Tulio Moreno Alvarado

Tulio Moreno Alvarado

Ingobernabilidad de terciopelo

Tulio Moreno Alvarado

Asociada principalmente a temas electorales y a la disputa por el poder, la ingobernabilidad es una amenaza constante no sólo a la totalidad del sistema político sino también a la interrelación entre partidos, actores y organizaciones políticas, aun de aquellas que resultan afines o pertenecen al mismo bando.

De cualquier modo, el espacio temporal que existe en la legislación veracruzana entre la entrega de la constancia de mayoría al gobernador electo y la fecha de toma de posesión permite en las nuevas condiciones de alta competencia electoral que exista una época de cierta confusión en la que conviven cuando menos dos polos de poder, y en estos últimos comicios, podemos aventurar que se establecieron tres de ellos.

Si aceptamos lo anterior como un hecho tangible, ahora mismo hay tres gobernadores en la entidad: uno real que está a punto de concluir su gestión; otro electo que se encuentra en espera de que el Poder Judicial de la Federación decida su suerte y uno más que de algún modo virtual se ha autoproclamado vencedor y también espera una respuesta en forma de anulación de los comicios o proclamación por nocaut de su triunfo.

De alguna manera, cada uno ejerce una porción de poder; el priista Miguel Alemán hace uso de las atribuciones constitucionales que le dieron las elecciones hace seis años; otro priista Fidel Herrera Beltrán, avalado hasta el momento por la sala electoral del Tribunal Superior de Justicia y el panista Gerardo Buganza Salmerón en una circunstancia sumamente particular porque asume que los votos que obtuvo su partido le confieren una calidad de autoridad.

No se quiere dar a entender que el poder político constitucional se encuentre dislocado o que las autoridades estatales se declaren incompetentes para resolver una buena parte de los problemas que plantea la convivencia de más de siete millones de habitantes.

De lo que se trata es que el rechazo de Buganza a los resultados de los comicios -por el respaldo que le ha dado el presidente Vicente Fox, su partido alcaldes electos y diputados locales- plantea en la entidad una suerte de ingobernabilidad de terciopelo, entendida ésta como un estado de las cosas en las que la indefinición más que el desorden, la violencia o la anarquía ocasionan cierto estado de confusión e incertidumbre entre la ciudadanía que espera ver ya resuelto el largo proceso electoral al que fue intensamente sometida.

El otro aspecto del fenómeno es más complejo porque radica en una eventual colisión de intereses entre el gobernador saliente y el electo, puesto que sus ámbitos de injerencia con la clase política de su partido se encuentran profundamente imbricados.

El natural vacío que se crea alrededor del mandatario saliente podría ocasionar, sino problemas complejos que se puedan llevar a una situación de ingobernabilidad, sí diferencias serias en cuanto a la toma de decisiones sobre ciertos aspectos que a futuro pueden afectar la gestión del próximo gobernador.

De este modo, Fidel Herrera ya expuso su incorformidad sobre el endeudamiento por tres mil 500 millones de pesos que le dejará la gestión saliente, mismo que tuve su respuesta puntual de Alemán cuando sostuve que el gobernador de Veracruz es él hasta el próximo primero de diciembre.

Hay otros detalles que parecen irrelevantes, pero que en realidad pueden originar determinados grados de conflictos.

Por ejemplo, en teoría, Herrera Beltrán debería haber decidido, por que así le conviene a su proyecto gubernamental, quien sería la persona más adecuada para ocupar la coordinación de la diputación local priista; al parecer no pudo puesto que lo será Alejandro Montano Guzmán, uno de los hombres de mayor confianza del gobernador Alemán.

Ahí está también el secretario de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, quien a menos de mes y medio de dejar el cargo se encuentra opinando sobre la conveniencia de que el próximo dirigente estatal del PRI sea Edel Álvarez Peña, un político identificado con todos menos con el gobernador entrante; también es palpable la intromisión del mismo funcionario en la intención de jubilar a algunos magistrados.

Por otro lado, ¿bajo qué preceptos de autoridad real –salvo la que le confiere el hecho de ser gobernador electo- Herrera Beltrán da a conocer nombramientos de sus colaboradores? Es una curiosa situación en la que los medios de comunicación se convierten de facto en una Legislatura también virtual, pues de transmisores de información pasan a ser voceros hacia la comunidad de decisiones que aún permanecen inconcretas en virtud de que el relevo gubernamental no se ha realizado y de que aún falta la resolución final del Trife; así, ahora el pueblo veracruzano tienen el honor de ser el único del país que cuenta con dos gobernadores y con dos pares de secretarios particulares y privados.

Finalmente, es cierto que lo anterior no ocasiona un estado de ingobernabilidad total, pero sí de una forma atenuada que puede hacer que la nueva gestión gubernamental empiece no de la mejor manera y que quienes resulten afectados principalmente sean los Veracruzanos.