Juan Antonio Nemi Dib

Saldos de la Elección Veracruzana

Juan Antonio Nemi Dib

Inteligente y oportuno, el CETRADE y particularmente Domingo Alberto, han convocado a un ejercicio de análisis colectivo que contribuya a dar condiciones de gobernabilidad a Veracruz, en los tiempos por venir.

Siendo la elección reciente la parte más que sustantiva que condiciona cualquier perspectiva política e institucional, no puede haber otro hecho mayor ni más importante dentro del análisis que los propios comicios, pues ellos expresan la composición del mapa de preferencias políticas de los veracruzanos, condicionan la correlación de fuerzas en las distintas expresiones del poder público y, ciertamente, le dan orientación y estilo al ejercicio gubernamental por venir.

De modo que el análisis electoral se hace imprescindible. Y seguramente habrá riquísimos juicios y estupendas valoraciones, en todas o en la mayor parte de las 84 participaciones que han sido requeridas para este análisis grupal.

Sin embargo, y para decirlo en términos astronómicos, las pasadas elecciones no han concluido su ciclo de apogeo: aún nos encontramos en espera de la sentencia de la última instancia judicial con capacidad para confirmar o modificar el resultado de la elección de gobernador, como se ha dicho, algunas fuerzas políticas anunciaron ya que recurrirán formalmente la composición del Congreso del Estado y, aunque está enunciada y presupuesta, no se formaliza aún la composición de los ayuntamientos y, particularmente, de las minorías edilicias.

De modo que es pronto, muy pronto, para emitir juicios categóricos. El proceso electoral continúa y, ciertamente, va para rato.

En consecuencia, yo quiero aprovechar la oportunidad para plantear a ustedes algunos apuntes, no necesariamente hilados, no necesariamente conexos, que puedan servir, en el mejor de los casos, para ampliar la discusión.

1. Por principio de cuentas, nuestros electores se encargaron, y lo hicieron bien, de sorprendernos a todos. Muchas de las variables a que nos enfrentamos, como resultados, no eran previsibles para nadie. Y los ejemplos sobran:

  • Pocos creían en el voto diferenciado; algunos suponían que éste sólo sería posible en núcleos urbanos de ingresos medios. Sin embargo, el voto homogéneo y estandarizado pasó a segundo plano, incluso en las zonas rurales e indígenas.
  • Hace unos cuantos meses, un candidato a diputado federal ganó la elección por alrededor de 60 mil votos o un poco más; esa misma persona, en calidad de candidato a presidente municipal, no llegó a los 20 mil.
  • Contra lo que podría suponerse, los mayores éxitos del Partido Acción Nacional, de profunda raigambre urbana, acontecieron en el campo, mientras que el PRI tuvo sus mejores votaciones en las ciudades.
  • Sólo UNIDOS por VERACRUZ vaticinó siempre un escenario de tres tercios, al referirse a una división del espectro de votantes, pero pocos le tomaban en serio. La realidad le dio la razón.
  • Y las sorpresas siguen: el PRI ganó en el municipio de Córdoba, pero perdió el distrito; el PAN ganó las alcaldías de Veracruz y Boca del Río, pero su candidato a gobernador no; en Xalapa, UNIDOS por Veracruz triunfó con cómodo margen en las diputaciones, pero no así en la presidencia municipal. Y hay muchos ejemplos más en este sentido, que –como dije— será necesario metabolizar pausada y serenamente, cuando estemos en condiciones de hacerlo.

2. Hemos de destacar, como segunda premisa, que fueron las elecciones más competidas de la historia reciente de Veracruz. Eso tiene numerosas y ricas implicaciones, que han de aprovecharse. Destaco de entre ellas la fenomenal fuerza cívica que significa el hecho de que 2.8 millones de personas, más del 60% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal, hayan decidido votar. Este es un gran avance, indiscutible, meritorio para todos y, ya dije, provechoso en extremo.

3. La ausencia de incidentes, de violencia y confrontaciones extralegales, tampoco es desdeñable, pues a pesar de la competitividad y de las expectativas de todos los actores, los conflictos nunca trascendieron los marcos procesales legítimos.

4. Algo que reclama atención es lo que he llamado siempre, de manera poco afortunada pero muy gráfica, “carroña electoral”. Un vicio en el que incurrimos todos los partidos, que niega la esencia de la competencia partidista (y por lo tanto, la razón de ser de los propios partidos), que de manera cínica convierte a las candidaturas en espacios de poder y no de servicio y que se presentó como nunca antes: nos plagamos de saltimbanquis ajenos a proyectos, a compromisos ideológicos e incluso, a principios.

5. Pero por otro lado, este fenómeno nos lleva a reconocer que los electores ven cada vez menos a los partidos y cada vez más a los candidatos, cosa sabida, pero poco reflexionada. Hay que analizar, a detalle, el desencanto por la política y, si nos prestamos a la teoría de la conspiración, la posibilidad de que, muy deliberadamente, se esté inoculando un demérito de nuestras instituciones que nos conduzca no al camino de Damasco, sino al de Buenos Aires: “lárguense todos”.

6. Como es obvio, se dio un voto muy diferenciado, pues la ciudadanía decidió repartir el poder: el Gobierno del Estado a Fidelidad por Veracruz, el Congreso sin mayoría absoluta para ninguna de las fuerzas y los ayuntamientos los repartió entre las tres fuerzas electorales. Dicho de otra manera: el mandato fue dividir el ejercicio del poder público y reconocer en sus autoridades y representantes la pluralidad del Veracruz del siglo XXI.

7. Algo en lo que poco se ha reparado y que merece la pena observarse, es que independientemente del escenario de distribución de curules que al final se imponga, desde luego en la instancia jurisdiccional, será indispensable un ejercicio de consenso absoluto para alcanzar las mayorías calificadas que reclamarán muchas de las acciones legislativas trascendentes. En otras palabras, ni el PRI sólo ni el PAN sólo podrán imponerse en el Congreso; tampoco los otros partidos. Esta no es una cosa menor.

8. El voto diferenciado de las regiones nos dice mucho. El norte, el centro y el sur tienen diferentes reclamos y hay que tomarlos en cuenta. Votaron diferente; expresaron diferentes expectativas. Y, de ellas, quizá la que se hace inexcusable, por encima de las demás, refiere el reconocimiento de la diversidad, el fortalecimiento de nuestras regiones y, muy significadamente, un ejercicio sincero y eficaz de redistribución, desconcentración y descentralización de las funciones gubernamentales.

9. Quisiera destacar el papel de los medios de comunicación en el proceso electoral. Este tema amerita un seminario aparte, y no es asunto fútil. Por tiempo y respeto a ustedes, me limito a enunciar un hecho: las grandes televisoras nacionales llegaron a convertirse en árbitros de la pasada elección, con claras preferencias y orientaciones diferenciadas. Tuvieron una influencia determinante en la opinión pública, particularmente en la parte más álgida del fin de la jornada electoral. Las preguntas obligadas son: ¿lo hicieron con verdadero sentido democrático o tras de sus intereses comerciales?, ¿en mérito de la libertad de expresión y del pavor que nos causa a los políticos debatir estos temas de manera pública, lo dejamos pasar o lo sometemos a análisis?

10. El gasto partidista, en todos los frentes, agravió a la sociedad. Campañas extremadamente largas, por ende costosas y mecanismos ineficaces de control de las finanzas electorales. Tema que requiere revisión profunda.

11. Dejo para otra oportunidad las evidentes deficiencias de nuestro marco normativo, la innecesaria participación de las autoridades jurisdiccionales en la calificación de la elección de gobernador y un debate inagotado, respecto de la naturaleza y límites funcionales del tribunal electoral de la Federación.

En cualquier caso, el que vivimos es un proceso lleno de fortalezas, legitimado por una gran intervención de los mandantes, que abre las puertas a una nueva era de quehacer político en Veracruz, en el que el consenso se imponga obligadamente respecto del interés general, en el que la diversidad se torne vehículo de crecimiento y no de confrontación y en el que nuestras instituciones, ajustadas a derecho, operen en un novedoso clima republicano, obligando a todos los actores a ser más eficaces, más profesionales, más honestos, más servidores de los demás y menos servidores de nosotros mismos.

Saludo con optimismo y mucha emoción el nuevo horizonte democrático de Veracruz.

Muchas gracias.