Elecciones y medios de comunicación. Yolanda Gutiérrez Carlín

Seminario Pensar Veracruz

Tema: Elecciones y Medios de Comunicación

28 de mayo de 2003

Lic. Yolanda Gutiérrez Carlín

Transición y medios de comunicación

Medios de comunicación y Elecciones

Cuál es el rol de los medios en el proceso de transición

Los medios influyen en el comportamiento electoral

Encuestas, marketing y elecciones

Democracia interna en los partidos

Escenarios de prospectiva

Demasiado se ha hablado de la injerencia que tienen los medios masivos de información en los procesos electorales, así como el rol que juegan en la etapa de transición democrática en las sociedades modernas, como ocurre en la actualidad en México.

Por un lado, se mantiene la firme idea de que los medios, por sí solos, garantizan un punto estratégico primordial en los institutos políticos para el convencimiento de los votantes, puesto que su nivel de impacto y su radio de influencia es más significativo en comparación a los tradicionales métodos partidistas como serían los mítines. Se evidencia lo anterior con las campañas presidenciales del 2000 en el caso de Vicente Fox Quesada, y en los comicios internos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para elegir su candidato precisamente presidencial en el caso de Roberto Madrazo Pintado.

Y, por otra parte, se le adjudica a los mass media un peso relativamente importante en el tránsito de un régimen cerrado -como se distinguiría a los 70 años del PRI-, a un sistema en apariencia más abierto, por ser estos generadores de conductas más participativas.

De todos modos, desde cualquier ángulo por el que se opte, desde mi particular punto de vista, los medios masivos de información tienen mucho que ver en los comicios contemporáneos.

Si tomamos en cuenta que el periodismo, según Martín Vivaldi, es un "medio de comunicación social, cuya misión fundamental es la difundir entre los hombres información, orientación y pasatiempo, es hoy una necesidad existencial del hombre moderno que se siente ciudadano del mundo, que necesita saber lo que a diario pasa", entonces lo que ocurre con la información emanada de los medios es la fuente que da sentido a la vida del ciudadano ya que extrae los elementos pertinentes para construir su identidad.

Sociológicamente, debe considerarse al periodismo como un servicio público o como el ejercicio privado de una función pública.

El periodismo ilumina, desafía las presunciones de la gente, estimula el debate y, de esta forma, abre los espacios para la estabilidad del ejercicio político.

Aunque a lo mejor pudiera parecerles petulante, creo que los periodistas, en este camino son piezas vitales en la arquitectura de naciones y sociedades; son regidores de la acción y, como tales, deben proveer al público de imágenes comprensibles y representativas de su nación y de su sociedad, y en nuestro caso, de nuestro estado y de nuestra ciudad.

En su mejor forma el periodismo es servidor a la vez que guardián de las instituciones. En su peor forma, es el foro a través del cual algunos explotan la desorganización social para su propio beneficio.

Las noticias son, entre otras cosas, el ejercicio del poder sobre la interpretación de la realidad.

Según Phillip Schlesinger, el poder es ejercido por todos los participantes involucrados en la transmisión de la información.

Entonces, aquí está la pregunta inicial, ¿tienen los medios de información la capacidad de provocar consecuencias políticas y sociales, según la selección diaria que dan a la información?

Por supuesto que sí, aunque el camino de los medios de información masiva no está en decirnos qué pensar, sino en qué debemos pensar, y a la vez nos muestran la distribución del poder social.

Como consecuencia de la acción de los periódicos, de la televisión y de los demás medios de información, el público es consciente o ignora, presta atención o descuida, enfatiza o pasa por alto elementos específicos de los escenarios públicos.

Las personas aprenden de los medios de comunicación no sólo los hechos, sino también cuál es la jerarquización que deben dar a los mismos, según el énfasis que en ellos ponga; y es que el orden de las noticias varía de acuerdo al tipo de desorden que están reportando o, más aún, dependiendo de la persona cuyo orden está siendo perturbado.

Y se dice lo anterior, ya que el orden para un grupo significa el desorden para el otro. La importancia que el lector otorga a la noticia depende de la posición que dicha persona ocupa en las jerarquías de su sociedad.

Con respecto al rol de los medios en el proceso de transición, creo que éstos son muy importantes, es por eso que las presiones políticas afectan la selección de las noticias.

Ya que por su influencia en el comportamiento electoral, muchos periodistas se encuentran supeditados a la cantidad o la manipulación que de la información hacen las fuentes de ese sector.

La diseminación de la información política repercute en los ámbitos económico, social y cultural. Es así que los hechos mismos se convierten en un elemento de presión, reforzado por quienes piden a través de su fuerza moral, escenificar la obra sobre una tarima que no alcance a mostrar todo el elenco; o presentarla frente a una escenografía que les permita confundirse. O en el caso contrario, colocan al ridiculizado al mando de la batuta, como si fuese apto para dirigir la acción.

El trato cara a cara con los protagonistas, esos que unas veces razonan y otros desatinan, ha sido sustituido por las oficinas de Comunicación Social de las instituciones y sus, de tiempo atrás preparados, boletines reverenciales y panfletarios, que truncan al periodista la oportunidad de preguntar y al informante su derecho a hacerse escuchar (y cuando me refiero a instituciones, hablo de partidos políticos y de oficinas de gobierno, e inclusive, a la iniciativa privada).

La prensa debe escarbar hasta hacer mella de las esferas blindadas, para recordarles que no hay estructura que aísle al público de la seguridad que le proporciona su derecho a saber. Después de todo no hay zanja tan profunda que logre ocultar el agua que arrastra el río.

El libre enfrentamiento de las ideas debe saborearse como ensanchamiento intelectual de la nación y en ese sentido debemos tomar la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, que en sus disposiciones generales tiene como finalidad proveer lo necesario para garantizar el acceso de toda persona a la información en posesión de los Poderes de la Unión, los órganos constitucionales autónomos o con autonomía legal y cualquier otra entidad federal.

Y como aquí hablamos de la relación de los medios y las elecciones, hay que apuntar que el Instituto Federal Electoral, es un sujeto obligado que deberá cumplir con esta Ley.

La Ley de Transparencia que entrará en vigor, no suprimirá la existencia de yugos a la libre expresión hablada y escrita. Los medios de comunicación padecen la censura, un mal cuya cura aún no ha sido fielmente encontrada.

La censura es la presión que obliga al periodista a matar o suprimir parte de su información; es también, la manipulación que se ejerce sobre él para que decida omitirla de manera voluntaria, lo cual se denomina autocensura.

Los periodistas pueden responder a la censura peleando, dejándose vencer o anticipando su crítica y su evidencia para evitar la presión.

La censura es aplicada por instituciones públicas que sufren de fobia, también es ejercida por órganos privados, cuyo principal medio de chantaje es la cancelación de la publicidad.

Los mecanismos de censura, sin embargo, tienen sus ciclos de vida. Algunos son más prolongados que otros y a todos les llega su tiempo de morir. Sus plazos tal y como lo demuestra la historia reciente, han sido acelerados por los procesos de reforma y apertura económica.

El poder de los medios es poder político, poder para dictar marcos de referencia y agendas, poder para excluir factores inconvenientes del conocimiento público. Las autoridades siempre han entendido que para controlar al público, hay que controlar la información.

Dentro de esta dinámica, la fabricación de verdades, el encubrimiento de mentiras, el ocultamiento de información, las interpretaciones tendenciosas, entre otros métodos, son moneda corriente en los medios y en las fuentes informativas.

Esto es sólo una parte de la relación medios-público, ya que el receptor es activo y por lo tanto puede impugnar, producir efectos boomerang, creer o dudar.

Por todo lo descrito en donde entra la censura así como la autocensura de los medios de comunicación, es por lo que creo que es importante que al igual que se legisle en materia de libertad de expresión y en el derecho a la información como ya se está haciendo, los medios también deberían construir sus códigos deontológicos de ética periodística.

La prensa independiente sin censura puede ayudar a proveer un incentivo a los ciudadanos para que se desarrollen nuevas ideas; movilizar ideas preexistentes para llevarlas a la atención pública; mejorar las ideas gracias a un proceso de crítica mutua.

De acuerdo con la Comisión Real Británica de Prensa los periódicos sirven a la sociedad de diversas formas: Informan a sus lectores acerca del mundo y hacen interpretaciones para ellos; actúan como vigilantes de los ciudadanos escudriñando en los círculos del poder, y a la vez, como medios de comunicación entre los grupos de cada comunidad, para promover la cohesión y el cambio social.

Creo que con lo arriba mencionado nos respondemos que, efectivamente, los medios sí influyen en el comportamiento electoral, ya que éstos como constructores de la realidad, de los escenarios políticos y por lo tanto el control social.

Aunque hay que resaltar que el público es un agujero negro en el que desaparecen sin dejar huella los esfuerzos políticos de políticos, abogados de causas, de los medios de comunicación y de las escuelas.

Su apatía, su indiferencia, su inactividad y resistencia a la industria de la conciencia es especialmente impresionante en una época de alfabetización difundida y acceso prácticamente universal a los medios. La indiferencia ante los entusiasmos y las alarmas de los activistas políticos probablemente siempre ha sido una fuerza política suprema, aunque sólo parcialmente eficaz y difícil de reconocer porque es una no acción.

Sin ella, la carnicería y represión de diversos grupos en nombre del nacionalismo, la moral o la racionalidad sin duda habrían sido mucho más amplias, pues la pretensión de que una causa política sirve al interés público a menudo ha distorsionado o destruido la preocupación por el bienestar personal.

Sin embargo, el crecimiento mediático de los años recién pasados, se debe al desarrollo tecnológico que permite cubrir grandes audiencias con instrumentos novedosos, acortando tiempos y distancias, y en especial el desempeño de los medios no se reduce sólo a conformar estructuras informativas, sino a actuar como verdaderos creadores de un metalenguaje que regula y orienta buena parte de las acciones sociales.

Y en este sentido, entrarían las encuestas y el marketing político en las elecciones, si tomamos en cuenta que los políticos, los periodistas y la opinión pública a través de los sondeos intercambian discursos.

El marketing político desde el punto de vista metodológico es un conjunto de técnicas que permiten captar las necesidades que un mercado electoral tiene, estableciendo, con base en estas necesidades, un programa ideológico que las solucione y ofreciéndole un candidato que personalice dicho programa y al que se apoya e impulsa a través de la publicidad política.

Si el político, o candidato en este caso, tiene que hacer una serie de acciones directas para convencer al mercado electoral, es por eso que el aspirante tiene que aplicar las técnicas clásicas que le permitan convencer al electorado, para lograr la acción del voto y, precisamente para la aplicación de estas técnicas, se necesitan a los medios de información.

Algo que tiene un campo de actuación amplísimo es la publicidad política; se debe suministrar información adecuada para que el elector tenga la información, que finalmente lo llevará a decidir su voto a partir de la comparación entre otros partidos.

Por ello son importantísimos los medios, porque en gran parte son quienes construyen la buena o mala imagen de los candidatos, imagen que se deberá construir en función a las necesidades del mercado, y como herramienta auxiliar se utilizarán los sondeos o las encuestas, en muchos casos utilizadas de manera privada, y en otros de manera pública dándose a conocer a través de los medios de comunicación.

El hombre de la calle, el que forma parte de lo se denomina masa, se siente mucho más cerca de lo que ofrece la publicidad, el entretenimiento, los temas de interés general (chismes de artistas, consejos prácticos, divulgación de temas científicos o artísticos), aquellos que de una manera u otra atañen a los destinos de su país y que a diario forman la agenda de los medios.

Algo que no podemos perder de vista es que la vida política es hiperreal: característicamente más portentosa que los asuntos personales. La mayor parte de la población (inclusive de los países avanzados), no tienen ningún incentivo para definir la alegría, el fracaso o la esperanza en términos de asuntos públicos.

La indiferencia pública es deplorada por los políticos y los ciudadanos bien pensantes, es blanco de los cursos cívicos, de la oratoria y de los noticiarios de televisión, y tema reiterado de las encuestas que descubren qué poca información política tiene el público y qué bajo nivel ocupa la política en el interés público en general.

Creo que los medios identificados con los intereses de los grupos en el poder, tienden a construir realidades que cada vez se alejan más de aquellas que los individuos viven a diario en su realidad social objetiva.

La interacción entre ambas realidades -la simbólica de los medios y la objetiva- da lugar a una tercera realidad: la subjetiva, que es a partir de la cual el ser humano busca manifestarse de otro modo, mediante otros canales e instrumentos. Dentro de tal concepción, los medios, aunque importantes, pueden ser sólo un referente de aquello que no se cree y que, por lo tanto, produce escepticismo.

El riesgo mayor que aparece ante esta realidad, es que los medios están sembrando una cultura de escepticismo, apatía y desintegración social a partir de la cual el ciudadano común no se atreve o no quiere participar en las decisiones fundamentales de su país, y como muestra está el abstencionismo que según las encuestas se cree que sea del orden de un 60 por ciento.

Por otra parte, si entre las acciones que pudiera emprender porque cree y participa, se corre el riesgo de obtener sólo frustración debido a que son fragmentadas y fácilmente desarticuladas.

Algo que no se ha analizado en esta sociedad moderna, es el valor de los silencios. El silencio es así respiración de la significación; un lugar de retroceso necesario para que se pueda significar, para que el sentido tenga sentido.

Es importante apuntar que los medios en la actualidad no sólo proponen la agenda que construye la realidad simbólica, sino que incorporan distorsiones que luego hacen suyas los receptores al interpretar los hechos.

Con respecto a la verdad, más que creer en ella o descubrirla, la preocupación del público (de la gente que hace opinión pública) es adaptarse y evitar el castigo o el rechazo, con todo lo que ella implica. Esta adaptación lleva al silencio, un silencio que da forma a una espiral que va creciendo y que por lo tanto, potencia la negación de la verdad.

En México ante los crímenes políticos de 1994, la gente no creyó en las versiones oficiales, ya que intentaron explicar los hechos según intereses determinados. No obstante no creer en esas construcciones simbólicas no los lleva a manifestarse públicamente, sino a desviar sus opiniones y su participación a corrillos, rumores, comentarios que pueden hacerse entre pequeños grupos donde no están sujetos a exclusión o castigo.

Por todo lo que he dicho creo que los medios de comunicación son parte fundamental en la construcción de los escenarios políticos, pero también debemos de apuntar que los hombres y mujeres de nuestro tiempo oscilan entre el escepticismo y la credibilidad.

Sumado a lo anterior está el hecho de la falta de democracia interna en los partidos, y esto no lo digo yo, lo manifiesto a partir de información desplegada en medios de comunicación, emitida por candidatos o gente que se quedó en el camino, precisamente por la falta de democracia interna en los partidos.