Presentación del libro La búsqueda, de Enrique Semo. Consuelo Ocampo

Presentación del Libro "La Búsqueda: La Izquierda Mexicana en los Albores del Siglo XXI", de Enrique Semo

Consuelo Ocampo Cano

La invitación a presentar este libro de Enrique Semo y su lectura, que tiene como título sugestivo la búsqueda, significó para mi realmente un reencuentro con el autor y con su obra. Un reencuentro que resultó ser además de aleccionador, muy placentero. Durante la década de los setentas el estudio de su obra fue para mi un recurso constante e invaluable para mi formación académica y de militante comunista. Ahora mismo vienen a mi memoria sus ensayos sobre el concepto marxiano de Modo de Producción, que no obstante mi empeño no logré entender del todo, o sus brillantes y bien documentadas discusiones sobre Capitalismo Monopolista de Estado en México y sobre la crisis económica de los setentas y ochentas. Debo decir, sin embargo, que a pesar de que la lectura de estos nuevos ensayos de Semo me resultó más ligera, el haberlo hecho en un ejemplar de Donato Flores, me privó en un principio del placer de subrayarlo. Mientras lo hacía, me sentí como atrapada en una camisa de fuerza, así que tuve que pedir licencia para poder subrayarlo a mis anchas, tal y como lo merece la lectura acuciosa de un texto que en cada una de sus páginas nos propone alguna tesis importante, ya sea para reflexionar, para disentir o para revivir la memoria de muchos episodios de la historia reciente de la izquierda en nuestro país de los cuales formamos parte. Es por ello que antes que cualquier otra cosa, quiero agradecer a Enrique Semo por este regalo que nos hace a todos los que estamos preocupados por el presente y el futuro de la izquierda en México. Gracias, disfruté mucho su lectura.

EL LIBRO:

Este libro es un libro polémico cuya lectura me parece indispensable para entender muchos de los problemas y contradicciones que hoy por hoy vive la izquierda en nuestro país y para la reconstrucción no sólo del pensamiento de izquierda, sino lo que es más importante, para la construcción de su futuro.

En ese sentido, a mi me parece que el libro que hoy presentamos aporta elementos importantes para empezar a redefinir un proyecto de su futuro plenamente enraizado en el presente y en el balance crítico del pasado. Traza líneas importantes en torno a las cuales puede irse tejiendo el análisis y el debate sobre tareas y el devenir de la izquierda en México en los albores del nuevo siglo. Congruente con su título, la búsqueda no pretende ofrecer un mapa detallado de este devenir; se enfoca más bien a trazar algunas rutas para iniciar justamente eso, la búsqueda de un reencuentro crítico con el pasado de la izquierda y sus valores de un nuevo norte que le permite superar el pragmatismo y el inmediatismo en el cual se encuentra atrapada en nuestros días.

Desde mi punto de vista, este libro constituye un indudable aporte a la dimensión intelectual de la tarea que el autor denomina de "la reconstrucción de una izquierda democrática y moderna a la altura del XXI". La dimensión práctica de esta tarea no se puede realizar sin la participación de los militantes. En este sentido, me parece necesario que también ellos participen en el análisis y la discusión de su contenido. Por ello habría sido para mi muy grato contar en esta mesa con la participación de algún militante del PRD, entre otras cosas, porque el autor dedica gran parte de su contenido a hacer una crítica aguda de este partido, de su comportamiento político y el de sus dirigentes.

Para poder hacer esto, el intelectual tiene que estar libre de la mordaza que imponen la mezquindad de los intereses personales o facciosos, tomar distancia (sin que esto signifique ausencia de compromiso) y tomar riesgos, exponerse a la descalificación (como de hecho ha sucedido) que quienes se erigen como poseedores de la verdad y son directamente aludidos en las páginas de este libro y que como sabemos son los mismos que han promovido el distanciamiento y la hostilidad respecto a los intelectuales, por que ven en ellos, y en su visión de las cosas, una amenaza a su poder de caudillos políticos.

Congruente con dos cualidades de su autor, la de ser un intelectual agudo con sólida formación académica y un intelectual orgánico, esa especie en peligro de extinción, el libro se ocupa, no sólo de la narrativa histórica o del análisis y la reflexión de importantes temas del debate actual, si no además, de trazar rutas para la construcción de una propuesta programática desde la visión de la izquierda y para la construcción de estrategias que le permitan recuperar el rumbo, en cuyo contenido u orientación podemos o no estar del todo de acuerdo, pero que sin embargo podemos reconocer que constituyen ejes importantes para la discusión en ese sentido.

Así, solo por citar algunos ejemplos de los que estoy diciendo, su lectura me permitió identificar una tesis en la que propone la centralidad del parlamentarismo de izquierda en la lucha del México de hoy (27), una más en la que sostiene que "para el socialismo democrático, la estrategia que mejor une al presente con el futuro socialista es actualmente la radicalización de la democracia. La articulación de la democracia social y económica con los principios del gobierno representativo, los derechos humanos y la democracia participativa es la mejor esperanza de la reconstrucción del proyecto de la izquierda." (24) o aquella otra en la que propone que la nueva izquierda "...debe presentar proyectos para la nación", que tracen una estrategia para renaudar el crecimiento económico, combatir la desigualdad, ampliar la democracia y forjar un lugar más favorable para México en el proceso de globalización." (27). Pienso además, en aquella otra tesis en la que plantea que "...la izquierda mexicana no puede aspirar a realizar los grandes cambios que necesita el país por vía de la revolución...El camino que queda abierto (nos dice) es el de "un reformismo consecuente y visionario" "como estrategia básica de lucha" (29). No voy a detenerme por ahora en la vieja discusión sobre reformismo o revolución o sobre si toda revolución requiere de la violencia en el sentido literal y descarnado de esta palabra, sino en la otra tesis, cual plantea que dicha estrategia reformista necesita de "...un partido capaz de mantener un rumbo estratégico y pensar a mediano plazo; movimientos sociales celosos de su autonomía, de las alianzas y candidatos prestigiados en la sociedad. (31)

En esta propuesta nos obliga a preguntarnos ¿es el PRD ese partido que necesita la izquierda reformista o izquierda democrática de la que habla el autor? O bien ¿ese partido de la izquierda democrática, como expresión partidaria y plural de todas las izquierdas que hoy por hoy existen en el país, constituye una tarea por realizar? Si coincidimos con algunas de las caracterizaciones que el PRD hace al autor, concluiremos que ese partido constituye más bien una tarea por realizar.

Sin embargo, en este aspecto llamó particularmente mi atención sus diversas y a veces contradictorias tesis en torno a la caracterización del PRD. Así, lo largo de sus primeras cien páginas, nunca se refiere a él como un partido de izquierda sino como " un partido parlamentario abierto a las ideas de izquierda", o como "primer partido electoral de masas influido por ideas de izquierda y del populismo. " (20) o como un resultado de la fusión de la izquierda y el nacionalismo revolucionario y más adelante incluso lo caracteriza como "una federación que designamos con el nombre de partido" (130) y agrega que "en sus filas no hay lugar para la participación activa y estable de militantes que no aspiran a puestos de dirección o de representación (que) no es una comunidad ideológica abierta a todas las actividades que promueven la realización del ideal común" (125).

Cuando reflexiono e incluso comparto estas caracterizaciones que hace el PRD, me siento apoyada en mi convicción personal de este momento y me conminada a concluir que el PRD no es ese partido que requiere la renovación de la izquierda en México. Esto es aun más cierto si compartimos con Semo la conclusión de que el "neopopulismo (una de las corrientes del PRD y probablemente hegemónica) constituye un obstáculo para el desarrollo de la democracia y para una autentica política de izquierda" (19) Creo por otro lado, que una buena parte de la izquierda parece no estar de acuerdo en que el PRD sea un partido de izquierda desde el momento en que muchos de sus representantes han abandonado sus filas en medio del hostigamiento y la exclusión o han empeñado sus esfuerzos en la formación de otras agrupaciones partidarias como el Partido Democracia Social y el de México Posible.

Sin embargo, a partir de la página 109 donde aborda el análisis del "Centauro llamado PRD" ya no lo caracteriza sólo como partido parlamentario, sino que, luego de identificarlo con aquella figura mitológica por ser "...una organización en la cual conviven los impulsos de una izquierda moderna con las lacras del viejo PRI y de la vieja izquierda", lo define como "el primer gran partido parlamentario y de gobierno de la izquierda mexicana", y el apartado en el que se ocupa de narrar los indiscutibles méritos de su trabajo parlamentario, aparece bajo la denominación de "la izquierda en el parlamento", y cuando finalmente aborda los problemas de la estructura y la vida interna del partido nos dice que "uno de los grandes problemas del partido de la izquierda mexicana es la proliferación y el poder de las facciones..."etc. (130). Más aun, cuando define a la izquierda contemporánea como ideológicamente plural, incluye al nacionalismo revolucionario como una de sus expresiones y sin embargo, en una de sus diversas caracterizaciones del PRD hace la distinción de la izquierda y el nacionalismo revolucionario como dos corrientes distintas que coexisten e influyen en él. Pienso que si en verdad el nacionalismo revolucionario fuera una expresión de la izquierda en México, no habría necesidad de hacer esa distinción. Así pues, creo que en el libro la pregunta ¿es o no el PRD un partido de izquierda? Queda sin resolverse, más bien sus múltiples respuestas dejan abierto el debate de la cuestión. Esto no tiene que ser visto necesariamente como defecto, si no como expresión del estado que guarda el desarrollo de estas ideas en el autor e incluso, del estado de indefinición en que se encuentra este partido.

LA UTOPÍA

Tampoco hay esperanza ni visión de futuro, sin utopía. Esta es definida por el autor "Como crítica del presente y propuesta que va más ay de lo actualmente posible... Para el pensador político (nos dice) es la expresión de los anhelos y los sueños no realizados que alberga la conciencia colectiva" (61)

De los dos tipos de utopías a las cuales hace referencia, Semo prefiere y en ello coincidimos, aquella que "...sostiene la posibilidad de un mundo mejor, un futuro diferente, en el que las contradicciones fundamentales del presente han sido resueltas...que no aspira a desaparecer todas las desgracias humanas, pero si aquellas que se deben a defectos de las instituciones sociales, políticas y económicas." (61-62)

Ignoro las razones por las cuales Semo no define a su propuesta de utopía como socialismo aun cuando se declara como socialista por "tradición cultural, historia personal y visión del futuro." (23) Pero desde mi punto de vista, el contenido fundamental de esa utopía no puede ser otro que el socialismo. Esta utopía, tal y como fue pensada por sus creadores originarios, no se sustentó en "principios inventados" (aun cuando todo utopía requiere de una buena dosis de invención creativa que se nutre de los sueños y anhelos del ser humano)ni se planteó ignorando "las condiciones reales y el movimiento histórico" sino que devino de la crítica tenaz y aguda del capitalismo y sus contradicciones.

Es cierto que hoy no se puede ser socialista como se era antes de la caída del Muro de Berlín.(23) Pero también es cierto que los interesados en la reconstrucción no sólo de la izquierda, sino de la corriente socialista de la izquierda, los que sin concesiones no definimos como socialistas, debemos preguntarnos: ¿qué de los valores que definieron al socialismo, como corriente ideológica desde mediados del siglo XIX pueden ser vigentes para la reconstrucción de la utopía socialista para el siglo XXI?. Aun cuando sea difícil prever cómo será esa sociedad en todos sus detalles pues como dice el autor "no podemos adivinar lo que los seres humanos se propondrán cuando sean libres" (24), es igualmente cierta y convincente para mi la idea del autor en el sentido de que "sólo la fusión de los ideales del pasado y las promesas de futuro pueden proporcionar una base para la reconstrucción de la esperanza" (48) o aquella otra en la que sostiene que la reconstrucción de la esperanza exige entre otros, el esfuerzo de "reavivar los valores cuestionados" (36)

Hoy se requiere poner a debate la refundación de la utopía socialista, cómo podemos trazar los rasgos fundamentales de esa utopía para el S. XXI, no como la mayoría de los seres humanos. ¿Cómo ver más allá de esa densa niebla? Nos pregunta el autor, y la respuesta que ofrece nos convoca a la reflexión pero sobre todo despierta nuestra simpatía y plena conciencia. "Lo primero que necesitamos (nos dice) es reconstruir la esperanza, el anhelo y la confianza en la posibilidad de un futuro personal digno, un México mejor y un mundo más humano" (36). Esta reconstrucción de la esperanza agrega "exige un triple esfuerzo: reavivar los valores cuestionados, renovar las formas de pensar e inventar el futuro" (36)

No se puede pasar a una acción transformadora capaz de remontar el inmediatismo y el pragmatismo sin reconstruir la esperanza como "...principio movilizador de una humanidad que no tiene que resignarse a su suerte" (40)

El autor sugiere dos momentos en la reconstrucción de la esperanza:

a)El subjetivo: que convoca a la reivindicación de los sueños, pero no los sueños escapistas que abren la puerta a la huida o a las ilusiones falsas, sino aquellos "hundidos en la realidad y su horizonte" (38)

b)El objetivo: en el que son fundamentales el conocimiento y la teoría, el pensamiento crítico de la realidad presente, capaz de poner al descubierto las contradicciones inherentes al orden establecido y pensar en el futuro (38)

Yo agregaría, como de hecho Semo también lo sugiere en más de una ocasión a lo largo de su libro, que este momento objetivo de la reconstrucción de la esperanza, requiere también de la revisión crítica del pasado y sus ideales, por cuanto a las enseñanzas que nos deja y para rescatar lo rescatable y necesario para iniciar de nuevo el viaje de la búsqueda de un mejor provenir. En ello coincidimos con el autor cuando sostiene que "sólo la fusión de los ideales del pasado y las promesas de futuro pueden proporcionar una base para la reconstrucción de la esperanza" a condición de someter también a un análisis crítico las utopías del s. XX (48). No hay esperanza ni futuro sin memoria, y en ello la experiencia y el espíritu crítico que ha caracterizado a la izquierda está llamado a jugar un papel relevante, pues como dice el autor"...la experiencia de la izquierda puede producir la memoria necesaria para la reconstrucción de la esperanza..." para el s. XXI (55). Ello reclama la ingente tarea, imposible de cumplir por unos cuantos, de someter a un análisis crítico y riguroso no sólo la experiencia de la izquierda en México, si no de otras latitudes del planeta, de escuchar sus voces a la luz del espíritu crítico y con la mirada puesta en el porvenir.

Más aún, los bochornosos escándalos de corrupción en que se ha visto envuelto a nivel nacional, los cuales nos llenan de vergüenza y coraje, lo mismo que el comportamiento político que por muchos años ha observado este partido a nivel estatal, donde no conocemos una sólo iniciativa parlamentaria o de gobierno que se pueda caracterizar como de izquierda y adonde la coalición para encarar el proceso electoral próximo, puso en el centro del debate la distribución de los ayuntamientos entre los partidos sin importar el programa político, el desprestigio político y la dudosa honestidad de varios de sus precandidatos, ni del candidato que finalmente fue impuesto. Todo esto nos hace dudar de cualquier esperanza de renovación del PRD para que pueda corregir el rumbo y convertirse en una expresión partidaria con identidad y vacación democrática y de izquierda, desde donde se pueda impulsar lo que el autor propone como "la reconstrucción de una izquierda democrática y moderna para México a la altura del XXI" (22).

Como no hay espacio para comentar otras muchas cuestiones que aporta este libro para el debate actual, me quiero refiero sólo a algunas de particular importancia para mí. Me refiero a las ideas que Semo propone en el primer capítulo del libro que estamos comentando y en el cual nos convoca a la recuperación de la esperanza y la resignificación de la utopía.

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA ESPERANZA Y SU ARTICULACIÓN CON LA UTOPÍA

LA ESPERANZA:

Apoyado en Bloch el autor incursiona en el terreno de la reflexión filosófica para disertar sobre la esperanza y su papel en la definición del futuro del país y del ser humano.

Después de la caída del Muro de Berlín, una inmensa niebla pobló la conciencia de muchos de los que por años habíamos militado en las filas de la izquierda socialista inspirado en sus ideales. Esa inmensa niebla estaba compuesta por una mezcla de decepción, desencanto, desconfianza, desesperanza y pérdida de la fe en las potencialidades del ser humano para darse a si mismo sociedades mas justas y en la posibilidad de un mundo libre de la explotación y la opresión. Muchas esperanzas se vieron sepultadas, particularmente para la izquierda socialista que con la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética y de la quiebra de los países del llamado "socialismo real", constató el derrumbe de sus utopías y el advenimiento de la hegemonía del neoliberalismo, los cambios de la globalización y sus consecuencias devastadoras para proyecto acabado, ni "futuro luminoso" o paraíso inamovible. El mundo perfecto, la sociedad perfecta, constituye una falacia que niega la dialéctica de la realidad y del pensamiento en la que se funda la acción transformadora de los seres humanos en la historia. Pero tampoco puede ser pensada con ambigüedad, como "utopía abierta y pluralista". Si con ello se quiere destacar la idea de la apertura y el respeto a la pluralidad étnica, nacional, cultural, lingüística, religiosa o inclusive ideológica, personalmente no creo tener problemas para coincidir en esos rasgos. Sin embargo, la utopía para poder jugar su papel de crítica del presente y visión del futuro, así como su papel movilizador de la conciencia y la acción, no puede ser pensada con ambigüedad, requiere que los trazos principales de sus rasgos estén al menos bosquejados, un proyecto que pueda ser creíble y apoyado por la acción y la lucha de hombres y mujeres para que pueda realizarse. Y quiero insistir en la lucha, como expresión de la voluntad humana, sin la cual debemos reconocer, aun cuando no queramos caer en el voluntarismo, no se ha dado ningún cambio importante en la historia de la humanidad, y sin embargo parece una palabra borrada del diccionario de muchos de los políticos que se dicen de izquierda hoy en día.

La reconstrucción del socialismo como utopía exige un esfuerzo intelectual con visión de futuro para trazar los rasgos del socialismo por el cual estamos dispuestos a luchar. Para ello, necesitamos no sólo la revisión crítica de las utopías del S. XX, sino también un deslinde respecto de las experiencias del llamado "socialismo real" de este siglo, y en ello también hay antecedentes importantes en el pensamiento de la propia izquierda socialista, desde donde se levantaron voces críticas que cuestionaban esa realidad desde mucho tiempo antes de la caída del Muro de Berlín.

Partiendo de la base de la definición que el propio autor nos ofrece (cito): "desde mediados del siglo XIX, la idea del socialismo es ante todo una comunidad de hombres y mujeres libres en la cual han sido superadas todas las formas de enajenación propias de las sociedades regidas por la dominación y la explotación. El trabajo ha sido liberado de la compulsión que impone la escasez extrema. El Estado, como factor de represión social, ha desaparecido con sus instituciones de dominio y el ser humano construye y reconstruye responsablemente su participación en la sociedad de acuerdo con su libre albedrío y los principios de democracia participativa." (23) y considerando la experiencia de los ensayos socialistas del siglo anterior, quiero concluir con algunos otros rasgos de esa sociedad socialista con los cuales creo podríamos comenzar a trazar coincidencias:

  1. Frente a la experiencia del modelo de partido único, un régimen pluripartidista y un sistema electoral transparente y creíble.
  2. Frente al modelo de dictadura del proletariado, un "Estado democrático con responsabilidad social" que garantice las libertades políticas plenas para todos los ciudadanos.
  3. Frente a la homogeneidad cultural y la integración forzosa de pueblos, comunidades y etnias, la sociedad pluricultural y pluriétnica. No una sociedad en la cual todo se vale, sino una sociedad en la que quepamos todos.
  4. Un proyecto de sociedad que garantice condiciones para la emancipación radical de la mujer.
  5. Un proyecto de sociedad que suprima todas las formas de discriminación.
  6. Un proyecto de sociedad que ponga en el centro de sus relaciones con el medio ambiente, el desarrollo sustentable.
  7. Un proyecto de globalización con equidad, justicia y respeto a la diversidad y
  8. Un nuevo orden político mundial que ponga fin a la imposición de un líder único y todo poderoso y siente las bases para la equidad y la justicia en las relaciones entre estados, naciones y pueblos.

Estoy conciente de que la brevedad de mi propuesta deja fuera muchas otras cuestiones importante, tampoco tiene la intención de agotarlas. Su único propósito es ilustrar que estamos en condiciones de empezar a definir o discutir, algunos rasgos que puedan ir configurando el contenido de una nueva utopía socialista para el Siglo XXI. Esta es una tarea urgente, sobre todo si pensamos en los jóvenes de hoy, los cuales se enfrentan, no sólo a la precariedad de alternativas laborales y de educación y a las amenazas de una globalización que ha venido a profundizar las desigualdades sociales, sino que también tienen que encarar otros dos problemas: el debilitamiento de los ejes básicos sobre los cuales se definían las identidades sociales, personales, políticas e ideológicas y la perdida de ideales, la ausencia de utopías y la falta de sentido. Esta tarea es posible si compartimos como Semo la certeza de que "... el fracaso de los grandes ensayos socialistas del S. XX no impide su posible éxito en el S. XXI" (24).