Veracruz: Entre lo local y lo global. Una perspectiva de desarrollo. Tomás Ruiz González

Veracruz: Entre lo Local y lo Global. Una Perspectiva de Desarrollo

Tomás Ruiz González

Participar en Pensar Veracruz es una oportunidad que aprecio mucho y agradezco de manera especial.

Ser invitado a esta Casa de distinguidos intelectuales, académicos, maestros, profesionales y luchadores sociales interesados por encontrar y estudiar soluciones a los retos que impone la modernidad, con un enfoque regional, será siempre para un servidor una gran distinción y, además, una excelente oportunidad para intercambiar puntos de vista con un público conocedor como el que aquí se ha dado cita.

Pensar Veracruz es, no tengo dudas, el primer esfuerzo serio para exponer y debatir ideas acerca de nuestro futuro. Y precisamente su principal mérito es el hecho que se hace de una manera muy plural y en un marco pleno de respeto y libertad.

La importante labor de los medios de comunicación y sus distinguidos representantes, imprimen una dimensión diferente a esta exposición de propuestas y su debate, logrando compartirlos con los diferentes sectores sociales de todo el Estado. Esta es una característica de la nueva vida pública que Veracruz asume con cada vez más entusiasmo.

A este Seminario, en sus dos partes, han acudido connotados veracruzanos preocupados y algunos también ocupados por buscar soluciones para los diferentes temas y problemas de Veracruz. Coincido con muchas propuestas de las que aquí se han expuesto, independientemente de las siglas partidistas e ideologías de los distinguidos conferencistas. Todas las visiones y esfuerzos son importantes y no se debe excluir a nadie.

Tengo la firme convicción que sólo con la participación de quienes estén interesados en escuchar, plantear y, en su caso, debatir propuestas es como podremos ir encontrando, entre todos, el camino que logre hacer de Veracruz un Estado próspero, con un pueblo feliz, que enfrente menos desigualdades y un territorio en donde se respete la ley como el referente objetivo básico de convivencia.

Aquí se han señalado por quienes me antecedieron, con justeza y preocupación, los riesgos que tiene nuestro Estado si no logra superar los rezagos acumulados. Somos la sexta economía del país de acuerdo a la contribución al Producto Interno Bruto nacional. Este es un honroso lugar, pero nos debe hacer reflexionar a los veracruzanos si es el lugar que realmente merecemos o estamos obligados a buscar hacer rendir mejor nuestras ventajas comparativas, como posición geográfica privilegiada, recursos naturales abundantes, en particular recursos energéticos, un interesante sistema de ciudades medias, infraestructura y población.

Coincido también con que la gran desigualdad social, el alto índice de marginación y la baja escolaridad, el rezago del aparato productivo, el desempleo, los desequilibrios regionales, un precario equilibrio ecológico, entre otros temas inquietantes, ponen en riesgo la estabilidad y viabilidad del Estado si los veracruzanos no encontramos respuesta a estas cuestiones en los próximos años.

LA SITUACIÓN EN EL MUNDO

Veracruz, como el resto del país, emerge al nuevo milenio con una realidad extremadamente compleja en el ámbito internacional. Paradójicamente, el mundo, que parece estar cada vez más fuera de nuestro control, influye de modo más determinante en nuestro desarrollo. Vivimos en un orden global que no se comprende del todo. Muchos de los riesgos e incertidumbres de hoy, nos afectan, independientemente de donde vivamos y de lo privilegiados o marginados que seamos como país.

Asistimos a esa "inmensa gran trampa en que se ha convertido el mundo", como denomina Ulrich Beck al hecho inevitable de la globalización. Nada cuanto ocurre en la tierra es un suceso localmente delimitado, ya que todos los descubrimientos, victorias y catástrofes afectan de alguna manera a todo el planeta. En la nueva etapa de la modernidad, la reorientación y reorganización se debe dar forzosamente -nos guste o no, lo permita ver o no nuestra ideología- a partir de la nueva visión del binomio "local-global".

Conceptualmente los Estados nacionales se han concebido como Estados territoriales, es decir, despliegan su actividad, su poder en un espacio más o menos determinado. Por lo menos el control de las asociaciones, los procesos de creación de sus leyes, la protección de sus fronteras, su moneda. Con la globalización se relativiza sobremanera el poder del Estado nacional y, por ende, se complica el papel que debe desempeñar como conductor de la sociedad.

Son indudables los efectos de este "desplazamiento de lo político" y con riesgo para la misma política, como hasta hoy la hemos entendido. La limitación es evidente, se da en todos los aspectos fundamentales de la autoridad del Estado: las actividades fiscales, de policía, la política económica, la política exterior, las acciones de defensa y seguridad nacionales.

Casi de la noche a la mañana la globalización se ha convertido en la cuestión más relevante de nuestro tiempo. La integración cada vez mayor de países y sus pueblos, que ha ocurrido fundamentalmente por el gran desarrollo de la ciencia y la tecnología, y la enorme reducción en los costos de las comunicaciones y el transporte, ha ocupado sobre todo el terreno del desarrollo económico, pero con serias, fundamentales implicaciones para todo el entramado político y social de nuestras naciones. Mientras en el mundo en desarrollo seguimos esperando los beneficios económicos prometidos por la globalización, lo que es un hecho es el desplazamiento de las decisiones políticas, en las que antes incidía única o básicamente el Estado soberano a través de sus órganos constitucionales, a favor de burocracias internacionales que lejos de la neutralidad que proclaman responden a los intereses de los países más ricos, de las potencias.

En este dramático cambio económico que vive el mundo, han pesado más las telecomunicaciones y la tecnología que las revoluciones, los debates parlamentarios, los cambios de leyes; ha ocurrido casi sin tomar en cuenta a los jueces y a la opinión pública. En la aplicación de las políticas de la "incuestionable ortodoxia" que acompaña a la globalización, no pocas veces se incurre en simplificaciones y se pierde la complejidad, la riqueza de cada situación local, en aras de recetas que en lugar de ser "trajes a la medida" parecen responder a la lógica de que "una talla les queda a todos".

A pesar de estos y otros importantes aspectos negativos, la globalización llegó para quedarse. Es un hecho y, por tanto, su existencia o eliminación no depende de discusiones ni posiciones ideológicas. De esta premisa, me parece, debe partir cualquier esfuerzo para Pensar Veracruz, ya que sólo así podremos aprovechar los beneficios, que también los tiene, de esta nueva realidad. Para ello debemos conocer sus diversas implicaciones, en qué radican sus oportunidades, cuáles son los riesgos, qué condiciones se requieren para tener éxito y cuándo estamos, simplemente, ante hipocresías de grupos de interés encubiertos en burdos fundamentalismos económicos.

En el marco de un mundo globalizado heredamos del siglo pasado dos problemas fundamentales en materia de desarrollo económico: inestabilidad económica y financiera, y elevados niveles de pobreza.

En lo poco que ha recorrido este siglo hemos sido testigos de las crisis financieras en Argentina, Brasil, Turquía y Venezuela, y de la volatilidad de los mercados bursátiles en todo el mundo. Ello sin considerar que la crisis financiera de México en 1994 fue calificada como "la primera crisis financiera del siglo XXI". De ser ese el caso, debemos incorporar a nuestro listado de eventos las crisis de Rusia (1998), Asia (1998) y Brasil (1999).

Con respecto a los niveles de pobreza, vale comentar que en una muestra de 75 países, dentro de la cual no se incluyen a las principales potencias del mundo, México se ubicó en el lugar 46. Actualmente, una tercera parte (35%) de la población en México se encuentra por debajo de la línea internacional de pobreza ($ 2 dólares diarios). En Veracruz el porcentaje es aun mayor: casi 40% de la población .

En términos económicos sencillos, la globalización implica una mayor competencia por partida doble: por un lado, las economías del mundo compiten para allegarse recursos para la inversión, toda vez que ello les permite aumentar su capacidad de empleo y producción y, por el otro, las mismas economías compiten por colocar en los mercados externos los bienes y servicios producidos domésticamente, ya que así aumentan su fuerza de ventas y la rentabilidad de sus empresas.

Técnicamente a lo primero se le conoce como competencia por los flujos de capital y a lo segundo competencia por los flujos de comercio.

En un plano mucho más concreto, la competencia por los flujos de capital refleja la disputa entre regiones para ofrecer elevados rendimientos, a bajo riesgo, a los distintos ahorradores. Por su parte, la contienda por los flujos de comercio ha internacionalizado la competencia de la mano de obra. Al competir un juguete chino con uno mexicano, en algún mercado del mundo, debemos imaginarnos a dichos obreros compitiendo porque sea su trabajo el que resulte contratado.

Sobra decir que los países más abiertos a los flujos de bienes y servicios son los más expuestos a las ventajas, pero también a las desventajas de la globalización.

¿Qué tan abierto y, por tanto, expuesto a las implicaciones de la globalización está México? En una muestra de 148 países, nuestro País ocupó el lugar 14 según el monto de Inversión Extranjera Directa (IED) recibida. Dicha posición cae al lugar 49 cuando la IED captada se expresa como proporción del Producto Interno Bruto (PIB). En materia de comercio exterior, México se puede considerar como una economía moderadamente abierta. En una muestra de 141 países, México ocupó el lugar número 61 en términos de apertura comercial. Si bien el país todavía puede avanzar en materia de fronteras abiertas para el comercio, el grado alcanzado ya lo expone a los retos y presiones de un mundo globalizado.

Una de las consecuencias naturales de la globalización es la mayor competencia. Dicho fenómeno se aprecia en la tendencia de los precios de los bienes que se comercializan mundialmente. Es decir, las empresas tratan de ganar mercado bajando el precio de su producto. Para bajar el precio necesitan reducir costos, ya sea utilizando nuevas tecnologías y/o adoptando nuevos procesos de producción.

Así, la globalización nos brinda la oportunidad de disponer de mayores recursos para la inversión y aumentar nuestros mercados. El reto para nosotros es ofrecer más estabilidad y ser más competitivos (producir con menores costos). Ello se dice fácil, pero tiene serias implicaciones en el diseño de las políticas públicas que se deben impulsar en México y, sobre todo, en Veracruz, como voy a comentar más adelante.

Se nos vino abajo una manera de vivir que apenas hace muy poco nos pensaba y organizaba bajo el concepto de identidad propia de los espacios cerrados y delimitados de los Estados nacionales. Con la globalización hoy, más que nunca, se vuelven complicadas las tareas de gobernar y de obtener beneficios claros para la sociedad a la que se pretende servir.

La globalización es el ambiente en el que Veracruz tendrá que construir su futuro durante los próximos años. Tenemos que aprender, autoridades y ciudadanos, a desenvolvernos en la incertidumbre del mundo actual y sacar el mayor provecho de las reglas con las que se rige el complejo juego de la modernidad. Asimismo, éstas serán precisamente y no otras, las condiciones y reglas del juego para la búsqueda de inversiones en el resto del país. Es decir, estamos compitiendo no sólo con Tailandia o Singapur, sino también con Tamaulipas e Hidalgo o los demás estados del país.

El eje "local-global" exigirá que en Veracruz se efectúe un proceso de adaptación a las nuevas condiciones de la globalización, compaginándolas con los requerimientos y realidades locales. Para ello debemos tomar en cuenta ante todo a nuestra propia gente, nadie sabe mejor que ellos lo que necesitan. Debemos también aprovechar a nuestros estudiosos, la comunidad académica y científica veracruzana, que cuenta con la ventaja significativa de una familiaridad de toda la vida con las condiciones locales y tendencias de los problemas del Estado. Debemos, por último, sumar a los políticos veracruzanos, a aquellos que han dedicado su vida a buscar las mejores alternativas para nuestro pueblo. Se trata de adaptar lo adaptable, procurar atenuar en lo posible los efectos no deseables e imprimirle el estilo propio de los veracruzanos. Sólo entonces podremos, como sugiere el premio Nobel de economía 2001 Joseph Stiglitz, añadir a las reglas de la globalización un sentido básico de decencia y justicia social.

LA ESTRATEGIA DE VERACRUZ

En este contexto de globalización y rescatando el énfasis que esa gran tendencia debe poner en lo local, el desarrollo de Veracruz enfrenta como retos sustantivos para el futuro inmediato a un conjunto de condiciones que, debido a su carácter estructural, impactan en forma persistente a nuestra sociedad, no pocas veces la limitan y, con frecuencia, producen efectos negativos que actúan en forma de círculos viciosos, reproduciéndose a sí mismos.

Reconociendo que cada nivel de gobierno debe cumplir con su responsabilidad en el ámbito de competencia que le asigna nuestro orden constitucional y, en ese sentido, suponiendo que el gobierno federal consolida las ganancias que en materia macroeconómica se han alcanzado gracias a la perseverancia de los mexicanos, veo los retos fundamentales de nuestra entidad clasificados alrededor de 5 grandes tareas:

1) Garantizar la vigencia del Estado de derecho, la paz pública y la protección eficaz, por parte del gobierno, de la integridad y el patrimonio de los veracruzanos y de todas las personas e instituciones con presencia en el territorio del Estado.

2) Acelerar el crecimiento económico a través de una mayor competitividad.

3) Reducir la pobreza a través, fundamentalmente, del desarrollo del capital humano.

4) Equilibrar el crecimiento y la reducción de la pobreza con la protección de los recursos naturales.

5) Lograr todo lo anterior a través de un gobierno eficiente, responsable por sus acciones y transparente.

1) Estado de derecho.

Ninguna obligación más básica puede enfrentar cualquier gobierno que la de la paz pública. Esta se encuentra en el origen mismo de la noción de Estado y prácticamente de cualquier forma de asociación del hombre. La seguridad personal y la integridad patrimonial de los veracruzanos deben gozar de prioridad sobre cualquier otro propósito u objetivo de gobierno. En este terreno, desafortunadamente, también ha incursionado la globalización y los efectos han sido negativos en su mayoría. México se ha vuelto menos seguro no sólo como consecuencia de la delincuencia común, que en alto grado se ha visto condicionada por el pobre desempeño económico de los últimos años, sino, cada vez en mayor medida, por la delincuencia organizada, un tipo de "crimen globalizado" frente al cual también se ha visto empequeñecido el Estado nacional.

Veracruz no ha podido mantenerse al margen de estos hechos lamentables y preocupantes, como tampoco lo han hecho las demás entidades del país. Por ello, tenemos que reubicar a la cabeza de la lista de prioridades de gobierno a la seguridad pública. No hacerlo daña a los individuos en forma directa, porque crea desconfianza, propicia actos violentos y desincentiva la inversión, esa que de por sí es difícil de atraer y conservar y que nos resulta indispensable para capitalizar nuestra economía, para dotar a nuestro Estado de la infraestructura que le urge, para crear empleos mejor remunerados, para dar valor agregado a nuestro voluminoso, pero barato sector primario.

Sin embargo, la paz pública es sólo el primer paso en el fortalecimiento del Estado de Derecho. También debemos profundizar la modernización y adecuación del marco jurídico del Estado a las necesidades verdaderas de los veracruzanos. Necesitamos fortalecer y hacer eficiente la denominada economía cultural o economía institucional, pues requerimos, como base del desarrollo, construir las instituciones necesarias que soporten la consolidación de una economía de mercado con las características, dentro de los límites y condicionantes de la globalización, que el más amplio consenso social determine.

Hacer una gran alianza entre los diferentes sectores de la sociedad para promover el cambio institucional que Veracruz requiere y apoyar, sobre cualquier consideración y discusión ideológica, el respeto al Estado de Derecho. Esta alianza debe superar los limitantes que en la primera etapa de la modernidad nos daban los viejos conceptos de izquierdas y derechas.

2) Crecimiento Económico.

En Veracruz, como en el resto del país, requerimos recuperar el crecimiento y hacerlo estable y sostenido. Sólo de esa manera se evitará alargar la brecha de los requerimientos crecientes de empleos productivos y bien remunerados, que son la base del bienestar de los veracruzanos. Una idea clara de la magnitud del reto, nos la da el hecho que, de continuar el crecimiento demográfico como hasta ahora, en los próximos dos decenios tendríamos la necesidad de crear anualmente 100 mil empleos nuevos.

Es inaplazable continuar promoviendo el desarrollo de largo plazo con responsabilidad y lograr ubicar a Veracruz dentro de los tres primeros lugares en la participación de la vida económica del país. Nuestro Estado necesita llegar al lugar que merece.

Para impulsar el crecimiento se debe aumentar la competitividad. En este rubro hay mucho espacio para mejorar en Veracruz. Al ser más competitivos aumentamos el tamaño de nuestros mercados elevando el atractivo para la inversión. Al final la inversión se traduce en crecimiento y, por lo tanto, en creación de empleos.

En este punto vale recordar lo que encierra la búsqueda de competitividad: básicamente reducción de costos (directos e indirectos) asociados al proceso de producción, tales como los costos de transporte (de materiales, de la mano de obra, de los bienes finales), los costos de materias primas (electricidad, agua, etc.) y los costos de capital.

En la reducción de costos el espacio para las políticas públicas es muy amplio. Así, por ejemplo, debemos continuar la inversión en infraestructura moderna, soporte del éxito de cualquier acción de desarrollo. En los últimos años se ha iniciado la inversión que se requiere principalmente en el sistema carretero y en infraestructura de salud, pero se hace necesario buscar mecanismos que nos hagan acelerar el paso.

Falta también promover el equipamiento urbano de nuestro sistema de ciudades medias, catorce por lo menos. Nuestras ciudades deben tener las condiciones indispensables que las hagan atractivas para la inversión económica y, además, evitar la alta concentración de grandes urbes, como ha sucedido en otras partes de la República, con los consiguientes costos en deterioro ambiental, desigualdades sociales y problemas de delincuencia.

Al mismo tiempo, sin embargo, la estrategia de desarrollo regional, debe neutralizar de una vez por todas los efectos perniciosos de la gran dispersión que significan nuestras más de 22 mil comunidades, la falta de integración, la insuficiencia, mala calidad y alto costo de los servicios públicos básicos. Si la economía no crece, si las regiones no consolidan sistemas productivos integrados, aprovechando sus potencialidades, rescatando sus peculiaridades, lo único que conseguiremos será más dispersión y, lamentablemente, más pobreza.

Hay que equilibrar económicamente las regiones del Estado, poniendo énfasis en el norte. El desarrollo de corredores industriales, sobre todo aprovechando la vocación hacia las agroindustrias de buena parte de Veracruz. De igual manera, hay que incrementar la promoción del turismo a otras partes del Estado que cuenten con los requerimientos de dicha vocación.

Visualizar Veracruz como parte de la cuenca del Golfo y el Caribe, para aprovechar las ventajas competitivas que nos dan nuestra ubicación geográfica privilegiada: cercanía del centro del país, colindancia con siete estados, proximidad con Estados Unidos y un largo litoral en el Golfo de México. La nueva economía del mundo abre como posibilidades, por el momento, el desarrollo del sector servicios como la alternativa más viable. Me parece que una vocación que debemos reforzar los veracruzanos es el comercio en todas sus posibilidades, así como prepararse para prestar todo tipo de servicios a distancia, la gran inteligencia, sensibilidad e ingenio que caracteriza a los veracruzanos seguramente nos ayudará.

Tenemos la necesidad inaplazable de reactivar el sector agropecuario y pesquero por el peso específico que representa y su ubicación estratégica para la estabilidad social. La internacionalización aquí ya llegó y hay que buscar alternativas más que tratar de marginarse de la apertura comercial, expresarlo de otra manera sería manipulador y demagógico. El concepto de "redes de protección", al que me referiré más adelante, es una forma de compensar a los grupos sociales que puedan verse afectados como resultado de la política comercial en el sector.

Probablemente todos compartimos la idea que un sistema financiero es fundamental para que los agricultores, productores pecuarios e industriales, puedan movilizar sus ahorros, obtener financiamiento y dirigir sus inversiones hacia los usos más eficientes. Lamentablemente en el ámbito nacional las experiencias no han sido las deseables y ha llegado el tiempo de valorar la pertinencia de que Veracruz cuente con instrumentos propios, una especie de banco de desarrollo que vincule adecuada e inteligentemente recursos estatales, de la federación, de organismos internacionales y de entidades públicas y privadas. Se requiere acabar con el círculo vicioso de la cartera vencida en el sector agropecuario que paraliza la actividad en el sector y, junto con las adversas condiciones de la tenencia de la tierra e inseguridad, contribuyen a aumentar, en contra de la productividad, el capital muerto en el campo.

Además, contar con un banco propio permitirá adecuar de manera profesional, seria y segura apoyos ágiles y específicos sobre todo al campo, en las nuevas condiciones de la economía internacional. Junto con esto, es urgente y necesario que la política financiera del gobierno federal logre que los bancos en México provean el crédito que se requiere para el crecimiento. Dicho de manera simple: necesitamos bancos que presten. De nada sirve tener un sistema bancario sano, pero que no presta o que sólo lo hace a grandes multinacionales.

Por último en materia económica, hay que impulsar la apertura y el replanteamiento de las condiciones del pacto federal que nos une. Requerimos construir, junto con los demás estados de la Unión, un federalismo más equitativo, mayores atribuciones y recursos financieros para los estados y municipios, así como un profundo y serio replanteamiento de los esquemas de coordinación fiscal. Seguramente algunos de los mayores retos de Veracruz en los próximos años serán federalistas y fiscales.

3) Reducción de la pobreza y desigualdad social.

Decíamos que junto con la inestabilidad financiera, la pobreza es el otro legado que la globalización nos trajo del siglo pasado. Ni siquiera cuando la aplicación de la ortodoxia económica ha logrado periodos de crecimiento, lo que ha ocurrido por cierto más escasamente de lo esperado, ésta ha venido acompañada por una reducción en la desigualdad o siquiera una disminución de la pobreza. Por el contrario, los temas distributivos no caben en la ortodoxia de la globalización. Tiene razón Stiglitz cuando critica la naturaleza selectiva de la agenda del Fondo Monetario Internacional (FMI), que incluye temas como políticas de estabilización y los efectos adversos de los impuestos, pero no incluye la creación de empleos, por ejemplo. Lo que es aún peor, muchas veces la aplicación casi automática de fórmulas económicas ortodoxas, sin tomar en cuenta el contexto social más amplio en el que van a aplicarse, ocasiona efectos sociales adversos a personas y grupos que son claros perdedores de políticas, que aún siendo correctas en lo general, son impuestas sin la gradualidad o la existencia de estrategias compensatorias adecuadas.

En este sentido, las redes de protección son cruciales para el desarrollo equitativo de un país. Por ejemplo, sabemos que cuando se reducen las barreras al comercio internacional o se desregula algún sector de la actividad económica, algún segmento de la población puede sufrir desempleo. Ante esa situación, es necesario asegurarnos que, antes de que tal efecto adverso ocurra, se implementen políticas compensatorias, como la capacitación al trabajador que va a quedar desempleado para que pueda migrar hacia otros sectores de la actividad económica. En todo caso debe cuidarse que esa etapa de potencial desempleo no genere un deterioro en la salud y la educación de los hijos de los trabajadores menos afortunados.

Un programa exitoso contra la pobreza debe estar en el centro estratégico de cualquier conjunto de acciones para el desarrollo. Este programa debe tener presencia esencialmente en las áreas rurales, ya que es ahí donde se genera la miseria que posteriormente va a engrosar los cinturones de las ciudades y como una medida para desalentar el crecimiento urbano sin sustento. Asimismo, hay que legislar acerca de la corresponsabilidad del Estado y sus municipios en la coordinación del uso de los recursos contra la pobreza, lamentablemente siempre limitados, a fin de optimizar su uso.

La pieza clave de un programa contra la pobreza es cuidar nuestro capital humano. Invertir en capital humano como una de las necesidades vitales en tiempo de grandes cambios es inexcusable en la globalización. Para desarrollar el capital humano es necesario mejorar los servicios de educación y salud en nuestro Estado. El analfabetismo en la entidad afecta al 15% de la población mayor de 14 años, muy superior al promedio nacional que es de 9.5%, y el 38% de este segmento poblacional no concluyó la educación primaria. El lugar que ocupa Veracruz, en el ámbito nacional, en atención a la demanda de educación preescolar es el 23. La eficiencia terminal en educación primaria, por su parte, es del 80.5%, cuando el promedio nacional es de 87.7%, ocupando el lugar 30 en el país .

En cuanto a los servicios médicos, por cada cien mil habitantes se cuenta con 103 médicos, cuando en el ámbito nacional el promedio es de 120, ocupando el lugar 21 a nivel nacional. En cuanto a camas censables, por cada cien mil habitantes se cuentan con 59 camas, cuando el promedio nacional es de 77. Sin embargo, es importante destacar que el Estado ocupa el primer lugar en el país en número de unidades médicas construidas y el cuarto lugar en cuanto al personal médico que trabaja para dichas unidades. Asimismo, ocupa el tercer lugar nacional en consultas externas con casi 17 millones de consultas al año .

La inversión en la educación e investigación es parte fundamental del nuevo paradigma del desarrollo que requerimos. Los verdaderos activos de una región, hoy más que nunca en la era del conocimiento, se encuentran en los recursos humanos, sus conocimientos, sus habilidades, su aportación a la economía determinan el bienestar. Tenemos el reto de prolongar y no reducir la educación, así como ubicarla en un contexto de competencia social, capacidad de dirección, habilidad ante conflictos, comprensión cultural, mentalidad de relación y acceso al ambiente de incertidumbre de la globalización. El reto es, como afirmara Reinhard Kahl "vincular el aprendizaje con los hechos cotidianos de modo que los individuos puedan dominar su vida".

También debemos promover la incorporación al aparato formal de esa gran masa comercial e industrial de trabajo, iniciativa y capital, que representa la economía informal que se ha generado por la emigración del campo, a partir de los años setentas, a la mayor parte de nuestras ciudades y la emergencia de clases medias sin alternativas. Esta economía informal la debemos ver como una gran oportunidad y reflexionar acerca de las causas que impiden su desarrollo regulado. Tenemos grandes tareas en materia de regulación administrativa y de los derechos patrimoniales.

El camino del progreso de Veracruz se concibe, indudablemente, sólo con un apoyo sin precedentes para acabar con las desigualdades que desafortunadamente sufren las mujeres, más de la mitad de nuestra población. Las nuevas reglas de la globalidad y de la sociedad del conocimiento así lo exigen también. En este sentido, es urgente legislar y llevar a cabo un paquete integral de políticas públicas que abran puertas, más espacios para las mujeres y eliminen los serios obstáculos que lamentablemente todavía existen para ellas.

A las mujeres se les margina arguyendo falta de experiencia, el no saber, el no haber estado en puestos de responsabilidad. Si se da el espacio, se facilita la oportunidad, si se tiene la oportunidad, se alcanza la pericia, no hay otra manera de lograrlo y las mujeres no son la excepción. Los veracruzanos, principalmente quienes tenemos alguna responsabilidad pública, tenemos la obligación ético-política inaplazable de abrir esos espacios para que la sociedad se beneficie con la inteligencia, el hacer y la responsabilidad femeninas, así como, promover los cambios que permitan adaptar a nuestra sociedad a los retos que nos impone la creciente incorporación al trabajo de las mujeres, principalmente desde los ángulos social y familiar.

La juventud -mujeres y hombres-, representa la indiscutible mayoría de los veracruzanos y la parte más significativa de su fuerza productiva, no sólo en cantidad sino también en calidad. Por ello, las decisiones que se tomen en el Estado deben contar con su respaldo y sus nuevas perspectivas de la vida. Veracruz requiere, como uno de los soportes de su desarrollo, un gran compromiso con los jóvenes para que se incremente su participación política, para que se expresen libremente, para que tengan la oportunidad de participar, sobre todo en los asuntos que les atañen y para que se acabe la imagen de una sociedad impuesta para ellos. Se debe equilibrar adecuadamente nuestra sociedad con la participación de más jóvenes, sin olvidar, por supuesto, la riqueza intelectual y de experiencia que significan los adultos en la madurez plena: los primeros representan el dinamismo, la renovación y la esperanza, y los segundos, la serenidad, la reflexión y la profundidad que deben tener las acciones responsables.

De igual manera, se deben atender y tomar en cuenta las necesidades específicas de las minorías, principalmente la de los grupos étnicos que habitan en las zonas marginadas. Tenemos la obligación inaplazable de hacer realidad los derechos contenidos en esta materia en nuestra Carta Magna y, tomando en cuenta todos los puntos de vista, sobre todo el de los interesados, promulgar una ley indígena que esté acorde con la difícil realidad que viven estos grupos y que sea el soporte de todas las acciones para su desarrollo.

Por último, es muy importante destacar que Veracruz, a pesar de la limitaciones económicas que padece, posee un patrimonio cultural fundamental que es necesario no sólo preservar sino que tenemos la obligación indiscutible de incrementar y compartirlo con las nuevas generaciones. Nuestro patrimonio cultural se expresa en la riqueza de su música, literatura, artes plásticas y su rica cultura popular. Si bien es cierto que los afanes de la ciencia y la tecnología son muy importantes para el crecimiento económico y el bienestar material, el lugar que ocupa nuestra cultura forma parte esencial de la noción de lo veracruzano y nos da un sentido importante de pertenencia propia en el resto del país y del mundo; es resultado de nuestra historia, es prueba de nuestra universalidad. Su apoyo e impulso deben ser un renglón importante para Veracruz, tanto para los gobiernos estatal y municipales, como para la sociedad. Hay que reflexionar acerca de las diferentes maneras de financiar, por todos, esta parte fundamental de nosotros.

4) Protección de los recursos naturales.

Es fundamental que el crecimiento económico e incluso la reducción de la pobreza, no se logren a expensas de la degradación de nuestro medio ambiente. Esto es, un PIB más alto no justifica, ni hace más tolerable la destrucción de nuestros recursos naturales. Ello sería tanto como malgastar nuestros activos más preciados, no renovables, en pagar hoy nuestra manutención con recursos que deben servir, también, para el mañana.

Se estima que el costo anual de la degradación ambiental en nuestro país equivale a cerca del 10% del PIB (según información del Banco Mundial). Aunque el PIB per cápita en México es similar al de países como Brasil y Rusia, nuestro nivel de contaminación del aire es casi tres veces el de ellos. Es decir, comparados con los estándares internacionales somos un país que ha descuidado el ambiente.

Este es un tema particularmente sensible para Veracruz ya que somos privilegiados en recursos naturales. Recordemos que el más del 14% de la electricidad se produce en nuestro Estado , y que somos uno de los principales productores de petróleo crudo y gas natural. Nuestra biodiversidad es una de las más ricas del país. Contamos con un gran activo agropecuario, pues en materia agrícola somos el tercer estado a nivel nacional, en producción de carne bobina ocupamos el primer lugar y en producción de pollo el segundo. En materia forestal somos el primer lugar nacional en maderas preciosas de cedro rojo, caoba, nogal, palo de rosa y primavera. Nuestro amplio litoral y la vocación por la pesca son indudables. Las riqueza de agua de la región es otra ventaja que debemos preservar.

5) Eficiencia y transparencia.

Por último, se hace necesario un replanteamiento serio de las administraciones estatal y municipales, a través de una reforma integral de la administración pública, que contemple estructuras simplificadas, menos especialización, más tecnología y un sistema de control y rendición de cuentas que cuide y castigue a los responsables, pero que su costo no signifique una alta carga económica, ni sea pretexto para detener y volverse un obstáculo de las actividades y la creatividad de los servidores públicos. El reto es que el gasto público se efectúe mejor, que los recursos públicos, siempre escasos, rindan más, y que todos los servidores públicos sin excepción demos una aportación más eficiente.

LA ACCIÓN INMEDIATA

Estas importantes tareas por supuesto no agotan el tema de los requerimientos del progreso de Veracruz. Sólo son algunos aspectos que considero nodales para que nuestro Estado tenga más elementos en la inserción a la inevitable globalización. Requieren, desde luego, la participación de los órganos del Estado, de los gobiernos municipales, del sector social y del sector productivo. Demandan, también, lograr el apoyo del gobierno federal, pues aún replanteando el federalismo, muchas de estas tareas quedarían sin el soporte necesario que sólo el papel del gobierno nacional puede llenar.

Exigen el conocimiento práctico y la experiencia del gran intrincado que representa la red de organismos públicos y privados internacionales que tienen que ver con el desarrollo en la nueva realidad del mundo. Si comparamos la tarea de gobernar hoy con la de otros tiempos, veremos que en nada se parece la complejidad que seguramente tendremos en los próximos años y, nos percataremos, de hecho ya lo percibimos ahora, que la alta responsabilidad de gobernar se complica de manera extrema.

El Veracruz de hoy está cambiando radicalmente con relación al Veracruz de ayer. Las soluciones ya no pueden ser las mismas, ni podemos seguir percibiendo con la ligereza de antaño, los complejos problemas del ahora.

No creo en los determinismos de ningún tipo, los veracruzanos no estamos condenados al subdesarrollo y la ignorancia. La pobreza de un importante porcentaje de nuestro pueblo no deriva de su falta de empeño en el trabajo, por el contrario, por lo general trabajan más duro y un número mayor de horas que otros con mejor situación económica. Están atrapados en una serie de círculos viciosos que pueden ser rotos con una combinación adecuada de políticas públicas.

Tenemos que hacer a un lado la dulce modorra que nuestros paisajes paradisíacos afortunadamente despiertan. Ha comenzado a correr el nuevo tiempo de la globalización y es un reloj que no perdona los retrasos. Con convicción afirmo que estamos a tiempo de tomar el tren de la segunda modernidad, a la que Veracruz no puede faltar.

Quien exprese que conoce realmente Veracruz y a los veracruzanos, da la impresión que no se ha percatado de lo complejo que resulta pensarlo y comprenderlo, o su interés es sólo de mercadotecnia política. Afortunadamente no es un objeto simple y todos los días se recrea volviéndose diferente. Quien así opine excluye a muchos veracruzanos que son verdaderamente expertos de los principales temas de sus regiones y de sus respectivas especialidades. Creo que nadie conoce mejor que ellos la parte que de Veracruz han pensado y vivido constantemente.

Por ello, para Pensar Veracruz adecuadamente será necesario convocar, en su momento, a una serie de reuniones a lo largo y ancho del Estado, con intelectuales, académicos, profesores, líderes sociales, obreros, campesinos, indígenas, ganaderos, empresarios, profesionales, jóvenes, expertos, servidores públicos, ciudadanos y todo aquel que tenga algo que decir acerca de cómo comprender mejor a Veracruz y sus diferentes grupos poblacionales y, sobre todo, las maneras que estiman adecuadas para superar los rezagos y avanzar en los principales temas de nuestro desarrollo.

Se deben conocer y considerar todos los puntos de vista desde su diversidad ideológica y desde las diferentes ópticas que da la vida, la filosofía, la ciencia, la técnica y la experiencia. Los que nos dedicamos a la función pública debemos comprender que nadie posee la verdad, ni la solución a todos los problemas. Que las soluciones vienen de la discusión, del análisis sereno, de la reflexión y del acuerdo entre quienes siempre deben participar en la toma de decisiones: la sociedad, el sector productivo y los gobiernos.

Mi propuesta siempre estará abierta y la discutiré permanentemente con los veracruzanos interesados, para que pueda llegar a ser la propuesta de los mejores intereses de Veracruz.

Estas reuniones también servirán para promover esa Gran Alianza de todos los sectores progresistas que requiere urgentemente Veracruz, para abrir mercados, simplificar los arreglos institucionales, a veces obsoletos y absurdos, y sentar las bases del desarrollo de los veracruzanos de este siglo. Esta Gran Alianza, más allá de los intereses de izquierda y de derecha, debe significar la objetivación clara y concreta de la exigencia política mayor de la sociedad entera, para que ningún gobierno, del partido que sea, la pueda hacer a un lado.