Raymundo Jiménez García

Gobernabilidad en Veracruz: Reflexiones en Voz Alta

Raymundo Jiménez García

Después del proceso electoral del 5 de septiembre, que aún se dirime en los tribunales del estado y la Federación, en Veracruz, hasta hoy, no se percibe un clima post-electoral al menos como el que puso en riesgo la gobernabilidad de Chihuahua en 1986, la de todo México en 1988 o la de Tabasco en el 2000.

Que nadie se engañe. La reciente elección local sí rompió, en efecto, con el típico abstencionismo, pero ha sido -para vergüenza de la sociedad veracruzana- uno de los procesos electorales más prostituidos en toda la historia de la entidad.

Los vicios y triquiñuelas que antes la oposición criticaba al partido en el poder, ahora fueron puestos en práctica en forma tan burda y paradójicamente a la vez tan sofisticada, principalmente por los candidatos y delegados federales del partido que en el 2000 ganó la elección presidencial enarbolando la bandera del "cambio".

La insuperable pobreza arraigada en los 30 distritos electorales y en los 212 municipios del estado fue campo fértil para el indigno acarreo y la infame compra de votos.

Es por eso que aquellos que perdieron la elección de gobernador y ahora se dicen "defraudados" no han encontrado eco ni el respaldo ciudadano en su artificiosa campaña de reclamo post-electoral, como por ejemplo el movimiento civil que brotó espontáneamente aquí tras el presunto fraude en la elección presidencial de 1988.

Y no es para menos. La atención y preocupación de la mayoría de los veracruzanos no está en el supuesto "fraude electoral" sino en su reto diario de supervivencia muy a pesar de que estadísticamente Veracruz es la sexta economía estatal por su participación en el Producto Interno Bruto nacional

Hasta 1980 Veracruz era todavía la cuarta economía del país, sólo superada por el Distrito Federal, el Estado de México y Jalisco. Pero en las últimas dos décadas nos desplazó Nuevo León, que ahora ocupa el tercer lugar y, más recientemente. Chihuahua, que está, precisamente, en el quinto sitio.

En cuanto a la distribución per cápita del PIB, Veracruz se sitúa hasta el lugar 26 Y por el grado de alta marginalidad ocupa el cuarto lugar nacional, sólo después de Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

En términos absolutos, Veracruz ostenta el quinto lugar de emigración, pero es el segundo estado con el mayor saldo neto migratorio negativo del país, sólo después del DF.

No nos engañemos, pues, imaginando una sociedad veracruzana pendiente y ávida de un cambio estructural. Recordemos, por ejemplo, aquella publicitada y onerosa reforma democrática de 1997 que detonó la "autonomía" de la Universidad Veracruzana y la cual tomó por sorpresa a la propia comunidad universitaria.

La alternancia, pues, le urge sólo a los grupos de poder, pero el pueblo lo que reclama es un gobierno eficaz que le dé respuesta inmediata a sus problemas terrenales de empleo, educación, salud, vivienda y seguridad, entre otros.

En Veracruz, como se ha dado en el resto del país, la reingeniería de las instituciones del estado habrá de ser un asunto que tendrán que pactar las élites políticas.

Y habrá que ver si más allá de su enfermizo afán revanchista. las bancadas de oposición que integrarán la próxima Legislatura local así como las dirigencias de sus partidos son capaces de articular acuerdos para diseñar las reformas electoral, administrativa, legislativa y judicial que ciertamente tanto necesita Veracruz para darle mayor certidumbre no sólo a los procesos de renovación de poderes sino para asegurar también el desarrollo sustentable de la entidad.

Por eso reconozco y felicito a Domingo Alberto Martínez Resendiz, quien a través del Centro de Estudios para la Transición Democrática nos sigue convocando para pensar en voz alta sobre cómo construir entre todos un Veracruz mejor, con menos desigualdad social y sin conflictos de gobernabilidad que nos dividan y nos destruyan.

Pero habrá que darle seguimiento a este ejercicio plural del Cetrade y buscar que los compromisos de algunos ponentes se cumplan.

Y es que, por ejemplo, al participar en enero de este año en el toro "Pensar Veracruz", el ahora gobernador electo Fidel Herrera Beltrán asumió aquí, en este mismo espacio de reflexión, que "más que un gobierno empresarial, Veracruz requiere un gobierno orientado a la izquierda en el aspecto social y al centro en temas como el cuidado al medio ambiente, el respeto a los derechos humanos y la responsabilidad en las finanzas publicas.

Decía el entonces aspirante a la candidatura al gobierno de la entidad:

"A partir de esta visión es que, en un grupo cada vez más amplio de veracruzanas y veracruzanos existe la convicción de que el Estado, debe reformarse para cumplir como primera condición su compromiso con la pobreza y la marginación.

"El reto es complejo. Desde el Poder Público, el Estado enfrenta obstáculos formidables ahora y en los años por venir. Alejamiento ciudadano de la política, abstención electoral, falta de confianza en los políticos y en los partidos; son algunos de los temas recurrentes sobre los que discurre la reflexión sobre la situación política en nuestro tiempo

"Se trata de un problema de conexión entre el gobierno y la sociedad. El Gobierno tiene que conectar con los ciudadanos a partir de un gran esfuerzo que lo coloque como principal promotor de la transformación y no como mero arbitro

"Un Estado con orientación social, es un Estado que utiliza todos los recursos a su alcance y propone programas específicos para abatir los rezagos sociales.

"Me lo han dicho de todas las formas posibles a lo largo del Estado Los veracruzanos no quieren sólo programas de desarrollo a mediano y largo plazo. Quieren respuestas y las quieren de inmediato. Por ello debemos recuperar la responsabilidad social del estado y reorientarlo para hacerlo solidario con quienes más lo necesitan.

"Tenemos que partir para ello de una visión crítica. Si el Estado no puede apoyar con subsidios a los productores del campo, si no puede ayudar a los pensionados y jubilados, si no puede aplicar programas de asistencia social a los grupos más pobres de la sociedad, si no puede hacer valer el Estado de Derecho y dotar de segundad a las familias, entonces tenemos que reforma al poder público.

"Veracruz necesita de manera urgente avanzar en esta reforma para garantizar de manera efectiva una pensión universal ciudadana para los adultos mayores y las personas con discapacidad; para dotar de más y mejores programas sociales a los grupos indígenas; para impulsar un programa de nutrición y alimentación en las zonas rurales; para iniciar una nueva relación con los medios de comunicación y los sindicatos, para dotar de servicios médicos y medicamentos para los grupos sociales que no cuentan con seguridad social; para emprender un programa de vivienda popular sin precedentes; apoyar a las madres solteras y a los jóvenes, ampliar la oferta de educación y salud, garantizar la tranquilidad y la seguridad pública y combatir a fondo la corrupción. De ese tamaño es el reto común que tenemos por delante."

Y hacía un llamado amplio a la clase política veracruzana, sobre todo a los militantes del Partido Revolucionario Institucional y a los sectores de centro-izquierda para, con respecto a las agendas y sus proyectos, se sumaran en una propuesta amplia.

"Quiero reclamar la participación de todos los veracruzanos en un proyecto en el que todo el mundo cabe, en el que ninguno debe sentirse excluido. En el que todos tenemos algo que aportar. En el que todos podamos esperar respeto, tolerancia y seguridad."

Ojalá que quienes dirigen los partidos políticos y los que nos "representan" en el Congreso local le tomaran la palabra, y que en vez de que le aceptaran al virtual titular del Poder Ejecutivo estatal cuotas burocráticas en su administración pactaran mejor acuerdos definitivos para una reforma estructural duradera que fortaleciera a los partidos y demás instituciones del Estado para el inaplazable desarrollo democrático de Veracruz.