PRESENTACIÓN. Francisco Montfort Guillén

Francisco Montfort Guillén

La Gobernabilidad en Veracruz

Francisco Montfort Guillén

La palabra democracia ha iluminado nuestro pasado inmediato. Al parecer, la fuerza de su luz nos ha enceguecido. O, por lo menos, ahora reconocemos una vasta zona en donde no ha llegado su luz. Nuestra tarea consistirá, en parte, en esclarecer áreas ocultas o en penumbras por la entronización de la democracia como palabra maestra.

Por mucho tiempo, nuestra democracia sustentó su avance en soluciones novedosas al viejo problema de la inefectividad del sufragio. Recuperado éste, los actores sociales y políticos nos vemos enfrentados a otra realidad: la antidemocracia adjudicada a los otros, se ha convertido en la cotidianidad de todos. Por otra parte, ahora el electorado no es coto exclusivo de ningún partido, y peor aún, se divide por tercios. Por estas y otras razones, hoy nuestro desafío es doble: enfrentarnos a nuevos problemas e idear nuevas soluciones.

De ahí la necesidad imperiosa de sentarnos a escucharnos los unos a los otros. Comprendernos, más que aceptarnos. Construir las ideas compartidas, avanzar juntos, es el mérito civilizador de la democracia. Ese es el propósito de este seminario.

Escucharemos una gran variedad de voces. No faltarán las guiadas por la vida partidista, sustentadas en una ideología y en una defensa de intereses, válidos y respetables. Estas voces son inevitables y, al mismo tiempo, necesarias. No obstante, nos convendría realizar sobre el particular un autoanálisis para evitar, o al menos atenuar, la confusión entre la decisión de defender intereses y posturas, de aquella inclinada o motivada por la necesidad de entender nuestra situación actual; de explicar sus causas y sus efectos; de recorrer el camino anticlimático de la reflexión para intentar la construcción de salidas colectivas a los conflictos presentes y mediatos.

Para todos sería útil, tal vez, recordar lo siguiente: mientras la acción política parece inseparable de un cierto estado de histeria y de un cierto derramamiento de magia, el análisis político, por contra, parece implicar una actitud prudente, mesurada, incluso pasiva pues el observador no puede conocer jamás el punto de reencuentro entre lo real y el deber ser, entre la teoría y la práctica. Debemos, pues, hacer uso de la sapiencia.

Estamos ante la urgencia de proponer soluciones. Se nos exigirá ser realistas. Para serlo no es necesario capitular ante la realidad. Es necesario respetar la realidad. Pero nunca, jamás, arrodillarse ante ella. La realidad, en fin y como decía el joven abuelo alemán, no sólo hay que pensarla sino transformarla.

La confusión de actitudes suele ser el resultado tanto de la confusión de ideas como de la ambivalencia de la realidad. Para superarlas necesitamos libertad y autonomía como bases del hablar y de la escucha. Respeto al hablar para ser escuchados con respeto. No hay trabajo intelectual serio cuando la línea está prefabricada. Contamos, para discernir, con una base objetiva: una verdad legal, legitimada por la votación más numerosa en elecciones locales recientes. Para no entrar, o para salir de Babel, requerimos del razonamiento respetuoso. Necesitamos salir de la zona afectiva, mezcla de actitudes semiinfantiles y semineuróticas. No venimos a escenificar un torneo de vencidas. El cambio deseable por todos es edificable, pero requiere de convicciones honestas. Enfrentamos un problema no sólo en orden al funcionamiento deseable de nuestras instituciones. Estamos frente a un problema ético y de conocimiento, ligado al quehacer político. Ser realistas, ahora, puede significar pensar la política enraizada en el mundo social y económico, y no como actividad autónoma involucrante sólo de los actores políticos o como actividad metafísica al gusto de los politólogos o analistas políticos. Tal vez fuera deseable asumir, como propia, la poderosa propuesta del adolescente visionario francés, el poeta Arthur Rimbaud, y buscar, como utopía terrestre, “cambiar la vida”, cambiar nuestra vida individual y colectiva en Veracruz.