Pensar Veracruz, una aportación. Juan Antonio Nemi Dib
Pensar Veracruz, Una Aportación
Lic. Juan Antonio Nemi Dib
Estar de nuevo en el Seminario Pensar Veracruz es muy gratificante. La oportunidad de reflexionar acerca de lo que ha sido Veracruz, de cómo es y de las exigencias para su futuro, es un ejercicio que agradecemos a quienes concibieron y hacen posible esta importante iniciativa, aquí en el CETRADE.
Participar aquí, donde importantes personalidades han concurrido o pronto vendrán a expresar sus valiosos puntos de vista sobre un tema que a todos, independientemente de tintes ideológicos, interesa, es un verdadero privilegio. Me sumo con sincera humildad a estas reflexiones y las pongo en la mesa para su discusión, para propiciar el debate; ése y no otro es el propósito de mi participación.
Cómo pensar Veracruz
Parafraseando a Edgar Morin, cuando hacía este mismo ejercicio refiriéndose a Europa, es difícil concebir Veracruz desde Veracruz. Debemos indagar cómo nos ven en el resto de la República, o en el mundo y cómo nos vemos a nosotros mismos.
Seguramente debe ser también difícil percibir Veracruz desde puntos diversos de nuestro mismo Estado. Las concepciones están condicionadas por intereses, cultura, orgullos locales o por supuestos roles protagónicos y liderazgos que asumimos, también por nuestras propias circunstancias.
Agrego: complicado pensar Veracruz después de Veracruz. Es decir, nos cuesta mucho trabajo hacer a un lado la idealización a veces eufórica de lo que somos y, sobre todo, la autocomplacencia y auto justificación. Conocerse a sí mismo es difícil pero indispensable, nos ubica, evitando la sobrevaloración de nosotros mismos, permitiendo real provecho de nuestras capacidades. Solemos ir a los extremos: el juicio lapidario y no pocas veces auto destructivo, o en cambio, la permisividad y la satisfacción que no se justifican.
Por otra parte, es cierto que tanto una posición como la otra, contribuyen, desde luego, a explicar Veracruz; ninguna concepción se puede desechar, forman parte de lo mismo. No podemos simplificar Veracruz. Cualquier idealización, abstracción o reducción, lo mutila en su esencia.
También es verdad que Veracruz es un todo que se 'teje conjuntamente', que reúne, sin confundirlas, sus mayores diversidades y asocia sus contrarios de manera inseparable. Por ello, para comprenderlo, se vuelve imperativa una 'justa modestia' y un 'pensamiento justo' que pueda considerar el complejo veracruzano en el que un sinnúmero de interacciones políticas, económicas, sociales, culturales e históricas, se han entremezclado y construido recíprocamente de una manera conflictiva y al mismo tiempo solidaria.
Debemos tener muy clara la gran complejidad que comprende nuestra entidad. Por ello, al pensar, Veracruz coincidimos con Popper en hacer a un lado las explicaciones esencialistas, los conceptos cerrados, las definiciones lineales y deterministas. Tenemos que desechar las ideas reductoras que eliminan el todo al ocuparse sólo de las partes o se olvidan de las partes al ver sólo la globalidad; como afirma Morin "debemos concebir la asociación compleja, que no sólo está hecha de complementariedades sino también de concurrencias y antagonismos".
Las fisonomías de Veracruz son a veces tan plurales y múltiples que pretender buscar una visión de unidad podría crear confusión. Las interacciones entre poblaciones de características diferentes, culturas, religiones, estratos sociales, etnias, regiones y territorios municipales y de otros estados conforman el tejido de una unidad que en sí misma es plural y simultáneamente contradictoria. Los conflictos y antagonismos que se dan a partir del siglo XVI, en que comienza a formarse el territorio denominado veracruzano, hasta buena parte del siglo XX, confirman lo antes expuesto.
Esto nos lleva a abandonar la concepción de un Veracruz con una pretendida unidad que siempre será falsa, retórica por irrealizable. Veracruz no puede ser uno simplemente porque ha sido y es plural, múltiple, diverso. La claridad y la armonía son muy difíciles de hacerse realidad en un individuo; en un conjunto de individuos interactuando son irrealizables, quiméricas.
Si sólo a la manera del pensamiento clásico, buscamos la esencia de lo veracruzano, nos impedimos de concebir, de comprender y, por tanto, de pensar Veracruz. Para lograr pensar Veracruz debemos comprender que la unidad de Veracruz se encuentra en su misma heterogeneidad.
Lo que hemos sido
La geografía de Veracruz forma la parte más constante de lo que somos y contribuye a darnos un carácter especial y propio, diverso.
Natura y cultura se combinan para generar diferentes maneras de pensar, diversas formas de ser en los distintos grupos de pobladores del Estado. Siete regiones claramente diferentes dan forma a Veracruz. De la Huasteca al Istmo, de las sierras a las costas muestran la diversidad, diferencias y similitudes de lo veracruzano. Las culturas prehispánicas asentadas en su territorio, los españoles --militares, sacerdotes, comerciantes, mineros, funcionarios, artesanos y aventureros--, los pobladores de raza negra --emigrados con motivo del auge de las haciendas azucareras--, la población mestiza y algunas otras emigraciones como la italiana y la francesa en una asociación complementaria, concurrente y antagónica, fueron conformando lo veracruzano que, más tarde o probablemente en un proceso colateral casi simultáneo, sería uno de los elementos que en una asociación compleja, similar, más amplia, daría por resultado lo mexicano. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII las tierras veracruzanas y sus pobladores, como provincia de la Nueva España, fueron adquiriendo otra fisonomía territorial, surgieron estructuras sociales, políticas y económicas regionales y se formó una cultura diferente, distintiva de todo el nuevo conglomerado.
Vale la pena destacar, por las implicaciones que sugiere, el hecho que desde el siglo XVI Veracruz sentó las bases para una agricultura tropical, propia a su ubicación geográfica, climas y tipos de tierras. Ello permitió el progreso de haciendas y trapiches dedicados a la caña de azúcar, tabaco, vainilla, cacao y fibras textiles.
En el año de 1823 las autoridades de Veracruz publicaron y juraron el Acta Constitutiva de la Federación, gracias a la cual se estableció en el País el sistema federal. De igual manera, en 1825 se promulgó la Constitución del Estado de Veracruz y el territorio veracruzano adoptó una nueva organización. Pese a esto, no se modificó la conformación del territorio, aunque permitió el fortalecimiento de las diferentes regiones veracruzanas.
Veracruz en el siglo XIX corrió suerte similar a la del centro del País. Poseedor del puerto principal y protagonista de la guerra de Reforma, estuvo ligado estrechamente a todos los conflictos. Sin embargo, participó en parte del desarrollo por la pléyade de liberales veracruzanos; además de que en esa época comenzó la introducción del ferrocarril.
A principios del siglo XX, la explotación petrolera se convirtió en el principal atractivo. La Entidad se transformó en el centro de operaciones de consorcios estadounidenses e ingleses. Se desarrolló la banca, la energía eléctrica, obras portuarias y se concluyeron las grandes obras ferroviarias del porfiriato.
En los albores del siglo XX Veracruz se mostró como un territorio proclive a las ideas progresistas. Se reclamaban cambios radicales que devolvieran al Estado su autonomía perdida.
Después del triunfo de la Revolución, en el Estado se promovieron cambios radicales en diferentes temas. En 1914 se decretó el reparto agrario, antes de la ley agraria del 6 de enero de Carranza; se reactivó la organización obrera, se reconocieron los derechos de los trabajadores y se estipularon mejoras en las condiciones laborales.
En los años veintes se adoptaron medidas radicales de corte social. Se fundó la Liga de Comunidades Agrarias del Estado, usándose como ariete para acabar con latifundios y repartir tierras.
En el mismo período se tuvieron fricciones con las compañías petroleras, ante su actitud de no tratar con las autoridades locales los asuntos de recaudación fiscal, ni de concesiones territoriales. Se efectuaron acciones de protección a los obreros con motivo de la crisis económica internacional de 1929, concertando con empresarios y trabajadores para rescatar industrias amenazadas con la quiebra, como la textil y la azucarera. Varios políticos veracruzanos distinguidos se inconformaron por las acciones de Plutarco Elías Calles, para institucionalizar la Revolución, con la creación del Partido Nacional Revolucionario.
Precisamente en esta primera etapa del siglo XX se dieron las primeras rupturas de un gobierno estatal en contra de la concentración definitiva del poder político, legal y administrativo, en detrimento de las acciones autónomas de los gobiernos de los Estados. Había oposiciones fuertes dentro de algunos sectores sociales contra la concentración de funciones en el ámbito federal, como la materia laboral al promulgarse la Ley Federal del Trabajo. Lo mismo sucedió con el proyecto de educación socialista de esa época.
A mediados del siglo XX se iniciaron en Veracruz, con financiamiento externo, importantes inversiones. Se construyeron muchas más instalaciones portuarias y otras nuevas vías de comunicación, lo cual permitió integrar a las planicies costeras y generar un mercado regional, haciendo posible el crecimiento de diversas industrias, aprovechando los recursos naturales y el potencial agropecuario de las regiones. Al mismo tiempo, el empleo fue ganado terreno, manteniendo una tendencia ascendente hasta los últimos años de la década de los setentas en que su crecimiento se vio frenado, al contraerse la actividad industrial.
En el siglo XX, se transformó el perfil demográfico de Veracruz, pasando de ser un Estado eminentemente rural a uno pre eminentemente urbano, muy poblado; es decir, la emigración del campo a las ciudades ha sido muy notable. Para el año 2 mil, más del 59% habitaba en las ciudades y sólo poco más del 40% en el campo. De igual manera, en 1970, éramos la mitad de los veracruzanos que ahora somos; en tan sólo poco más de treinta años duplicamos el número de habitantes.
El agotamiento del proteccionismo industrial comenzó a ser evidente desde mediados de la década de los setentas. La debacle del empleo emblemáticamente comenzó con el cierre de la industria del azufre, dejando sin trabajo a cerca de 15 mil personas. Una situación similar se vivió en la industria textil hacia 1975, que desocupó aproximadamente a cuatro mil jefes de familia. Esta situación se acentuó a mediados de la década de los ochentas, en que la economía veracruzana iniciaba una fuerte contracción, sobre todo en el sector energético, ocasionando el despido de miles de trabajadores petroleros en los noventas.
Dentro de estos esfuerzos por desarrollar al Estado y dar oportunidades a la población, las actividades industriales, agroindustriales y de servicios produjeron un deterioro ecológico que parece no poder detenerse, pues hacerlo abruptamente podría 'parar' las posibilidades de sustento de amplios sectores de la población. En este sentido todavía los veracruzanos tenemos que discutir mucho y definir cuáles deben ser las directrices de nuestro desarrollo, sin poner en riesgo el hábitat, que al final de cuentas es el que nos permite la calidad de vida y la salud.
También es importante resaltar que, Veracruz ha sido cuna de movimientos sociales de todo tipo: indígenas, libertarios, agrarios, inquilinarios, obreros, entre otros; que han mostrado los rasgos principales de su temperamento, maneras de ser y peculiar cultura ante lo que considera son sus derechos, independientemente de que se encuentren escritos o no. Muchos de estos movimientos impactaron a la nación toda.
Nuestra coyuntura económica
En los últimos años la economía de Veracruz pasó del quinto al sexto lugar nacional de importancia. Su participación en el Producto Interno Bruto nacional disminuyó de casi el cinco por ciento a poco menos del cuatro por ciento en el año 2000. El decremento se dio principalmente en los sectores manufacturero y de la industria de la construcción.
En cuanto al Producto Interno Bruto estatal, como consecuencia de la crisis económica nacional, sectores que se habían comportado favorablemente como el agropecuario y el manufacturero se vieron especialmente afectados en los años de 1995 a 2000. El sector agropecuario pasó de casi nueve por ciento a casi ocho, y el sector manufacturero, en una caída más pronunciada, descendió de un poco más del 21 por ciento a poco más del 18.
A pesar de lo anterior, los niveles de empleo se han mantenido relativamente estables, pues al parecer la mano de obra desplazada ha sido absorbida por los sectores de la construcción y de servicios comunales, sociales y personales. En el primer caso, el sector creció de poco más de cinco por ciento a poco más de siete, y en el segundo, se incrementó de diecisiete por ciento a veintiuno, en el mismo período de 1995 al año 2000. Esta situación se reflejó en la tasa de desempleo abierto, la cual en el caso específico de la zona urbana de la ciudad de Veracruz pasó de poco más de cuatro por ciento a principios de 1995, a más de dos por ciento en el ultimo bimestre de 2002.
Para matizar lo anterior, hay que considerar que lamentablemente la población ocupada sigue concentrada en su mayor parte en el estrato social que percibe ingresos considerados de subsistencia, ya que para el año 2001 poco más del once por ciento de la Población Económicamente Activa percibió ingresos por debajo de un salario mínimo y más del cuarenta y seis por ciento obtuvo remuneraciones menores a dos salarios mínimos.
En esencia, el problema laboral tiene dos aristas: insuficientes plazas nuevas para los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo y, por otro lado, salarios poco remuneradores, que no contribuyen a elevar la calidad de vida de las personas.
En el peso de la economía del Estado tiene especial relevancia el sector energético. La Entidad cuenta con riquezas e instalaciones petroleras relevantes; además de la considerable infraestructura de generación eléctrica, hidroeléctrica, termoeléctrica y núcleo eléctrica. En este renglón Veracruz aporta casi el siete por ciento del Producto Interno Bruto nacional, superado sólo por Campeche, Tabasco y el Distrito Federal. En este tema seguramente los veracruzanos tenemos mucho que discutir, pues se entremezclan otros temas fundamentales como el ya citado deterioro ambiental, los costos indirectos diversos de otro tipo para Veracruz y las razones de un federalismo más equitativo.
El saldo de la balanza comercial del Estado, a pesar de las penurias económicas por las que pasa el País, sigue siendo favorable. Sin embargo, hay que hacer notar el declive de la misma. En el año de 1997, las exportaciones ascendieron a mil quinientos dieciocho millones de dólares y las importaciones a mil quince millones de dólares. En el año 2001, las exportaciones decrecieron a setecientos noventa y ocho millones de dólares y las importaciones a seiscientos cuarenta y ocho millones de dólares.
Nuestras ventajas comparativas
Veracruz cuenta con una importante infraestructura física y productiva, vastos recursos naturales; así como una ubicación geográfica privilegiada: colindancia con siete Estados, cercanía al Valle de México y a Estados Unidos y largo litoral en el Golfo de México con puertos marítimos.
Contamos con una población económicamente activa predominantemente joven, probablemente con expectativas que facilitarían su capacitación y adiestramiento, uno de los elementos indispensables para incidir en el incremento de la productividad y el desarrollo.
Tenemos un enorme inventario de recursos naturales, particularmente hidráulicos, que serán determinantes para los próximos siglos.
En el sector agropecuario existen ventajas por la gran extensión territorial con aptitudes para esta actividad. No obstante se requiere explotar la tierra de manera más eficiente para incrementar la productividad del sector y lograr que la producción satisfaga no sólo los requerimientos del mercado local, sino que, además, pueda destinarse al consumo nacional o en su caso exportarse.
La industria manufacturera representa una ventaja potencial, a pesar de las dificultades por las que atraviesa. Es preciso fortalecerla y diversificarla para recobrar el dinamismo del sector exportador, aprovechando las instalaciones portuarias que permitirán la reducción de los costos de operación y de transporte de mercancías. Es muy importante promover flujos crecientes de capital privado nacional y extranjero al sector manufacturero y aprovechar las modernas tecnologías en la producción y en los sistemas de organización administrativa para hacer frente a los retos de la globalización económica.
Se cuenta por otro lado, con una aceptable infraestructura recreativa, restaurantera, hotelera y de servicios para convenciones, la cual sin embargo requiere modernizarse para mejorar la calidad de los servicios que presta. En este sentido, hay que valorar las alianzas entre el capital nacional y extranjero, lo cual, en el mediano plazo, contribuiría al crecimiento del sector, convirtiendo al Estado en importante destino turístico nacional e internacional.
Los rezagos y contradicciones a resolver
Persiste en Veracruz una evidente desigualdad social que constituye la principal limitante para la estabilidad política y el desarrollo del Estado. Si bien es cierto somos la sexta economía del País, por nuestra contribución al PIB nacional, en cuanto al ingreso per cápita ocupamos el lugar 26. Esto significa que tenemos un ingreso promedio muy bajo y desigual, con todo lo que implica: lucha por los recursos, inseguridad, delincuencia y saldo migratorio negativo, en otras palabras, pérdida de población en edad productiva ya entrenada.
Otro dato significativo: el 15% de la población de 15 años o más es analfabeta, este porcentaje rebasa el promedio nacional que es de 9.5%; además, el 38% de dicho segmento de población no concluyó la primaria, denotando con ello, el bajo grado de escolaridad en el Estado.
De no ser atendidas de manera integral estas y otras causas de la desigualdad social, estará en riesgo el desarrollo de la entidad y su viabilidad para los próximos treinta años.
Por otro lado, Veracruz como el resto de las entidades federativas, ha sido ajeno a las determinaciones industriales del País. Su estructura económica e industrial descansa en actividades que responden a decisiones de política nacional, central, y sus actividades tradicionales como en el caso del sector primario, están amenazadas por compromisos o acuerdos internacionales o resienten la caída de los precios de los principales productos. Los condicionantes normativos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al parecer son irreversibles, pues el libre comercio es parte de las nuevas reglas de la híper competencia global.
El sector industrial genera el 30% del PIB pero sólo poco más de 80 mil empleos, en contraste el sector primario genera alrededor del 10% del PIB estatal y da empleo al 50% de la PEA, es decir a más de un millón cuatrocientas mil personas.
No obstante la posición geográfica privilegiada de la entidad para el comercio exterior, resulta paradójico que en el año 2000 haya recibido menos del 1% de la inversión extranjera directa y ocupado el lugar 16 en el rubro de las exportaciones.
Prácticamente, por ahora tenemos inversiones ni desarrollos industriales de punta o de última generación que incidan en el dinamismo de otros sectores de la economía y sirvan como detonadores de ciclos de crecimiento.
Por último, se hacen evidentes las desigualdades regionales. Contamos con un centro y sur con un mayor desarrollo relativo y un norte bastante desconectado del resto del Estado. Esto aunado al deterioro del capital físico (equipamiento urbano) de las ciudades medias de la entidad por lo cual han perdido competitividad y ya no constituyen centros de atracción y formación de capital, puede generar fenómenos de nuevas y grandes concentraciones urbanas como las que ya se dan en otros entidades federativas, que agudizarían las contradicciones entre el norte, las zonas serranas e indígenas y el resto de la entidad.
Como consecuencia de los fenómenos naturales recurrentes que se sufren en la región en la que está ubicado Veracruz, frecuentemente sus pobladores y sus gobiernos, sufren situaciones críticas propias de las denominadas sociedades del riesgo. En 1999, Veracruz afrontó, en este sentido, el mayor embate natural de su historia moderna. Además de la entrega y solidaridad de los diferentes sectores de la sociedad, se contó con la respuesta rápida, oportuna y suficiente del Gobierno del Estado que permitió resolver uno de los mayores retos del siglo pasado.
Qué hacer
Parafraseando a Olson nos preguntamos por qué algunas regiones son más pobres que otras; regiones que, incluso, estuvieron en mayor desventaja comparativa que Veracruz, como es el caso de algunos estados del norte del País. La contestación de Olson hubiese sido en el sentido que en los territorios se produce no aquello que la dotación de recursos permite, sino aquello que las instituciones y las políticas públicas permiten.
No faltaría quien preguntara si acaso no hemos sufrido por muchos años un penoso ajuste económico estructural a nivel nacional que debiese haber permitido el desarrollo. La respuesta probablemente habría que contestarla en el sentido que los mercados no se vuelven eficientes y competitivos sólo por abrir la economía a la competencia internacional; ni porque se privatizan los bienes del gobierno y se promueve una desregulación de las actividades económicas, eliminando trabas, normas y disposiciones costosas y a veces absurdas que desincentivan la inversión privada. Estos elementos son necesarios en la realidad del mundo moderno y abierto que vivimos en donde ninguna sociedad puede escapar de la híper competencia global, pero insuficientes para generar por sí mismos el desarrollo.
Cada vez se comprende mejor que el mercado no es un simple mecanismo de precios que permite la interacción y el ajuste entre la demanda y la oferta, que coordina las decisiones de los agentes económicos, alejado del contexto histórico-cultural e institucional. El mercado evidentemente es una institución que se recrea en una realidad histórica-social y política específica. Visto así, pensar que el mercado resuelve por sí solo la organización de los factores de la producción y que sólo se requiere inversión en capital físico, humano y tecnológico es un enfoque insuficiente.
Esta nueva visión de los mercados establece que los elementos fundamentales para su funcionamiento sano son el marco jurídico; las estructuras de poder; el acceso a la información; la formación de individuos, en donde destacan la cultura y los valores; las características del poder político, instituciones y reglas, y por supuesto, las organizaciones y actores económicos.
Desde este punto de vista, las tareas que Veracruz debe de abocarse para desarrollar una economía de mercado que siente las bases de su desarrollo son:
- Solidificar un Estado de derecho, en donde la ley sea el instrumento de organización sin discusión y de resolución de controversias de manera pacífica. Alejar a la ley y la justicia de la política, con las visiones de parcialidad y manipulación que ello trae consigo es imprescindible.
- El respeto claro a la propiedad y a los demás derechos patrimoniales que la ley confiere, como un incentivo estratégico para el crecimiento económico.
- Fijar claramente y con la mayor permanencia posible, con el más amplio consenso social, las reglas del juego económico en la sociedad. Estas se deben concretizar en las leyes, reglamentos u otro tipo de regulaciones públicas administrativas, estatales y municipales.
- Fijar las reglas claras y fáciles de ejercer para obtener información pública y, por que no, también cierto tipo de información de las organizaciones económicas privadas. Y no me refiero sólo al derecho fundamental que ejercen los medios de comunicación, sino también a la información que la ciudadanía requiere para emprender actividades productivas, pues sin estos insumos que debe dar la libertad, su creatividad sería insuficiente para el desempeño óptimo de sus actividades.
- Bajar los costos que implica lograr el cumplimiento de las obligaciones contraídas en contratos celebrados libremente, de manera informada y conforme a la ley. Estos elementos deben ser garantizados por los procedimientos legales tanto para acreedores como deudores.
- Generar un capital social fundamental para el desarrollo: la confianza en la instituciones públicas y organizaciones económicas.
- Modificar la cultura a través de la educación fomentando una ética indispensable para la actividad económica, como los diferentes valores occidentales: honestidad, integridad, responsabilidad, cumplimiento de acuerdos, credibilidad y confianza, entre otros similares.
El reto es crear una economía de mercado fuerte, sana que sirva de base al desarrollo de Veracruz, a través de una nueva organización institucional y participativa, con actores que se apeguen al imperio de las instituciones y la ley, la cual tenga como fin generar los incentivos a favor del crecimiento económico y tender los puentes entre el mercado, el Estado y la sociedad, para un desarrollo integral sustentable.
Pero la libre competencia económica y el aliento de las capacidades individuales no han de ser pretexto para que las instituciones, públicas y privadas, pierdan su rostro humano, eviten combatir los desequilibrios o rechacen el compromiso ético elemental de apoyar, con políticas sociales exitosas, a los desposeídos, a los que nacen en desventaja, a los indígenas. A toda costa, el Estado debe obligarse a evitar el dolor y el sufrimiento.
Decía el ex presidente y líder histórico del Partido Socialista Obrero Español, Felipe González, poco después de la caída del Muro de Berlín y el sistema socialista central, que una de las tareas fundamentales de las sociedades y de los gobiernos era crear y fortalecer los mercados, porque es en ellos donde se genera riqueza para después repartirse a través de los diferentes instrumentos redistributivos. Felipe González afirmaba con su característica ironía: la pobreza es lo único que no se puede repartir.
Otro de los grandes rasgos que estimo deben componer esta profunda reforma institucional que propongo es impulsar y guiar acciones de desarrollo organizacional, sin las cuales no sería factible el cambio institucional que planteo. Estas acciones deben incidir en las estructuras públicas de los tres poderes del Estado y en el ámbito municipal; así como, en las organizaciones privadas -empresas, organizaciones empresariales, etcétera- y sociales -sindicatos, organizaciones sociales, organizaciones no gubernamentales, entre otras. Los nuevos tiempos del mundo reclaman que éstas desarrollen posibilidades de aprendizaje permanente, sean innovadoras y tengan capacidad y velocidad de respuesta al cambio.
En mi concepto, es muy importante destacar que, si no comenzamos a trabajar pronto en estas tareas la viabilidad y el futuro de Veracruz está en grave riesgo. Nuestra posteridad nos lo reclamaría con razón, pues no es una cuestión de ideologías sino de necesidad apremiante ante la realidad.
La reorganización de los gobiernos estatal y municipales debe ser en lo posible profunda y agresiva. Necesitamos replantearnos muchos paradigmas que ya quedaron caducos ante el correr del tiempo que hoy transcurre más rápido que antes.
Hace falta un replanteamiento de los objetivos, estructura y estrategias de la Administración pública del Estado, con una sola finalidad: más acciones, más eficiencia pero sobretodo más efectividad. Actualmente hay responsabilidad, talento, trabajo arduo, muchas ganas, pero el reloj de la modernidad nos urge acelerar el paso y probablemente a virar el timón.
Tenemos que comenzar de inmediato a construir un servicio profesional de carrera para los servidores públicos. Ello implica un nuevo pacto con los trabajadores públicos de todos los niveles, pues es imprescindible separar la política de la administración. Hay que dividir clara y objetivamente los cargos políticos, que deben ser sólo los de primer y segundo nivel, después del Gobernador, de los cargos administrativos que deben ser el resto. La separación de trabajadores de confianza y de base, dejando esta última para los trabajos más elementales, obedece a una realidad en donde, hay que reconocerlo, las camarillas políticas de un mismo partido iban y venían de una dependencia a otra. En la legalidad y la democracia esta separación ya perdió su sentido.
Es importante repensar el sistema de rendición de cuentas de las actividades públicas. La rendición forma parte central del concepto de responsabilidad; el cual, a su vez, debe ser eje indispensable de la política y de las actividades públicas. Probablemente habría que hacer la revisión en el sentido de que las actividades de contraloría, mas que generar mayores requisitos, formatos y controles, procuraran la eficiencia y rapidez de los servicios gubernamentales. El paradigma del control es cada día más objetado pues, ante una disposición en ese sentido, inmediatamente se genera en esa misma proporción más corrupción y dicho acto de control termina irremediablemente desvirtuado; además de los crecientes costos económicos que tiene. Me parece que parte de la solución hay que buscarla en la aplicación estricta de la ley y acabar con la impunidad.
La reforma institucional que propongo, para incidir verdaderamente en beneficio del aparato productivo, debe bajar hasta el ámbito de los gobiernos municipales. Los reglamentos municipales deben contribuir a desarrollar la nueva organización institucional y participativa que reclama la economía de mercado que Veracruz necesita. Destinar recursos suficientes a estas actividades será definitivo.
Los gobiernos municipales representan la autoridad inmediata con la ciudadanía y son los responsables directos de cada vez más acciones que repercuten en la economía: obra pública, servicio públicos básicos, regulación administrativa, de policía, fiscal, gubernativa, planeación, equipamiento, etcétera. Por ello, preocupa que por lo menos cuarenta municipios en el Estado no generen recursos ni siquiera para el sostenimiento mínimo, lo cual desvirtúa el objetivo de los gobiernos y administraciones municipales, pues se nulifican los servicios y, al final de cuentas, además de ser una inversión perdida los recursos que se canalicen a dichos municipios exiguos, éstos se convierten en una carga para el resto de los ayuntamientos.
Si bien es cierto la creación de nuevos municipios, ateniéndose sólo a la hipótesis de la cantidad de habitantes, aparentemente resuelve un problema de representación política, tratar de solucionarlo de esa manera es una manera fácil y simplista. Estimo que habría que explorar una fórmula representativa de carácter territorial dentro de la estructura de un municipio, que satisfaga las legítimas necesidades de representación de las comunidades con recursos insuficientes, al participar en los cabildos con un representante que tenga voz y voto y atribuciones en cuanto el ámbito territorial que represente. Se vuelve una exigencia política creciente atender este tema.
Las reflexiones que he hecho a lo largo de mi intervención sólo son un bosquejo de lo que ha sido Veracruz y sobretodo de algunos aspectos que hay que atender, a mi parecer con la mayor premura.
Creo firmemente que Veracruz necesita una reforma profunda que abra mercados, simplifique los arreglos institucionales y fortalezca la legitimidad democrática para el desarrollo político. A pesar de que se dice que los problemas que aquejan a Veracruz son tan grandes que sería un sueño resolverlos, creo con convicción que si se hace cumplir la ley por sobre toda consideración, hacemos un marco jurídico claro con el mayor consenso social del tipo de economía que deseamos y fomentamos los mejores valores de la convivencia, entre otras importantes reformas, los actores sociales, económicos y políticos que nos ha tocado vivir este momento especial de la historia de nuestro Estado, podremos estar satisfechos de haber sentado las bases del desarrollo de los veracruzanos de este siglo.
Estoy conciente también que la profunda reforma institucional que requiere Veracruz sacudirá estructuras, disminuirá o terminará con privilegios y prebendas, por lo que es muy probable que se generen resistencias de todo tipo para evitar que se cumpla. El triunfo sólo lo garantizará una gran alianza de los sectores progresistas de Veracruz: intelectuales, educadores, empresarios pequeños y grandes, luchadores sociales, servidores públicos, sindicatos de avanzada, organizaciones sociales, institutos políticos y todo aquel que comprenda que la transformación del Veracruz para el siglo XXI debe comenzar.
El gran dilema del tiempo que nos tocó vivir es que, como afirmaba Gramsci: "lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no acaba de nacer". Los veracruzanos contemporáneos, como ciudadanos y desde el papel que nos toque desempeñar, deberemos asumir nuestra responsabilidad con los retos del Veracruz moderno que se resiste a nacer.
Con gran optimismo en el futuro de Veracruz, evoco a Juan de Dios Peza cuando dice:
De más glorias al través
yérguete noble y bravía,
junto a éste Golfo, a que un día
trajo sus naves Cortés .
El mar ofrece a tus pies
ancho foso de tu hogar:
mira en sus ondas brillar
de tu heroísmo la luz;
y sé siempre, Veracruz,
indomable como el mar.


















