Agenda legislativa 2003. Manuel Camacho Solís
Seminario Pensar Veracruz
31 de mayo de 2003
Tema: Agenda Legislativa 2003
Ponente: Manuel Camacho Solís
Buenas tardes.
Una agenda política no es una ocurrencia, tiene que ser una idea pensada en términos del momento y de las posibilidades prácticas de aplicación. Lo demás puede ser una buena discusión académica pero no es un proyecto político.
Yo describiría la agenda legislativa dentro de un análisis que sintetizaría de la siguiente manera: Nuestro país no ha logrado crecer en los últimos 20 años, es decir, hay un problema con la estrategia de crecimiento de la economía mexicana, y por lo tanto, con su capacidad de redistribución social. Por otro lado, nuestro país no ha logrado consolidar los nuevos equilibrios entre los poderes públicos, una vez que ha habido la alternancia y que cambió la correlación de las fuerzas políticas. Y, finalmente hay un problema de relación de las instituciones con la sociedad, vinculado al diseño del tipo de régimen y también relacionado con un crecimiento de las demandas sociales insatisfechas que generan un problema adicional para la economía y para la gobernabilidad del país. Esto inscrito en una nueva situación internacional post 11 de septiembre, post Irak, que reduce los márgenes que tiene cualquier país en su relación con los Estados Unidos. Entonces este es el panorama presentado de manera sintética.
Y uno se pregunta dentro de esta realidad ¿qué es lo importante? que se puede llevar a cabo dentro de una legislatura en este momento, después de lo que se ha observado con el gobierno del Presidente Fox en estos dos años y medio, casi tres; y en función también de una coyuntura política que se vendrá muy pronto donde las fuerzas van a competir por la presidencia de la república.
Yo pienso que visto así el problema, los cuatro asuntos a los que me he referido, los cuatro ejes que definen las fronteras de la reflexión y las fronteras de la acción política: el eje internacional, el eje de la economía, el eje de las instituciones políticas y el eje de la estabilidad en relación con la sociedad; tienen que concretarse en un conjunto de decisiones que sean legisladas, que sean convertidas en leyes que abran la posibilidad de resolver estos temas y que eviten que se genere una crisis económica y política casi al final de esta administración. Pero que no sólo sea un parche, que no sólo sea un salvavidas, sino que sea una especie de quilla que rompa espacios de resistencia para que el crecimiento de la economía mexicana se viabilice, para que la estabilidad se funde en un nuevo equilibrio institucional y para que con una mejor base interna, México pueda tener una presencia más segura en un mundo tan complejo como el que hoy estamos viviendo.
En este sentido, me parece que la prioridad en términos de hacer una jerarquía de lo que he estado refiriendo estaría el resolver el problema económico del país, el problema del empleo y por lo tanto el problema social. Pero, esto requiere de dos cosas. Uno, de construir una propuesta alternativa viable de crecimiento y dos, de tener la fuerza social y política suficiente como para que la propia estrategia económica se reequilibre; porque el asunto de las decisiones económicas no sólo son asuntos de carácter técnico, sino esencialmente políticos, mismos que dependen de la fuerza que respalda a las políticas económicas. Como decía por allí un clásico de la economía, Schumpeter, "el presupuesto es la columna vertebral del Estado", y las decisiones que afectan la repartición del presupuesto y del ingreso nacional, por ende son decisiones esencialmente políticas. Pero si esta es la prioridad número uno, no es la que va a caminar, porque todavía no esta suficientemente armada la alternativa y porque además no hay una base que permita modificar en el corto plazo las decisiones fundamentales de la política económica.
De allí la importancia que adquieren otros temas. ¿Cuáles? Los de carácter político, y los inevitables, en donde la política energética del país pasa al primer plano por la coyuntura internacional y por la decisión del gobierno de convertir esa en su principal prioridad para los próximos años.
Entonces, ¿cómo abordar temas tan complejos en plazos tan breves? Porque una legislatura dura tres años. Pero la verdad es que si en tres meses no se amarró el proyecto y la iniciativa básica, el acuerdo básico en un momento como el que se vive en el país, ya no será posible impulsar estos cambios. Entonces, tomando en cuenta estas condiciones particulares y esta visión de conjunto, yo diría que la primera necesidad esta en legitimar a la propia Cámara y en fortalecerla. En mostrar que es un poder no ofensivo, sino capaz de disciplinarse a sí mismo y de relegitimarse ante los ciudadanos. Y eso implica tomar una serie de decisiones que lo fortalezcan como poder de la siguiente manera. Uno, lograr que haya una ley para evitar los conflictos de interés en los que puedan incurrir los legisladores, es decir, tenemos que evitar, si va a ser tan importante el debate en la Cámara, si los asuntos a consideración de los diputados y senadores los próximos años van ha ser decisivos; que los intereses privados se apoderen de manera directa o indirecta de las decisiones de la soberanía nacional. Entonces hay que protegernos, y además eso nos prestigiaría porque si nosotros mismos decimos: nosotros no vamos a ser los representantes de estos intereses económicos externos y nacionales, sino los representantes de nuestros electores, entonces todo cambia.
Me parece que también hay que reformar la ley para que la Cámara trabaje todo el tiempo, para que los periodos se extiendan. ¿Por qué? Porque tiene que haber más dedicación y además, tiene que haber una imagen de trabajo que sea rápidamente recibida por la opinión pública. Hay que convertir a las Comisiones en lo que deben ser en un Parlamento, es decir, órganos donde se reflexione, se debata y se dictaminen las principales iniciativas de manera obligada y con plazos perentorios. Hoy, en las Comisiones se ha creado una verdadera congeladora donde llegan muchas iniciativas de ley, que nunca, a pesar de que la Ley lo especifica, nunca terminan por ser dictaminadas. Entonces, mejor enviar menos iniciativas. Que la Cámara asuma su responsabilidad de no dejar pasar cualquier cosa, pero sí obligar al trabajo de las Comisiones con plazo perentorio para su dictamen.
Como parte de esta necesidad de fortalecer al propio poder, me parece que debe haber una política conjunta de todas las fuerzas para lograr el respeto al Poder Legislativo. Porque si de un lado hay uno que es el jefe del Poder Ejecutivo, del otro lado hay 500 y éstos están fragmentados, entonces no hay un equilibrio real de poderes. Pero si en el Parlamento hay la posibilidad de actuar como Poder Legislativo, es decir, unidos, la situación cambia. Cuando se ataca a un compañero diputado independientemente del partido del que provenga, y el ataque no tiene fundamento, se debe defender entre todos y entonces empezaremos a ser respetados. Si nosotros ejercemos las facultades que nos corresponden y las ganamos por la vía del procedimiento, como se ganaron muchas de las facultades del Congreso de Estados Unidos en las primeras décadas de la democracia americana, entonces empezaremos a ser respetados; y si el trabajo que hacemos no es de bloqueo sino es un trabajo sereno pero a la vez constructivo, nos vamos a ganar el respaldo de mucha gente de la opinión pública.
No es la guerra contra el Presidente, no es la guerra contra las cadenas de televisión, es el autodisciplinarse para poder estar en posibilidad de solicitar un asiento en la mesa real de las decisiones importantes, que han de ser, desde luego, respaldadas por las facultades constitucionales existentes y por algunas reformas adicionales que las complementaran.
Si esto ocurre, y si esto ocurre en una secuencia de hechos, entonces la Cámara estará en posibilidad de decir, ahora sí, vamos a empezar a sacar adelante la reforma del Estado. Y esto no podrá ser asunto de un partido. El PRD desde mi punto de vista, es el partido que garantiza la inclusión de la reforma. Si cualquiera de los otros dos partidos tendría una mayoría absoluta, no tendrían ya ningún interés en hacer la reforma, como ya está demostrado. El PRD en todo caso la tendría, ¿por qué? Porque si no, no tiene posibilidad real de crecimiento.
Pero como el mapa político que estamos viendo nos anuncia que habrá tres fuerzas políticas con posibilidad de ganar en 2006, entonces allí es donde esta abierta la ventana de oportunidad para hacer una reforma del Estado, que permita lograr una gobernabilidad, que permita construir un gobierno de mayoría que evite la parálisis y que pueda por lo tanto, no sólo reformar sino sobrevivir ante condiciones económico - sociales internacionales complejas.
Ahora, ¿Cuál reforma del Estado? ¿Una nueva Constitución? Bueno, podría tener un sentido, como se hizo en España. Pero en México, es una idea que ni cuenta con el respaldo de los expertos, ni cuenta con el apoyo social y político necesario. Entonces, es perder el tiempo aunque pueda ser una buena idea.
Una nueva Constitucionalidad sí, es decir, reformas bien pensadas, pero como no puede reformarse todo, porque no hay la suficiente fuerza para lograrlo, entonces hay que pensar aquellas reformas que sean verdaderamente necesarias para lograr la gobernabilidad; pero no parches, sino con una visión de conjunto, donde la clave estará en que las facultades que gana uno, no representen la anulación del otro. Me refiero en términos de los reequilibramientos entre los poderes públicos o el rediseño o reforma al sistema electoral; es decir, que sean reformas equilibradas, sincrónicas, y que por lo tanto fortalezcan al conjunto de la institucionalidad.
Ahora, ¿cuáles son éstas? Me parece que son de dos o tres géneros. Unas son las que son necesarias para que puedan construirse mayorías en un sistema de tres, cuatro fuerzas; que es el que ya tenemos y es, sobre el cual hay que hacer el nuevo diseño, la ingeniería constitucional correspondiente. Entonces, ¿qué tipo de decisiones? Hay que evaluar si es conveniente tener o no, la segunda vuelta para la presidencia de la República como existe en Francia, como existe en Argentina, en Brasil, o en Perú. Esa es una decisión. Otra decisión es, si no vamos a hacer eso, que algunas de las políticas del país tengan que ser definidas dentro del propio Congreso. Me refiero a la política exterior, me refiero a la política energética. ¿Por qué? Porque eso obligaría a generar acuerdos en el Congreso, que de no existir impedirían al Ejecutivo llevar a cabo las decisiones y por lo tanto, todos estarían obligados a llegar a esos acuerdos. Y en todas las reformas habría que pensar en plazos perentorios para que si una de las fuerzas y uno de los poderes no asumen su responsabilidad, pierda su oportunidad en la siguiente tanda de las decisiones. Porque necesitamos bloquear la parálisis en favor de la gobernabilidad. Como en este momento todos pueden ganar y todos pueden perder, es el momento perfecto para hacer ese rediseño porque entonces no se juega a favor de una de las fuerzas, sino se juega a favor de un nuevo equilibrio que va a favorecer al conjunto.
Tercer punto relacionado. México necesita un gabinete. Hoy tenemos un gobierno unipersonal. Siempre hemos hablado en contra del presidencialismo y ahora con un presidencialismo debilitado, de todas maneras todo sigue concentrando en torno a la figura de una persona. Bueno, ¿por qué no fortalecer la institucionalidad? ¿Por qué no crear un gabinete legal en el país? Formal, en donde se tengan que tomar las decisiones, en donde se hagan votaciones en el caso de que no haya acuerdos. Donde los secretarios de estado se responsabilicen de lo que deciden y no sea siempre el Presidente el que tiene que jugar a una política plebiscitaria para poder compensar las resistencias que hay en el Congreso o en la opinión pública. Y, ¿por qué no pensar en que alguno de estos nombramientos tendría que ser ratificados por el Senado?, como ocurre en el Senado norteamericano. ¿Cuáles? Las principales: Gobernación, Relaciones Exteriores, como ya existe el de Procurador, Hacienda. ¿Por qué? Porque entonces ya estamos en un juego distinto.
¿De qué se trata todo esto? De lo que se trata es que haya separación de poderes, pero no parálisis política. De lo que se trata de acercar las decisiones del Ejecutivo a la participación de las Comisiones del Congreso y no que sean como mundos absolutamente distintos que no tiene que ver uno con el otro. Porque una es la acción que se toma, otro es el discurso que se lleva a cabo en las comisiones, y los asuntos grandes se siguen resolviendo en el Ejecutivo y los que no pueden pasar simplemente bloquean la acción del ejecutivo.
La otra parte es vincular el Congreso de manera mucho más cercana con los ciudadanos y con las fuerzas políticas. ¿Porqué? Porque lo que necesitamos es legitimar no solo por la vía electoral sino por la vía de la efectividad en el gobierno a las instituciones públicas del país.
Otro aspecto, que me parece central de la Reforma del Estado, es terminar de reformar la parte estrictamente electoral y ahí pienso que son dos las necesidades más urgentes. Por una parte, que se facilite la formación de alianzas y candidaturas comunes para que esto contribuya a facilitar la formación de mayorías y por la otra, limpiar la política. Es un problema enorme de legitimidad de la política por el uso que se hace de recursos públicos y privados fuera de la ley. "el pemexgate" y los "amigos de Fox" son un ejemplo perfecto de lo que no debe ser, y que no termina de ser resuelto, y lo importante es que por lo pronto se resuelva a futuro, lo cual obligará a legislar sobre las campañas, obligará ha ser una renegociación con los medios, porque no se pueden tomar estas decisiones en contra de los medios porque van a fracasar. Todo esto es un trabajo político serio en donde se tiene que tomar en cuenta a las fuerzas y los intereses que intervienen y que obligará a reducir el monto del gasto porque es algo que ya no tiene ni justificación, ni legitimidad. Bueno, esta es la naturaleza de la reforma del Estado que se necesita.
Hay una necesidad paralela que podría ser considerada como parte de lo mismo, me refiero a reformar la administración de la justicia, y allí el punto central es independizar al Ministerio Público del Ejecutivo. Esto tiene dos enormes ventajas. Primero romper con toda la tradición autoritaria que viene de los años 60' - 70' de la represión a los adversarios políticos y con la manipulación de los últimos años, donde el Ministerio Público a quien es adversario lo persigue, a veces sin ningún fundamento legal y al que es amigo lo protege, a veces sin ningún fundamento legal. Entonces, la separación de la justicia de la política es una condición sine qua non de la consolidación democrática.
Por otro lado, la reforma del Ministerio Público en esos términos tiene la ventaja de crear un servicio profesional de calidad, separado de todas estas redes de complicidades policíacas que tanto han dañado la seguridad de los ciudadanos en nuestro país. Entonces, si fue importante la reforma del IFE
para sanear las elecciones, - y se logró con magníficos resultados - es igualmente importante sanear la administración de la justicia. Pero como no se puede operar en toda la cadena porque esos planes nunca resultan, tóquese y refórmese la parte central que explica la descomposición y que explica la arbitrariedad. Y eso es la reforma del Ministerio Público. Donde hay tres opciones para reformarlo: primera opción, es entregarle el Ministerio Público a los Jueces; segunda opción, es crear un servicio independiente, como el caso del IFE al que me refería; tercera opción, es reformar la Constitución para que el Senado no sólo apruebe el nombramiento del Procurador de la República sino también su renuncia.
El maestro Zamudio el más prestigiado constitucionalista, lo ha planteado en términos de estas tres opciones y dice que quizás la más fácil sea el que también el Senado apruebe la renuncia del Procurador. Pero a mi parece que la mejor es la segunda, porque es la oportunidad de lograr los dos objetivos al mismo tiempo. Bueno, eso en esencia lo podemos ampliar, podemos incluir algunos otros temas, habrá que ver el tema de las reelección de los legisladores, todo eso que son asuntos importantes a debate, pero con eso se lograría un avance muy importante en términos de romper la parálisis, de consolidar las instituciones públicas y establecer los nuevos equilibrios entre los Poderes de la Unión.
Como parte de esta misma reforma del Estado esta también el tema central del Federalismo sobre el cual ya no me voy a extender en este momento. Y ustedes me preguntarán ¿y la economía? Y ¿la política energética?
Yo diría que la política energética va ha ser inevitable su debate dentro de la Cámara de Diputados y en el Senado. Porque es un tema que ya está, un tema que ya viene y si no viniera hay que jalarlo porque querría decir que alguien esta violando la Constitución y está creando mecanismos paralelos ilegales para sacar adelante decisiones que son de la mayor importancia para el futuro de la nación y que inevitablemente tienen que pasar por el camino de reformas a la ley o reformas a la Constitución, y esto, hacerlo por fuera del Congreso me parece que sería muy grave. Porque ya sabemos que una decisión de esas hecha por fuera del Congreso inevitablemente va a favorecer a ciertos intereses y va a favorecer al exterior porque de otra manera, pues ¿cuál sería el temor para que sea discutida en el propio Congreso y para que las decisiones últimas las tome como debe ser el Congreso. Entonces eso es obligado.
Y, finalmente, el tema de la política económica me parece que esta en el punto de hacer el debate y la discusión para que a partir de un debate serio y una discusión seria se pueda concretar un programa alternativo. Y para que en torno a ese programa alternativo se construya el respaldo social y político sin el cual no habrá programa alternativo.
Como ustedes verán, parece una agenda recortada frente a una agenda maximalista de la política a la que estamos acostumbrados, donde se ofrece todo pero no se cumple nada. Pero en el fondo estamos hablando de una agenda muy ambiciosa en donde si logramos el veinte por ciento, bueno, ya valió la pena ser diputado, si logramos el cincuenta por ciento, estamos ayudando al país en serio; y si pasamos del cincuenta por ciento en esta agenda creo que podemos presumir después de terminar de ser diputados que fuimos una legislatura digna.
Gracias.


















