Martín Quitano Martínez

Reflexiones para la democracia

Martín Quitano Martínez

Agradezco al Centro de Estudios para la Transición Democrática y a mi amigo, Domingo Alberto por la oportunidad de pensar en torno a nuestra entidad y nuestro país en voz alta y con tan distinguidos participantes.

Establecer este diálogo es un acierto, y digo diálogo porque es el arte de pensar juntos, y me queda claro que el espíritu que rodea este foro es el reconocimiento de los otros, de las opiniones diversas, razón por la que estamos reunidos representantes de distintos partidos, sectores sociales y ámbitos de trabajo.

El diálogo es diferente que la discusión, el debate y la negociación, involucra compartir ideas en una atmósfera no sentenciosa, creando un espacio para el auto examen, abriendo el camino para el entendimiento y el compromiso que se comparte en la acción. En este sentido, retomo el concepto expresado por Braulia Thillet, que le otorga al diálogo el carácter de tecnología social, como eje para un proceso de cambio social.

Sin duda, México atraviesa tiempos sobre los que se descargan las contradicciones de una transición marcada por el desgaste y el bajo perfil de la discusión entre los actores políticos.

Hace poco leía que el problema estratégico de una transición estaba en conseguir la democratización sin morir a manos de quienes detentan las armas, ni de hambre por los que controlan los recursos productivos.

Sin espíritus fatalistas, esta referencia obliga la observación de que el camino de la transición democrática está minado, y nos lleva a cuestionarnos: ¿Podremos llegar al final? De qué depende? Es claro que el buen fin de esta empresa político ciudadana estará en función de la ruta que elijamos y sigamos.

El dilema central está pues en llegar a consolidar nuestra democracia, donde las fuerzas políticas representativas sometan sus valores e intereses a la interacción de las instituciones democráticas y asuman los resultados inciertos del proceso democrático.

Así podremos decir que nuestra democracia estará consolidada cuando los conflictos o la mayoría de ellos se resuelvan por conducto de las instituciones democráticas, cuando nadie controle los resultados y estos no estén predeterminados.

Dice Adam Przeworski: “La democracia es un sistema para abordar los conflictos en el cual los resultados dependen de la actuación de los participantes pero ninguna fuerza controla el desarrollo de los hechos.” (1)

El debate político que actualmente nos enmarca, involucra la incapacidad que hemos tenido para conciliar el fortalecimiento de la democracia, debate que evidencia las señas de una larga y sinuosa transición, que como dirían algunos es una travesía que aun no toca tierra firme.

Dicen algunos conservadores que la democracia equivale al caos y a la anarquía y tal parece que ahora les hemos dado la razón.

El escenario mexicano de la transición nos ha puesto al borde de la descalificación definitiva de un régimen que aun no hemos acabado de inaugurar; ya que presenta las condiciones de un estatus inacabado de consolidación democrática, donde es evidente la falta de reformas institucionales y constitucionales que aseguren el parteaguas con el antiguo régimen, y que pongan coto y solución a los conflictos generados por los resabios del autoritarismo político.

Con reglas claras, estaremos en condiciones jurídicas e institucionales de entrar al juego democrático, aquel donde exista incertidumbre entre los actores políticos, que sepan lo que es posible y probable pero no lo que ocurrirá, ya que los desenlaces posibles estarán determinados por el marco institucional en combinación con los recursos con que intervengan las diferentes fuerzas políticas en la competencia; con ello dice Przeworski: la democracia es un sistema de resultados abiertos regulados o de incertidumbre organizada”. (1)

En Veracruz las pasadas elecciones dieron muestra de que existen valores vigentes, con suficiencia en el colectivo ciudadano como la innegable presencia de partidos políticos y fuerzas plurales que se presentan para dirimir la competencia electoral, construyendo “la incertidumbre”, como sello inherente a la democracia.

Sin embargo, como una lastimosa realidad, aun prevalecen refugios autoritarios, nuevos feudos y señores caciques, así como áreas de desgobierno que ponen en riesgo la frágil construcción que estamos realizando y que es necesario apuntalar, a fin de instaurar una democracia perdurable, capaz de resistir amenazas y resolver problemas.

En este marco, la elección en Veracruz parece condensar los sufrimientos del trayecto de nuestro país a la democracia, ya que exhibe los sinsabores de la desconfianza que nuestro largo viaje democrático ha generado.

Me explico. En un proceso electoral como el del 5 de Septiembre, se manifestaron acciones suficientes para compendiar el sentir de importantes sectores ciudadanos en cuanto a una edificación errada del régimen democrático de nuestro país.

La reedición de prácticas que se oponen a una mínima racionalidad democrática como son la ausencia real de propuestas, el trapecismo político indecorosamente presentado, el manejo ofensivo de recursos económicos que nadie explica y muchos otros elementos que socavan la credibilidad de nuestra democracia y de sus instituciones, generando una desconfianza generalizada y deslegitimando al sistema político democrático, con consecuencias negativas para la gobernabilidad democrática a la que muchos aspiramos.

Asumir que el marco en el cual jugamos el juego democrático aun convoca a la suspicacia y la desconfianza de los actores políticos y más aún a la indiferencia ciudadana, es una llamada de alerta. Es mas, el hecho de que amplios sectores ciudadanos consideren a los procesos democráticos y a los políticos, como algo que no repercute positivamente en sus vidas cotidianas y por lo tanto lo consideran prescindible frente a las dificultades que los aquejan y que no se atacan, se constituye en un peligro real para el futuro de la democracia.

La crisis de la democracia esta ligada a la crisis de la política, de ese espacio de reconocimiento de nosotros y de los otros, de la capacidad para establecer marcas de reconocimiento que nos brinden la oportunidad de tomar acuerdos en la diversidad y la pluralidad.

En este sentido, Chantal Mouffe nos comenta “La política consiste siempre en domesticar la hostilidad y en tratar de neutralizar el antagonismo potencial que acompaña toda construcción de identidades colectivas. El objetivo de una política democrática no reside en eliminar las pasiones ni en relegarlas a la esfera privada, sino en movilizarlas y ponerlas en escena de acuerdo con los dispositivos agonísticos que favorezcan el respeto del pluralismo” (2).

Si bien la condición social nos obliga a pensar en la crisis de la política en términos de la reflexión, el problema se acentúa con la crisis de lo mas visible que son los políticos, ciudadanos que para un amplísimo grupo social merecen la descalificación y los peores comentarios.

En este sentido, poco hemos abonado como políticos para recomponer la visión que sobre nosotros se tiene; por el contrario se ha profundizado en respaldar conclusiones sociales en torno a la incapacidad y tendenciosa actitud de la clase política, que no esta a la altura de las condiciones democráticas que ahora vivimos.

Es obligado revisar la forma en que podemos plantearnos que los actores políticos resguarden valores políticos y éticos que den razón a la democracia, que nos brinden garantías de compromiso con las instituciones democráticas, que rindan cuentas claras y se obliguen a la construcción de gobiernos responsables de sus acciones.

Nos encontramos frente al vaciamiento de esperanzas de un futuro mejor en el marco del régimen democrático por consolidar; es nuestra obligación recomponer la credibilidad en lo que sin duda es el mejor régimen hasta ahora conocido.

La gobernabilidad democrática que requerimos, pasa por la actuación seria, responsable y comprometida de los actores políticos, que den paso a la construcción de reglas que brinden el marco institucional para acciones de gobierno acordes con los principios democráticos, que logren consensos en pleno reconocimiento a la pluralidad.

En la gobernabilidad democrática, las acciones de gobierno se fundan en una metodología del ejercicio del poder basada en acuerdos amplios; donde la participación para la toma de decisiones se de con la voluntad suficiente para consensos que nos involucren a todos.

Los actores políticos acostumbrados a gobernar de forma inconsulta, deben entender que nuestro estado y nuestro país no merece mas su sinrazón, sin embargo es por estos grupos, por los que aun no logramos consolidar a la democracia, y por los cuales se pone en riesgo su viabilidad y se abren las posibilidades al autoritarismo.

En nuestro estado y en nuestro país se requieren cambios reales que palpe la gente común, cambios que note y sienta en su vida cotidiana, que le den estabilidad y mejoren su calidad de vida, que generen confianza en la democracia.

Acercar esta percepción a la ciudadanía implica acercarnos a la población e involucrarla en los procesos para la toma de decisiones. Esto se hará realidad únicamente con la ampliación de la participación de la ciudadanía, con consultas abiertas que recojan las demandas más sentidas de la sociedad para el diseño de políticas públicas.

Necesitamos ampliar los diálogos que logren fomentar la participación ciudadana que ayude a construir propuestas de transformaciones que fortalezcan la gestión publica y mejoren a las instituciones políticas y es aquí donde se debe hacer énfasis en la participación activa de la ciudadanía que rebasa el esquema minimalista de los procesos electorales como únicos referentes de la democracia.

Es precisamente en el proceso mismo del fortalecimiento de la democracia donde debemos convencernos que ésta no se dará sin el concurso de una sociedad fuerte y activa. La apuesta debe enfocarse a limpiar de actitudes y actores engañosos el quehacer político, a mejorar nuestra imagen en los hechos frente a la sociedad, a rescatar la confianza en la representatividad real y amplia de la clase política.

La política como el espacio social por excelencia donde se dirimen civilizadamente las diferencias y se toman acuerdos que se respetan. La gobernabilidad democrática hacia la sociedad, deberá provenir indefectiblemente desde el rescate y el mejor hacer de la política. Me refiero al acuerdo de fondo que está faltando para tomar el rumbo de las certidumbres en la pluralidad, el único que nos permitirá avizorar un futuro de tolerancia y desarrollo.

Pensar en Veracruz nos debe conducir a los mecanismos que permitan la construcción del dialogo o los diálogos que abran la participación social para que se escuche la diversidad de intereses que se conjugan en nuestra sociedad. Gobiernos Democráticos establecen a los diálogos como instrumentos, correas de transmisión del sentir ciudadano que no se contraponen con los partidos políticos ni con el Estado, como responsables de la actividad política.

Si entendemos a la gobernabilidad democrática como esa posibilidad real de gobernar con la gente, considerando a la gente que va a ser impactada por las decisiones, los diálogos podrán ser un ejercicio en el cual deberíamos profundizar.

En este sentido diría Braulia Thillet: “El dialogo y la negociación se convierten en un camino que coadyuva a la profundización democrática; contribuyen a la creación de una cultura democrática y a legitimar el sistema político.”

Tenemos una crisis político institucional que refleja desconfianza y rechaza lo político, es obligado encontrar nuevas formas para lograr la participación ciudadana. La reproducción de muchas de las formas actuales del comportamiento y del ejercicio del gobierno sin duda acentúa la crisis.

En Veracruz, pronto tendremos un nuevo gobierno, es un escenario dividido entre las fuerzas políticas. Sin mayorías que no nazcan de los acuerdos y la búsqueda de coincidencias, poco podremos lograr para contar con una gobernabilidad democrática.

Requerimos de mucha sensibilidad y voluntad políticas para lograr los consensos necesarios que respondan a las demandas urgentes de la ciudadanía y que den credibilidad a la política y a los políticos, a la democracia.

En este foro sin duda abonamos el diálogo que tanto requiere nuestra sociedad, ejercicios como el que estamos desarrollando desde la convocatoria del CETRADE, esperamos que sirvan como muestra de que en la diversidad y el pluralismo aún podemos hablar y lograr acuerdos, el reto de retomar estos espacios será para quien gobierne Veracruz.

Muchas Gracias.

Notas

  1. Adam Przeworski. Democracia y Mercado. Cambridge University Press. USA. 1995.
  2. Mouffe, Chantal. “El retorno de lo político”. Paidós Ibérica. Buenos Aires. 1999.