Rafael García Falcón
Liderazgo en la Gobernabilidad Democrática
Rafael García Falcón (*)
MARCO CONCEPTUAL
Hace poco más de dos décadas, la gobernabilidad designaba la habilidad para mantener el orden en una administración. Sin embargo, bajo este concepto se encuadran varios tipos de gobernabilidad, por cierto, nada recomendables. Por ejemplo la gobernabilidad dictatorial, que se basa en mecanismos supresores de los derechos civiles y humanos, frecuentemente respaldado por una estructura militar y grandes sistemas de espionaje político. Así también tenemos a la gobernabilidad autoritaria, que se desarrolla cuando operan estructuras corporativas o clientelares, con reglas no escritas, en una estructura de mando vertical, frecuentemente encuadrada por un partido hegemónico.
En la actualidad la gobernabilidad se define como la capacidad de un conjunto social o comunidad para autogobernarse enfrentando positivamente los retos y oportunidades que tenga planteados. También, la gobernabilidad puede ser definida como la capacidad de un gobierno para elaborar y presentar a los ciudadanos sus planes de políticas públicas, obteniendo respaldo social y político suficiente en su realización y preservando, en el desarrollo de sus acciones, tanto el orden como la paz social.
Como se ve, la gobernabilidad no sólo tiene que ver con mantener el orden y la estabilidad política para la toma de decisiones públicas, sino que hace referencia a la existencia de instituciones y capacidades para enfrentar colectivamente (gobierno y sociedad) los retos y oportunidades que se presentan cotidianamente.
Se dice que un sistema social es gobernable cuando está estructurado sociopolíticamente de modo tal que todos los actores estratégicos se interrelacionan para tomar decisiones colectivas y resolver sus conflictos conforme a un sistema de reglas y procedimientos formales e informales dentro del cual formulan sus expectativas y estrategias.
La gobernabilidad democrática será definida como la capacidad de procesar y aplicar institucionalmente decisiones políticas sin violentar el marco del derecho y en un contexto de legitimidad democrática. Se dice que existe gobernabilidad democrática cuando la legitimidad gubernamental surge del mandato dado en las urnas, donde son plenamente vigentes las libertades cívicas y existe una garantía de respeto ciudadano, extendido fundamentalmente a los derechos humanos.
LIDERAZGO EN LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA
Una estrategia de fortalecimiento de la gobernabilidad exige el surgimiento de liderazgos capaces de articular una visión, traducible en una agenda, apoyada por una coalición suficientemente amplia, fuerte y duradera como para articular y resolver la suma de tensiones que se producirán al aplicar las reformas (políticas, sociales, estructurales, etcétera) necesarias para responder a los desafíos y a las oportunidades que se presentan en el Estado de Veracruz.
El liderazgo, sin lugar a dudas, es un componente vital para generar cambios. El gran desafío para los líderes veracruzanos actuales puede formularse con la pregunta siguiente: ¿Cómo puede una sociedad y un territorio heterogéneo, como Veracruz, con diferentes actores portadores de diversos intereses en conflicto en la que ningún grupo puede forzar a los demás a cooperar, encontrar vías para avanzar hacia acuerdos y pactos más equitativos y eficaces?
El liderazgo requerido para dirigir este cambio exige, en primer lugar, visión. Es decir, la comprensión de los intereses a corto y largo plazo de un amplio espectro de actores sociales, y conciencia suficiente de los impactos que las tendencias y fuerzas de cambio actuales y futuras van a tener sobre la sociedad y sus principales actores.
En segundo lugar, el liderazgo requiere legitimidad. La legitimidad es lo que permite que funcione una comunicación efectiva entre el liderazgo y sus audiencias. La legitimidad del liderazgo no depende de la detentación actual del poder (todos los líderes son detentadores actuales o potenciales de poder; pero no todos los detentadores de poder son líderes), sino de la credibilidad y la confianza que inspira a sus audiencias.
En tercer lugar, el liderazgo requiere la capacidad para tratar adecuadamente el conflicto. Los líderes de la gobernabilidad democrática no rehuyen sino que utilizan el conflicto como un estímulo del proceso de desarrollo.
EL CASO VERACRUZ
El 5 de septiembre próximo pasado, se efectuaron en Veracruz las elecciones para gobernador más competidas y más cuestionadas, de su época contemporánea. El volumen de impugnaciones por parte de todos los partidos políticos, aunado a las acusaciones de dichas organizaciones políticas a la posible intervención de los gobiernos federal y estatal en tales comicios, hace que el resultado que pronto de a esta contienda electoral el Tribunal Federal de Elecciones (TRIFE) vaya a ser muy cuestionada por quienes no resulten ganadores.
El resultado del TRIFE va a dejar inconformes a grupos políticos muy importantes de Veracruz, mismos que son necesarios para seguir construyendo la gobernabilidad democrática en nuestra entidad, si entendemos esta gobernabilidad como la capacidad de una comunidad política para autogobernarse y que el gobierno obtenga respaldo social y político suficiente en la aplicación de sus políticas públicas y preservando, en el desarrollo de sus acciones, tanto el orden como la paz social.
Por lo anterior, quien gobierne a la entidad veracruzana desde el 1º de diciembre próximo tendrá que contar en su instrumental político, con la visión, la legitimidad y la capacidad para tratar adecuadamente los conflictos. Esto es tan importante para no caer en la ya casi desaparecida gobernabilidad autoritaria, misma que requiere para subsistir de estructuras clientelares y corporativas, de autoridad vertical y un partido hegemónico.
(*) Director General de la Escuela Libre de Ciencias Políticas y Administración Pública de Oriente, y miembro del Consejo Editorial de www.enfoqueveracruz.com.


















