Gloria Jiménez Illescas
La Gobernabilidad en Veracruz: Reflexiones en voz alta
Gloria Jiménez Illescas
La izquierda y la derecha están vigentes, no como una suma de emociones, sino como una colección de valores.
Norberto Bobbio
La libertad de opinión, de reunión y organización le son inherentes a la democracia. Sabemos que un gobierno es más democrático en tanto más personas tienen la oportunidad de participar directa o indirectamente en la toma de decisiones.
Por ello, este ejercicio de participación plural, diversa, heterogénea pero a la vez confluyente, resulta ser un evento coyuntural por su realización justo en los albores de un nuevo gobierno resultante de un proceso electoral sin precedentes en la historia de Veracruz, tanto por la elevada participación ciudadana, como por la conformación que tendrá la Legislatura, que por primera vez quedará integrada sin una mayoría calificada. Como bien lo señala Alain Touraine citando a Claude Lefort “El poder del pueblo no significa, para los demócratas, que el pueblo se siente en el trono del príncipe, sino, que ya no haya trono”.
Justamente, el eje central de la democracia es la idea de soberanía popular, la afirmación de que el orden político es producido por la acción humana, acción que fue claramente expresada en las pasadas elecciones, donde 2 millones 800 mil electores, 60.77% del padrón, ejercieron su derecho al voto de manera diferenciada y que, contrario a todos los pronósticos, mostraron con su participación una madurez, una conciencia y una cordura extraordinarias.
Pero nuestra democracia aún es muy frágil, viví este proceso como representante estatal de un Partido sin registro, México Posible, junto con otros 5 líderes, con quienes se decidió después de larga reflexión, formalizar una alianza con el Lic. Fidel Herrera Beltrán; recorrimos todo el Estado varias veces, hablamos con mucha gente, sentimos su ánimo, lo palpamos, sabíamos que sería un proceso muy difícil desde mucho antes del día de las elecciones, meses antes, y por ello trabajamos sin descanso para defender una plataforma que incluía 42 propuestas nuestras, de izquierda, y a un candidato en el que creímos y confiamos.
Hoy, a pesar de que me queda clara la legalidad, el derecho que los partidos tienen a presentar sus impugnaciones, me siento igual que muchos, ofendida, lastimada. Mi voto va a ser cuestionado por un Tribunal Federal, debido a la inconformidad de quienes todavía no entienden el profundo sentido de la democracia.
El 5 de septiembre no vivimos un “caos provisto de urnas electorales”, ejercimos un derecho que deseamos sea absolutamente respetado; nuestra democracia en verdad es frágil y corremos el serio riesgo de un retroceso si no defendemos sus principios, procesos y resultados.
Tuvimos unas elecciones limpias, pacíficas, equitativas e irrefutables. Ahora corresponde a los contendientes aprender “el difícil arte de saber perder”. Ya que sin él no habrá concordia posible. Los partidos tienen que percatarse de que la democracia es un pleisbicito cotidiano cuyos vaivenes son sinónimo de vitalidad pública, admitir en buena lid la derrota y asumir con generosidad la victoria del otro.
Quien quiere hacer política día a día señala Norberto Bobbio, “debe adaptarse a la regla principal de la democracia, la de moderar los tonos cuando ello es necesario para obtener un buen fin, el llegar a pactos con el adversario, el aceptar el compromiso cuando éste no sea humillante y cuando es el único medio de obtener algún resultado”.
Ya Martí en 1891 en su ensayo de “Nuestra América” acotaba “El hombre natural es bueno y acata y premia la inteligencia, mientras ésta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés”. Así es, por la fuerza de las evidencias, por la fuerza de las leyes, espero que la voluntad popular triunfe y que todos hayamos aprendido algo importante: a jugar limpio, a perder y a ganar en buena lid, porque, solamente si logramos superar este escollo sin que queden abiertas heridas graves, podremos entrar en lo que José Woldenberg llama la segunda etapa de consolidación de la democracia, esto es, una vez que ya contamos con un sistema de partidos y un sistema electoral confiable, hemos de caminar rumbo a la “gobernabilidad democrática” aquella en donde las mayorías coexisten con las minorías.
Noble aspiración, ideal que todos tenemos en mente, los de izquierda y los de derecha, los demócratas cristianos y los social demócratas, dado que todos aspiramos supongo, a vivir dentro de un clima político de respeto y libertades.
En esta nueva etapa por la que empezaremos a transitar, nuestra aspiración es que los diputados que integrarán el próximo Congreso Estatal, logren construir a través del diálogo, una sola plataforma de acción. Se terminó la contienda, ya están dados los resultados, ahora llegó el tiempo de los acuerdos, de la armonía, de la cordialidad, y de algún modo lo que procede es que trabajen con el mismo espíritu que si fuesen integrantes de una orquesta sinfónica, cada quien con su instrumento, en su postura, en su sitio, pero interpretando una misma pieza, sus partituras serán las leyes, los escuchas activos de la melodía que esperamos interpretarán, seremos los ciudadanos. Así debe ser, no hay rival que vencer.
Hasta ahora hemos visto cómo los legisladores pierden horas, días, sesiones enteras en querellas inútiles o frívolas deliberando sobre sus diferencias ideológicas o saldando cuentas personales y dejando a un lado problemas urgentísimos que afectan la vida de todos los veracruzanos.
Cómo hacerles entender que no tienen que desgastarse tres largos años batiendo y golpeando al enemigo, porque no hay tal y si hay a cambio un pueblo con hambre, un pueblo empobrecido, hay desempleo y carencias, hay atrás de toda esta debacle una sed insaciable de contar con seres humanos honestos y dispuestos a mirar al otro, a volcar su pasión en el otro, a verter su emoción y su sabiduría a favor del otro.
¿Cómo enseñarles el hábito ético de escuchar? ¿Cómo a que adopten el valor de la tolerancia, sin la cual se tiende a descalificar, a condenar moralmente y hasta a suprimir al adversario en lugar de ver las diferencias con él como un enriquecimiento de lo plural y lo diverso?
Estas condiciones de respeto y diálogo tenemos que construirlas desde la ciudadanía tanto como desde los poderes, alentando, promoviendo, protegiendo los valores democráticos y antes que esto, asumiendo en primer término que la democracia es en el amplio y en el estricto sentido del concepto, la mejor alternativa de gobierno.
Por ello, la oportunidad que este Foro abre es invaluable, esperamos que sea solo el preámbulo de ese diálogo permanente y necesario cuyo objetivo sea dotar de contenidos y dar sentido con nuestra participación, a la labor de los diputados. Estamos en tiempo, justo antes de que la investidura del cargo que asumirán se les adhiera como segunda piel, antes que ser “diputados” les parezca más significativo que ser “humanos”.
Sabemos que hay dos formas de ejercitar la tarea que los diputados tienen como representantes políticos de sus comunidades. La primera es haber cumplido como parte de su trayectoria política, con la meta de ocupar un cargo público; la segunda es porque, concientes de las grandes necesidades de la población que con su voto los llevó al triunfo, tengan la esperanza de poder concretar un gran proyecto de orden político, económico y social. La primera es una forma de trabajar para labrar su futuro personal, la segunda es la consecuencia de haber puesto el acento en las circunstancias y los anhelos de los demás, es decir, en el orden democrático.
Los primeros buscarán saciar su sed de poder, los segundos buscarán de inmediato el diálogo y la conciliación entre sus compañeros y los integrantes de todas las demás fracciones, para buscar los caminos más certeros y eficaces que les permitan conducir los destinos de la gente que creyó en ellos y la que no creyó también, hacia mejores condiciones de vida.
Los ciudadanos deseamos que los “elegidos” todos, los cincuenta, se decidan por este segundo camino, que se alisten para responder a nuestras demandas sociales gobernando cabalmente para la diversidad y sin discriminación. En este proceso electoral vimos como ésta diversidad se expresó, ahora tendremos que ver si los órganos legislativos resultan eficientes para acatar su mandato.
Entre las tareas pendientes están dos reformas de fondo que son indispensables y urgentes. Reformas que seguramente implicarán una revisión exhaustiva y minuciosa de toda la Constitución vigente, artículo por artículo, párrafo por párrafo. La primera es encontrar la fórmula que permita emprender una lucha definitiva para la erradicación de la discriminación en todas sus formas, para ello les pedimos que aprueben de inmediato la creación del “Consejo Estatal Contra la Discriminación” y la segunda el establecimiento de un nuevo pacto social en donde la equidad de género pase de ser un discurso gastado y sea por fin, después de 51 años de lucha, una contundente realidad.
Quienes reconozcan que esta forma de vida política es la que da la mayor libertad al mayor número de personas, que protege y reconoce la mayor diversidad posible, comprenderán que sin estos avances, no hay democracia posible.
A fin de cuentas, la democracia se define por el reconocimiento de las creencias, los orígenes, las opiniones y los proyectos. Las dictaduras de Stalin y Mussolini fueron respaldadas por las mayorías, para que haya verdadera democracia no es suficiente con acatar su mandato, es preciso dejar de oponer retóricamente su poder a los derechos de las minorías. No existe democracia si una y otras no son respetadas. Consenso y disenso forman parte sustancial de este régimen político. Está en manos de los diputados transformar las leyes que hoy nos rigen para que en adelante nadie se sienta marginado o excluido por razones políticas, étnicas, económicas o culturales.
Habrá democracia cuando se reconozca plenamente que cada grupo y persona merece ser escuchada y atendida con el mismo interés y empeño; que la discriminación va en contra de un gobierno democrático y a cambio la tolerancia y el respeto le son inherentes.
La democracia no es únicamente un conjunto de garantías institucionales, una libertad negativa. Es la lucha de unos sujetos, en su cultura y su libertad, es, según la expresión propuesta por Robert Fraisse “la política del sujeto”.
Un gobierno democrático debe asegurarse que cada uno pueda hacer valer sus demandas y sus opiniones, ser libre y estar protegido, de modo tal que las decisiones tomadas por los representantes del pueblo tengan en cuenta en la mayor medida posible las opiniones expresadas y los intereses defendidos. Ya votamos, ahora y en especial las mujeres, esperamos que nuestro mandato sea escuchado. Deseamos vivir en condiciones de equidad tanto en la vida pública como en la privada, tanto en el terreno de lo social como en la política. La equidad es una más de las virtudes de un gobierno democrático.
Es preciso dejar claro, insistir en que el género es un mecanismo cultural que instaura un sistema de significados sobre lo que es propio de las mujeres, (lo femenino) y lo que es propio de los hombres, (lo masculino). El género, produce concepciones ideológicas sobre las mujeres y los hombres y partiendo de allí, lo hace sobre todos los demás roles laborales, políticos, sexuales y afectivos. Como resultado de esta diferenciación, se han generado condiciones de marginación y discriminación y por lo tanto de desigualdad en todos los ámbitos, particularmente para las mujeres.
Esto se ha incrementado con el socorrido discurso de la derecha que ha usado como fundamento el repetir que hombres y mujeres somos distintos y que desde luego es usado para discriminar. Los judíos son distintos, los negros son distintos, las mujeres somos distintas. Entonces, ¿quienes son los iguales?
Tendríamos que empezar por acordar justamente que “ser distintos no significa ser desiguales”, que lo biológico no es determinante ni es inmutable, y a partir de esta premisa entender que la diferencia sexual no puede ni debe constituir un principio arbitrario, así como una especie de derecho jerárquico diferente para cada sexo.
Las mujeres elegimos hoy vivir plenamente la multiplicidad de experiencias que la vida propone: el trabajo, la familia, los afectos, el estudio, el tiempo para nosotras mismas. Sin embargo, nos encontramos con una organización material y simbólica de la sociedad basada en las relaciones sociales de los sexos, en la aceptación incluso por las mismas mujeres de una mal habida idea del “género” que tiende a negar esta experiencia múltiple y compleja y a dejar casi inalterada la división sexual del trabajo.
Pero esta división es un “tabú” que atenta contra la igualdad de hombres y mujeres, un tabú que divide los sexos en categorías mutuamente exclusivas, un tabú que exacerba las diferencias biológicas y así crea el género. Es menester dejar de manifiesto que el sexo y el género son simplemente imperativos del sistema social y por lo tanto esta apreciación es susceptible de ser modificada.
En este entendido, considerando que las diferencias biológicas son realmente mínimas y que éstas no tendrían por qué traducirse jamás en desigualdades sociales, me permito solicitar a los diputados que se apruebe la iniciativa y se instale la
“Asamblea de Mujeres de Veracruz”
A fin de que se tomen en cuenta de forma permanente las demandas específicas y se instrumenten las Acciones Afirmativas necesarias para que en el corto plazo logremos un nuevo pacto social entre las mujeres, los hombres y el Estado, partiendo las mujeres de si mismas y siendo hoy el único sujeto político idóneo y capaz para proponer una vida más humana para todos.
La Asamblea, coordinada por la Comisión de Equidad y Género de la Legislatura, podría sesionar en plenaria cada año, en la semana del 17 de octubre, en conmemoración del triunfo obtenido en la lucha por el sufragio femenino y participarían en él todas las mujeres que ocupen un cargo público, las líderes de organismos sociales y civiles, académicas, científicas y todas aquellas mujeres que con su experiencia y vivencias tengan aportaciones que hacer a las y los diputados integrantes de la Cámara así como, a través de ellos, a los órganos de los Gobiernos Estatal y Municipal.
Esta sería una forma real de reconocimiento en la práctica, de nuestra calidad y dignidad como seres humanas capaces de generar riqueza, de crear empleos, de producir bienes y cultura a la par que los hombres y merecedoras de los mismos beneficios.
La equidad solo será posible cuando se contemplen en el primer plano los beneficios sociales de una sociedad igualitaria, cuando haya ese deseo colectivo de bienestar y prosperidad.
Quienes ya fueron electos como diputados, procede que tomen conciencia clara del significado que para los ciudadanos tiene saberse representados y lo asuman con todo el rigor y la disciplina que el cargo lo requiere, que se preparen, que estudien, que trabajen con todo el ahínco de que son capaces.
Mi solicitud en el rubro de la Transparencia es que se apruebe como obligatoria la asistencia periódica a talleres y foros de reflexión sobre filosofía política y teoría jurídico política, que no desprecien el saber acumulado por los grandes pensadores, que no orillen su trabajo a la tramitología, que no reduzcan la misión legislativa a la gestión de proyectos para unos cuantos, de los que a su vez podrían recibir determinados beneficios o prebendas. Es necesario que aunado a las sesiones formales ordinarias o extraordinarias, se organicen cotidianamente estos Foros y Debates que los conduzcan no a la radicalización de las posturas, sino a la solución de los problemas a través de la acción política y para el mayor beneficio de la sociedad.
Así mismo, me permito solicitar que la transparencia en la gestión se audite no solamente en cuanto al uso o aprobación eficaz del presupuesto, sino también en cuanto a la eficiencia, es decir, que se utilice una fórmula que nos permita medir con precisión cuantos habitantes y con qué calidad fueron beneficiados en cada periodo, sea por la aprobación o derogación de una iniciativa de ley, o bien por la defensa genuina de los intereses de sus representados ante los otros poderes; que se evalué exhaustivamente la productividad individual y de las fracciones partidistas y que los resultados se publiquen rigurosa y periódicamente.
Si deseamos, sin precipitarnos en la desesperanza, transitar hacia una verdadera “gobernabilidad democrática”, tenemos para lograrlo un tiempo limitado, “el de nuestras vidas”, por ello apelamos a un acto colectivo de prudencia, un acuerdo mínimo definitivo y realista sobre nuestro lugar y nuestro papel en el mundo.
A los diputados les pedimos que a partir de hoy dejen de sentirse importantes, porque entre más insignificantes sean sus aspiraciones personales, mejor podrán mirar hacia el otro y sus ideales, el otro y sus sueños, el otro y sus proyectos y esa es precisamente la misión que con nuestro voto les hemos asignado.
“El camino es largo, y si, se hace al andar. Pero una cosa es segura, la democracia es el único modo de recorrerlo”. Ahora que el destino los colocó en la noble y loable oportunidad de servir, les deseamos que la razón los ilumine y los buenos sentimientos los guíen y les agradecemos de antemano cada acción que realicen a favor de la prosperidad y la felicidad de los Veracruzanos.
Termino mi intervención con una frase de Norberto Bobbio extraída del Prefacio al libro “Italia Civil” que tomé de un artículo de José Fernández Santillán y que hago propia....”Del reconocimiento de las convicciones de los demás he tomado la mayor lección de mi vida. He aprendido a respetar las ideas ajenas, a frenarme ante el secreto de cada conciencia, a entender antes de discutir, a discutir antes de condenar”.
GLORIA JIMÉNEZ ILLESCAS
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- Pérez Mónica. Sexo y Género, dos conceptos diferentes, En Revista FEM No 253 / 2004
- Rubin Gayle. El Tráfico de Mujeres: Notas sobre la “Economía política del sexo”, Traducción de Stella Mastrangelo para: Nueva Antropología. Estudios sobre la mujer: problemas teóricos. 30 CONACYT UNAM Iztapalapa, 1986.
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