Elecciones y medios de comunicación. Ángel Martínez Armengol
Seminario Pensar Veracruz
Tema: Elecciones y medios de comunicación
28 de mayo de 2003
Lic. Ángel Martínez Armengol
Hoy ya nadie pone en duda el papel relevante que tienen los medios de comunicación masiva en los procesos electorales. Lo que algunos cuestionan es el papel que juegan en el sistema democrático.
Pero una aproximación empírica al sitio donde se ubican la prensa, la radio, la televisión y, más recientemente, la Internet, en el rejuego electoral de las campañas políticas, nos permite determinar su preponderancia para la consolidación (y en algunos casos incitación) de los comicios.
Ello a contrapelo de una condición sine qua non tanto de periódicos, revistas o programas radiofónicos y/o televisivos: no son los mejores espacios para el debate político.
Me explico:
La difusión que desde los medios se hace de las campañas electorales teóricamente enriquece el debate, permite una circulación mucho más amplia de las propuestas de los candidatos contendientes, ayuda a los ciudadanos a confrontar éstas, permite aproximarse a las estrategias y marca ritmos y pautas (en cuanto a temas de relevancia en la opinión pública) de quienes participan en el proceso.
Sin embargo, por sus características tecnológicas, físicas y económicas, los medios no son los mejores espacios para desarrollar (de manera exclusiva) el debate de las ideas políticas. Es necesario que éstas se den en otras arenas y que las estrategias de campaña abarquen distintos ámbitos: reuniones sectoriales, mítines, arengas, análisis temáticos, foros académicos, etcétera.
Porque apostar hoy a que la política pase solamente por los medios es no comprender las complicadas implicaciones que entraña el quehacer público.
Considerar que la relevancia de los medios en las elecciones es imprescindible, nos aleja del concepto mismo de la contienda electoral.
Los medios pueden servir (unas veces con eficacia, otras veces con imprudencia) para acelerar el ritmo que se le quiera imprimir a una campaña. Pero también pueden obstaculizar el desarrollo de las mismas si pretenden adquirir un papel que no les corresponde.
Los medios no pueden sustituir (aunque algunos lo pretendan) a los partidos o a los espacios de debate de lo público, como los congresos para aprobar leyes generales, ni impedir que dichos debates ocurran.
Los medios pueden apuntalar y apalancar un sistema democrático desde un régimen autoritario. Los ejemplos de transición en Europa del Este en los años noventa son emblemáticos en este sentido.
Pero también pueden resultar más eficaces para derrumbar regimenes políticos legalmente constituidos si no se pliegan a sus intereses o a los que comparten con ciertos sectores sociales. Los ejemplos de los golpes de Estado y dictaduras militares en Chile, Argentina, Brasil, Guatemala y, más recientemente, las intentonas en Venezuela, dan buena muestra de ello.
Desde la academia o desde una visión crítica, los medios no pasan la prueba cuando se trata de ubicarlos en la dimensión real que deben asumir frente a los escenarios político electorales.
Nos corresponde a nosotros, los periodistas, ubicar estas dimensiones y comprender el rol que podemos desempeñar para consolidar cierto sistema de valores universalmente compartidos.
En ese camino, el compromiso de los medios de comunicación debe ser con el sistema democrático, en tanto que permite la libre competencia de los distintos actores políticos y sociales y la distribución del poder público cada determinado tiempo y en igualdad de circunstancias y condiciones para todos.
Otro compromiso más debe ser con la libertad de expresión y el derecho a la información. La tarea no es sencilla y requiere de tacto, sensibilidad y apreciación correcta de dichos términos. La libre manifestación de las ideas no está reñida, en modo alguno con el libre albedrío de informar sobre las distintas opciones políticas. El derecho a la información exige, a renglón seguido, el no confundir la información política con la propaganda panfletaria. Difundir hechos, ideas o propuestas no puede ser, en modo alguno, interpretado como sinónimo de identificación partidista o ideológica.
Para ello se requiere de los medios un mínimo de compromiso con la honestidad y la veracidad. A ningún medio se le exige ser completamente impermeable de las identificaciones con ciertos sectores sociales y no con otros (por ejemplo más con los grupos de derechas o conservadores, o con los llamados liberales de izquierdas o intelectuales orgánicos), pero si deben, en esos casos, ser congruentes con ello y abiertos con sus públicos.
Nada favorece más a la democracia que la plena conciencia de todos los actores sociales de respetar sus reglas y fortalecer sus mecanismos. Uno de ellos, básico en nuestros días, es el de la fiscalización de la acción pública.
En ella los medios desempeñan un papel mucho más importante que en el mero proceso electoral de renovación de autoridades. La rendición de cuentas ante las instancias fiscalizadoras es obligación de los ámbitos del poder público. Es nuestra obligación que ello se prolongue hacia la sociedad para convertirnos, en palabras de un ausente periodista sureño, en la "contraloría social" del poder.
Para ello se requerirá de sagacidad y capacidad de investigación que nos permita indagar, ir a fondo de los hechos y escarbar en lo más profundo de los actos del poder. Implica, además, pasar de la denunciología al periodismo de investigación.
De esa manera, nuestra contribución al fortalecimiento de la democracia y nuestro papel en las campañas electorales, estará mejor justificada y será mejor entendida.


















