediato con "corrupción".

El 67% no se interesa en las cuestiones políticas y el 80% lo único que sabe de esta actividad es lo que se dice en los programas de televisión.

Un 42% sostiene que la política contribuye al mejoramiento del nivel de vida, mientras un 51% considera que la política perjudica.

Sólo el 24 % confía en los partidos políticos, contra un 79% que confía algo o mucho en otras instituciones, como las distintas iglesias.

Sin embargo, más de la mitad de los ciudadanos, el 56%, sostiene que la democracia es la mejor forma de gobierno, contra un preocupante 13% que piensa que es mejor la dictadura.

No se renuncia entonces a la política, sino que se exige revalorarla, darle una dimensión ética, de compromiso y de servicio.

Este Seminario forma parte de un esfuerzo colectivo para impulsar el diseño de una nueva política, que sea fuente de acuerdos serios y generosos, de compromisos honestos, de certidumbre para todos. Yo entiendo este cometido como el de cambiar de una vez por todas la vieja política: de oponer a la política de las ocurrencias la política de las ideas, de enfrentar a la política-mentira con la política-verdad, de exhibir y erradicar a la política de los intereses y la componenda con la política de la ética y los valores.

Es también el compromiso de enfrentar la política del privilegio con la política del esfuerzo cotidiano, la política del continuismo con la política de la transformación y la política de la corrupción con la política de la transparencia y la honorabilidad.

Suscribo plenamente la propuesta de los convocantes. Por ello, desde mi posición y mi derecho como ciudadano, y asumiendo la responsabilidad con que debe actuarse siempre en los asuntos públicos, comparto con ustedes mi pensar sobre Veracruz.

1. EL ENTORNO GLOBAL.

Veracruz tiene que pensarse en el entorno de la globalización, entendiendo por ella la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y, aunque en menor grado, de personas a través de las fronteras.

El café de Coatepec, los tubos de acero de Veracruz, los cítricos de Alamo y Martínez de la Torre, el maíz de Soledad de Doblado, los productos petroquímicos de Cosoleacaque y Coatzacoalcos, la producción bovina de la Huasteca, el azúcar de la Cuenca del Papaloapan y de la región de Córdoba, la pesca en Tuxpan o los textiles de la zona de Orizaba: prácticamente todos nuestros productos, así como las actividades turísticas, comerciales y de servicios, están impactados por la regionalización y la mundialización de los mercados.

La mano de obra igualmente se desplaza en la dirección y el ritmo que esos mercados globales indican.

No debemos asumir como destino las crisis recurrentes en el precio de nuestros productos, el cierre de fronteras, los subsidios a los productos agrícolas que vienen del extranjero y el trato inhumano a nuestros migrantes.

Es preciso ubicarnos en esa nueva realidad, que parece irreversible, y determinar con talento y valor cuál es nuestro espacio, cómo podemos participar en la nueva realidad y transformarla, cuáles son nuestras opciones para aprovechar sus ventajas y neutralizar sus efectos negativos.

No podemos permanecer como simples espectadores pasivos -como se ha afirmado en este Seminario- cuando se globaliza la pobreza y se comparten democráticamente sus cargas y costos, mientras la riqueza y el poder se monopolizan.

2. VERACRUZ EN EL ENTORNO NACIONAL.

Veracruz pasó de ser la cuarta a ser la quinta economía de la Federación. Su aportación al producto nacional bruto disminuyó hasta descender un nivel, ubicándose después del Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León y Jalisco.

Siendo la quinta economía y aportando a la República en esa medida, pasamos a ocupar, a la vez, el cuarto lugar en niveles de marginación entre todas las entidades federativas, sólo por debajo de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, mientras Hidalgo disminuyó sus índices de pobreza.

Entre 1970 y 1995, México logró algunos avances en el combate a la marginación, pero no se resolvieron las profundas diferencias regionales, ya que las entidades mejor posicionadas fueron las que más lograron disminuir los niveles de pobreza, mientras que entidades como Veracruz lograron avances muy modestos.

Estudios oficiales indican que, de continuar las tendencias señaladas, el país continuará mejorando las condiciones de vida de la población. Sin embargo, esos avances sociales previstos en el escenario tendencial tendrían una distribución regional sumamente diferenciada, pues las brechas de marginación entre las entidades avanzadas y rezagadas se reducirían mínimamente, debido a que en las primeras sería más rápida la disminución de los porcentajes de privación que en entidades como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz.

Dichos escenarios tendenciales indican que, salvo que se reviertan, en el año 2020 Veracruz se mantendrá como una entidad con nivel muy alto de marginación, con millones de seres humanos atrapados en el círculo de la pobreza extrema, el rezago productivo, la escasa cobertura de servicios esenciales, el analfabetismo y otros graves males.

Reportes de la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno Federal confirman que, de mantenerse las circunstancias actuales, en el 2003 aumentará la pobreza en Veracruz, mientras que disminuirá en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, entidades que, junto con la nuestra, ocupan los lugares de mayor deterioro en cuanto a la dimensión de este grave problema.

Frente a esta realidad, es indispensable que -además de los programas y políticas locales- los veracruzanos impulsemos estrategias de mayor exigencia a la Federación para que se apoye a las entidades mas marginadas y que estas estrategias, además, respondan a los principios ético-morales de la justicia distributiva que inspiraron la política social, es decir, el consenso nacional de apoyar prioritariamente a la población más desaventajada y con ello reducir las seculares asimetrías regionales de México.

Con las condiciones actuales, Veracruz está fuera de toda posibilidad de atenuar los efectos de la pobreza y la marginalidad o siquiera limitar su crecimiento.

Por otra parte, la inversión pública no puede destinarse sólo a combatir la pobreza, sino que debe establecerse un equilibrio de tal forma que no dejen de estimularse programas de desarrollo para la creación de riqueza, la construcción de infraestructura regional, la promoción y la generación de nuevos empleos.

Las condiciones financieras son realmente preocupantes: mientras un 85% del presupuesto de egresos de Veracruz se destina a gasto corriente (29,500 millones), sólo el 14.5% restante va a gastos de capital o inversión (5 mil millones).

Al mismo tiempo, no existe la posibilidad de una mayor captación fiscal por reformas a las leyes hacendarias locales.

El Gobernador del Estado recientemente sostuvo que no utilizará el próximo año sus atribuciones para aplicar impuestos locales "porque es un año electoral y sería un suicidio político".

Si consideramos que el 2004 será igualmente un año electoral y en la misma lógica, debemos concluir que no habrá más recursos fiscales por concepto de impuestos estatales.

Nuestras aportaciones a la Federación, el tamaño de la población, el potencial estratégico de nuestros recursos y en particular el trato poco equitativo que hemos recibido históricamente de parte del gobierno central, nos dan la legitimidad suficiente para asumir una postura de reclamo firme para la atención de los rezagos sociales que afectan a millones de personas.

Hay que actuar en este cometido de inmediato y con una clara visión de nuestra responsabilidad ante las generaciones futuras.

Pero el punto de fondo no es éste: el problema no es sólo contar con mayores recursos para financiar el desarrollo del Estado, sino administrarlos con honestidad, racionalidad y eficiencia. Basta considerar al respecto un solo dato, sustentado en las fuentes oficiales que ya he citado: se estima que la deuda de Veracruz, al concluir el presente ejercicio fiscal, se acercará a los 3 mil millones de pesos.

En otras palabras, hoy debemos como Estado exactamente lo que hace cuatro años teníamos como ahorro: los mismos casi 3 mil millones de pesos.

3. EL ENTORNO LOCAL.

Las distintas realidades.

Muchas veces se ha dicho que en Veracruz conviven realidades disímbolas y contrastantes. Nunca estará de sobra repetirlo.

El Veracruz próspero de la zona costera central, con altos niveles de desarrollo, crecimiento económico sostenido, empleo y vinculado por las comunicaciones al movimiento global no se parece en nada al otro Veracruz, al que se ubica, por ejemplo, a menos de 100 kilómetros en línea recta, en la Sierra de Zongolica, donde habitan veracruzanos "arrinconados por la conquista", afectados por altos niveles de pobreza, sin fuentes de empleo, con actividades económicas auténticamente de sobrevivencia.

El Veracruz culto de Xalapa, con universidades públicas y privadas, con museos y centros de cultura, con bibliotecas y laboratorios de alta tecnología, pareciera no estar vinculado al Veracruz analfabeta, en el que casi 700 mil veracruzanos de 15 años o más -cifra igual a la de toda la población de la zona conurbada Veracruz/Boca del Río- no saben leer ni escribir.

El Veracruz moderno de la petroquímica y la alta tecnología de la Zona Minatitlán-Coatzacoalcos contrasta con el otro Veracruz, el de las regiones de Soteapan y Uxpanapa, muy cercano geográficamente pero totalmente alejado de la modernidad.

No se trata de asumir una lectura catastrofista, sino realista. Una mirada objetiva a diversos indicadores confiables nos señala con claridad que Veracruz tiene hoy un desarrollo más bajo que muchos otros Estados con menos recursos.

El campo

El sector agropecuario, que fuera uno de los símbolos distintivos de la productividad y el orgullo de los veracruzanos, pasa ahora por la peor crisis de su historia.

El futuro no es halagüeño.

Mientras que a nivel internacional los países que son nuestros socios comerciales se ocupan de disimular los subsidios para dar soporte a su agricultura y hacer viable la presencia de agricultores en sus campos, nuestro país hace alarde de respeto a los más estrictos y fríos compromisos establecidos en los tratados comerciales, ampliando la brecha entre los elementos con que cuentan nuestros agricultores y ganaderos y las herramientas de que disponen nuestros competidores internacionales.

A partir del próximo año, cuando se avance en la apertura de mercados conforme al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, los efectos sobre nuestra entidad serán más graves.

Los cítricos, el café, el arroz, la piña y el hule se encuentran ya en un muy mal momento.

La producción de caña de azúcar -ligada a 22 ingenios azucareros- podría no beneficiarse con la apertura de mercados como consecuencia de los compromisos asumidos por el titular del Ejecutivo Federal con productores de alta fructuosa y también como resultado de los altos costos de producción.

Esta realidad ha provocado fenómenos nuevos, entre los que uno de los más significativos es el siguiente: se estima que, en unos cuantos años, más de 400 mil veracruzanos han emigrado en busca de oportunidades.

Una especialista en el tema escribe: "Veracruz es uno de los nuevos orígenes migratorios de México. Aquí el flujo migratorio internacional e indocumentado comienza a adquirir carácter masivo. La mayoría de las localidades que lo presentan vieron partir a sus primeros migrantes en los últimos 4 años".

Es tan delicado y creciente el problema que el Gobierno del Estado creó ya en septiembre del 2001 la Coordinación Estatal de Atención a Migrantes. Nunca antes Veracruz había exportado empleo. Es tiempo de reconstruir el motor interno para retener a nuestros campesinos y a nuestros obreros.

La ciudad

Más de la mitad de la población habita en un sistema de ciudades medias equilibrado y bien distribuido a lo largo de nuestro territorio. El resto lo hace en más de 21 mil localidades con menos de 5 mil habitantes.

El proceso de urbanización ha sido más o menos acelerado en la medida en que las oportunidades de empleo y las posibilidades de obtención de servicios básicos se concentraron.

No obstante, se siguen creando comunidades muy pequeñas, sin ninguna viabilidad, lo que debiera llevarnos a desarrollar una estrategia de creación de centros proveedores de servicios, que contribuyan a agrupar a estas comunidades en su entorno.

Los niveles de marginalidad de los habitantes del sistema de ciudades son menores a los de la zona rural, pero indudablemente persisten problemas graves de falta de empleo, hacinamiento y carencia de servicios públicos básicos.

Aunque las zonas urbanas del Estado se mantienen en los niveles promedio históricos de seguridad, es muy preocupante, sin embargo, el establecimiento reciente en ciudades importantes de nuestra entidad de organizaciones delictivas vinculadas a actividades de narcotráfico y otros delitos conexos de carácter grave, ilícitos de los que -salvo hechos ocasionales- habíamos permanecido al margen.

Tenemos que optar por un Estado fuerte en la observancia del Derecho para tomar definitiva distancia entre el crecimiento de la legalidad y el de la ilegalidad.

Entre más se retrase la consolidación de ese Estado de Derecho, Veracruz será más vulnerable ante el crimen organizado, el narcotráfico, el lavado de dinero, el contrabando y el tráfico de personas.

Tenemos que romper las condiciones que propician que la complicidad o tolerancia con conductas ilícitas dé lugar a nudos locales de delincuencia nunca antes vistos.

La vida democrática

Es cierto que en México y en nuestra entidad el tránsito de la democracia formal a la real está en proceso. De hecho, es a partir de 1994 que Veracruz empieza a avanzar hacia la democracia real.

El respeto a las decisiones populares dio paso a un escenario de mayor pluralidad y a un proceso de estabilización y equilibrio en la vida política del Estado.

Las sucesivas reformas constitucionales ampliaron los espacios de participación ciudadana, hasta alcanzar en la Constitución actual la posibilidad de consulta directa al pueblo de Veracruz sobre temas relevantes.

Sin embargo, la realidad presente pareciera indicar que no ha podido consolidarse ese proceso de consolidación de nuestra vida democrática, que debe tener como premisa mayor anteponer los intereses de Veracruz a los de los partidos y a los juegos del poder.

Los niveles de consenso entre las distintas fuerzas políticas no son los deseables.

La tolerancia -valor sustantivo de la vida democrática- no está siempre presente en las acciones de algunos actores políticos relevantes: no lo está en su relación con los opositores y no lo está cuando se trata de militantes de su propio partido.

La reciente reforma a la legislación electoral es un claro ejemplo.

Aprobada sin consultar a la población y sin atender las voces de la pluralidad representada en el Congreso local, esta reforma provocó una escisión que ha pretendido resolverse descalificando a quienes no estuvieron de acuerdo con ella recurriendo al argumento de que son partidarios de la reelección.

No es el caso. En lo personal, expresé mi desacuerdo con los cambios a la legislación electoral y no soy partidario de la reelección ni del Presidente ni de los Gobernadores, ni la inmediata de los Presidentes Municipales.

Pero no sólo me opongo a la reelección de una determinada persona: también estoy en contra de la reelección cuando desde el poder se trata de prolongar el mandato propio imponiéndolo en la persona de un tercero.

Era y es claro que los cambios aprobados no contribuirían a legitimar el sistema democrático de Veracruz, como está lejos de ocurrir cuando las disposiciones que regulan la contienda política se reforman con el voto de uno solo de los partidos, aunque legalmente sea válido hacerlo.

Sin embargo, se ordenó y se hizo, a pesar de que las electorales son leyes de consenso indispensable, partiendo de la base de que definen las reglas de la lucha electoral en la que todos tienen derecho a participar.

Los poderes públicos

Las reformas legales, políticas y administrativas que impulsó el actual Gobierno dieron paso a una reestructuración de la administración pública y a nuevas formas de vinculación entre los poderes del Estado.

En el Poder Ejecutivo se crearon nuevas secretarías, subsecretarías y direcciones, buscando fortalecer según se ha dicho algunas tareas de carácter prioritario.

Al mismo tiempo que crecieron las estructuras y el número de funcionarios, se ha recortado personal de base y liquidado a trabajadores que dependían de su empleo en el Gobierno para sostener a sus familias.

En el Poder Legislativo, por otra parte, se incrementó el número de diputados, hasta llegar a 50 -uno por cada 140 mil habitantes aproximadamente, a diferencia del Congreso de la Unión, donde es uno por cada 200 mil, aproximadamente-.

El Poder Judicial mantuvo en términos generales su estructura, modificándose el procedimiento de designación de Magistrados del Tribunal Superior de Justicia, para que el Gobernador sustituyera al Consejo de la Judicatura en la facultad de proponerlos para ser designados por la Legislatura.

En estas condiciones, el pleno equilibrio y contrapeso entre los tres poderes sigue siendo una de las asignaturas pendientes en Veracruz.

Coincido en que "en las mentes de muchos compatriotas se reducen las funciones de los órganos federales o de los poderes de una entidad federativa a la voluntad de un solo hombre", pero esto no es responsabilidad de los ciudadanos, sino de quienes desde la política y particularmente desde el gobierno no hemos logrado modificar esa realidad en la que el Ejecutivo mantiene preeminencia.

Esta preeminencia del Ejecutivo se sigue expresando frente al Poder Legislativo en el derecho reconocido de orientar algunas decisiones, o incluso de influir en la forma de organizarse.

Supremacía del Ejecutivo frente al Poder Judicial que se manifiesta en el derecho recuperado de proponer el nombramiento de los Magistrados del Tribunal Superior de Justicia o de "ejercer una considerable influencia en el desempeño de la función judicial", fenómeno que es percibido por algunos analistas serios "como particularmente agudo" en Chiapas, Sonora y Veracruz.

Evaluar la actividad de los poderes no es uno de los objetivos de este documento. Sin embargo, sólo para efectos de sentar las bases de algunas propuestas concretas vale la pena formular las siguientes consideraciones:

En el caso del Poder Ejecutivo, las posibilidades de evaluación documental se limitan a la consulta de los tres pasados informes de gobierno, que contienen naturalmente una visión positiva y optimista acerca de las tareas realizadas.

Puede acudirse igualmente a la opinión de actores políticos y sociales, que van desde la expresión elogiosa de algún legislador local, que otorga a la obra del Ejecutivo la más alta calificación, poniéndola a la altura del arte, hasta la opinión, por ejemplo, de la Iglesia Católica, que advierte "falta de profesionalismo en algunos responsables de la Administración Pública en sus diferentes niveles y la carencia de una sana y honrada puesta en práctica de los programas de gobierno".

En el mismo documento se hace referencia a fenómenos de corrupción que afectan la función de gobierno.

Por lo que se refiere al Poder Legislativo, los elementos para evaluar están más vinculados a la percepción pública de su actividad que a la eficacia legislativa, de control del gasto público o de gestión social de sus integrantes.

Si se atiende a la opinión ciudadana, la conclusión necesaria es que se requiere un cambio en este poder en la dirección de ser independientes, de representar mejor los intereses populares y de superar enfrentamientos estériles.

El Poder Judicial sufre los efectos de un histórico olvido, particularmente en materia presupuestal.

Así, de acuerdo con los resultados de una investigación sobre administración de justicia en México llevada a cabo por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la asignación de recursos a dicho poder en relación con el presupuesto general de Veracruz fue del 0.76% en el año 2001, ubicándose en la posición 30 entre los 32 estados del país, sólo por encima de Guerrero (0.68%) y Michoacán (0.56%).

Lo anterior es determinante en la calidad del servicio judicial, mismo que -según dicho estudio- tiene uno de los niveles más bajos entre todos los del país.

4. LAS EXIGENCIAS DEL CAMBIO.

Los cambios que vive el mundo se reflejan en Veracruz y traen consigo nuevas exigencias.

La primera exigencia es reflexionar acerca del modelo de desarrollo para preguntarnos si podemos enfrentar el futuro con los mismos instrumentos, si podemos revertir con éstos la crisis en que transcurre la vida cotidiana de parte muy importante de nuestra sociedad.

Tenemos que reconocer que existen problemas de fondo que no han sido adecuadamente pensados. Cuando los problemas son minimizados, o de plano ignorados o menospreciados, entonces se genera en la sociedad una perversa situación de subdesarrollo.

Es evidente que nos encontramos al final de un ciclo histórico y la exigencia de iniciar un ciclo nuevo. Esto nos pone frente a un reto sustantivo, estructural, que de no resolverse puede llevarnos a vivir situaciones inéditas de mayor inestabilidad. No caben frente a estas realidades planteamientos cómodos o timoratos; no caben tampoco las promesas y las mentiras. Se impone reflexionar y proponer.

Se impone, sobre todo, actuar.

Sostengo que hoy el gran reto de los veracruzanos es diseñar, armar y poner en marcha un nuevo modelo de desarrollo que asimile y proyecte lo mejor de nuestra experiencia y de nuestros logros, pero que a la vez establezca las nuevas bases que permitan el despegue de Veracruz hacia la modernidad económica, la justicia social y la consolidación de la democracia.

Las sociedades desarrolladas han logrado estos avances sobre la base de facilitar y agregar valor al desempeño de la economía y de garantizar la distribución ordenada, legal y legítima del poder.

Veracruz requiere, para lograr su desarrollo, de una nueva economía y una nueva política.

Una nueva economía que conduzca a modernizar nuestro aparato productivo, establecer bases sanas y adecuadas para financiar el crecimiento y convertir al gobierno en un promotor eficaz del desarrollo con equidad.

Una nueva economía en el campo que, con visión de futuro, fomente las indispensables nuevas formas de organización de los productores, la reconversión de cultivos, el desarrollo de nuevos productos y la apertura y penetración de mercados emergentes.

Una nueva economía que impulse el desarrollo y bienestar de las clases medias y los grupos urbanos.

Una nueva economía, en la que se estimule la creación de empresas y el surgimiento de empresarios, lo que es sin duda la mejor vía para sustituir con generación de riqueza y de empleos la impotencia y el lamento por la competencia extranjera. O, para decirlo con palabras de Gabriel Zaid: "En una economía de mercado, la fuerza revolucionaria del cambio consiste en la creación de empresas".

Una nueva economía que confíe en la responsabilidad, la creatividad y el talento de los productores, los trabajadores y los prestadores de servicios veracruzanos, convirtiéndolos en actores fundamentales del proceso del desarrollo.

Una nueva economía que respete la naturaleza, que aproveche en lugar de explotar, que restaure y preserve la gran riqueza natural de Veracruz.

Veracruz requiere también una nueva política.

La política puede ser el mejor instrumento para devolverle la salud, el impulso y el futuro a Veracruz.

Necesitamos de una nueva política que ponga el poder al servicio de las veracruzanas y los veracruzanos.

Una política que responda al doble desafío de dar el poder a los ciudadanos, para que ellos en plena libertad decidan el futuro, y también de reconstruir un poder político para dar paso a un gobierno eficiente, eficaz, pero sobre todo honesto, que rinda cuentas públicas.

Lo que los veracruzanos necesitamos realmente es una sociedad poderosa, con un gobierno acotado y responsable, eficiente y ágil, transparente y honrado.

Por ello, la nueva política debe ser genuinamente democrática y tener al ciudadano como eje, a diferencia de la vieja política, la política del pasado, en la que no existen más actores que los grupos cerrados, las camarillas y las élites.

Una nueva política comprometida con la legalidad, entendida como la más alta expresión de la voluntad ciudadana.

Una nueva política sustentada en la austeridad, en la sobriedad y en la transparencia.

Una nueva política que impulse en todos sus ámbitos la reforma del poder.

- Una reforma del Poder Ejecutivo, para restablecer los equilibrios redistribuyendo su propio poder, y que reconozca la parte que corresponde al legislativo y al judicial y muy especialmente la que corresponde a la sociedad.

Una reforma que, con sentido de racionalidad, desaparezca las numerosas e innecesarias estructuras que han sido creadas a un alto costo y establezca criterios de disciplina presupuestal y de plena austeridad.

- Una reforma del Poder Legislativo, para que asuma plenamente su autonomía, desarrolle mecanismos más eficaces para supervisar el ejercicio del gasto público y prevenga y ataque la corrupción.

- Una reforma del Poder Judicial, que le permita disponer de un porcentaje fijo del 2% del presupuesto total del estado, de tal manera que cuente con recursos para formar y capacitar a sus funcionarios, modernizar sus instalaciones, pagar mejores salarios y así comprometerse a seguir elevando la calidad en la impartición de justicia.

- Una reforma municipal sustentada en dar mayor participación a los ciudadanos en las decisiones públicas y en períodos de gobierno de 4 años, sin posibilidad de reelección inmediata.

- Una reforma federalista, que reclame con firmeza y valentía para Veracruz todo aquello a lo que tenemos derecho histórico, pero que, al mismo tiempo, comprometa más a Veracruz con el esfuerzo de la Nación, asumiendo el federalismo como corresponsabilidad, no como dependencia.

Estas son algunas de mis ideas. Quise plantearlas de manera concreta para cumplir estrictamente los términos de la convocatoria.

Están abiertas a la coincidencia y a la divergencia. Están abiertas a la interlocución.

Veracruz debe reconocerse, repensarse críticamente y redefinirse.

No es un asunto de culpas o culpables: lo que importa es más relevante que las personas; tiene que ver con un modelo rebasado por la realidad.

El reclamo y la exigencia son para todos: para quienes gobiernan hoy, pero también para quienes gobernaron ayer o pretendan gobernar mañana.

Nadie puede estar al margen.

No se trata de temas menores, que ni son, ni deben ser lemas demagógicos de campaña política.

Son cuestiones de compromiso social, de moral colectiva.

Por ello, qué importante es pensar en Veracruz alejados de visiones partidistas, de ambiciones personales, de celos o egoísmos.

Pensar Veracruz y hablarle a los veracruzanos con la verdad, sin mentira ni simulación.

Pensar Veracruz en libertad para criticar y aportar, para proponer caminos nuevos.

Pensar Veracruz para tener siempre presentes los distintos "veracruces" y provocar así que se nos estremezca la conciencia, con esperanza, sin miedo.

Pensar Veracruz para fortalecer el orgullo y el arraigo de haber nacido en este Estado.