Jesús Jiménez Castillo

Veracruz: gobierno y cambio

Jesús Jiménez Castillo

[Excurso: De inicio, quiero agradecer la invitación que me hicieron los integrantes del Centro de Estudios para la Transición Democrática, especialmente el Maestro Domingo Alberto Martínez Resendiz, para participar en este foro sobre la gobernabilidad en Veracruz, hecho inédito que, en mi opinión, da la oportunidad a la sociedad civil de expresar puntos de vista sobre el gobierno del estado de Veracruz en un momento crucial de nuestra vida política]

Ocuparse del tema de la gobernabilidad en Veracruz, es una iniciativa en la que se aprecia el más alto grado de contenido político, pues un foro de estas características, que tiene como eje principal el análisis de las ideas y puntos de vista de la sociedad civil sobre la naturaleza y formas de relación entre ciudadanos y gobernantes, constituye, además de un asunto público de primer orden, un punto de referencia muy valioso para la sociedad veracruzana cuando está a punto de iniciarse un nuevo período de gobierno en nuestra entidad.

La discusión en torno a las formas de gobernar no es algo nuevo, en el siglo V antes de Cristo, Heródoto, el gran historiador griego, en sus escritos ya se ocupaba de analizar las tres formas de gobierno que hoy en día consideramos clásicas: monarquía, aristocracia y democracia (1). Por consiguiente, lo que hacemos en este foro es continuar con esa antigua tarea de intentar mejorar los sistemas rectores de la política pública y con ellos nuestro propio sistema de vida. Yehezkel Cror, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y estudioso de la realidad política mexicana, al abordar lo relativo a la esencia de la política y el gobierno, nos dice lo siguiente:

La preocupación central de la ciencia política ha sido el papel del gobierno y su relación con la sociedad. Habiendo partido de la explicación jurídica sobre el origen del poder, las explicaciones teóricas posteriores parecen haber quedado atrapadas dentro del espectro explicativo de diversos paradigmas que han considerado -aunque no con la mayor importancia y de forma limitada- la relación entre el hombre y la dirección gubernamental, donde lo importante ha sido establecer relaciones de causalidad simple que expliquen los procesos políticos, mientras que explicar la creación y recreación de símbolos y valores ha sido olvidado, al igual que la proyección de variables hacia el futuro (2).

Lo dicho por el profesor Cror hace un poco más de una década, continúa siendo válido para nuestro país y el estado de Veracruz en esta época de incertidumbre, confusión y polémica en torno al fenómeno político. Las luchas intestinas que observamos entre los partidos en aras del control y la preponderancia hegemónica, han generado un cerco que aísla a los ciudadanos de sus interlocutores ante el poder del Estado. En consecuencia, observamos que dichos partidos, absortos en la especulación de sus propios intereses, parecieran no darse cuenta de la cambiante realidad social con la cual deben interactuar. Los institutos políticos deben hacer su mejor esfuerzo para modificar añejas prácticas y propósitos. La imagen que transmiten no es la más apropiada para los requerimientos de un país con serios problemas de desarrollo. El norteamericano, Roderic A. Camp, notable investigador de la política y cultura mexicana, nos dice:

Algunos de los rasgos importantes de la cultura política de México, tales como el deseo del poder público, la adquisición de amigos y el sometimiento de la honestidad a la lealtad, afectan los procesos del sistema político, sobre todo los que involucran el reclutamiento, la toma de decisiones y la sucesión presidencial. En México, como señalé antes, la carrera de una persona depende en gran medida de su capacidad para adquirir amigos y mentores influyentes. Lo más sorprendente de este proceso es su aplicación a todos los tipos de estructuras gubernamentales, incluso el partido oficial, la burocracia federal y los organismos descentralizados, y todos los niveles de gobierno, incluso los gobiernos estatales y locales, y el propio ejido (3).

Estas palabras expresadas hace casi veinte años por Roderic Camp, tienen plena vigencia en la política que se práctica en México actualmente. Sin embargo, en mi opinión, el problema no es tanto el amiguismo y las lealtades inconfesables que puedan generarse en este ámbito, sino, la pérdida de rumbo que se observa en las políticas públicas y las estrategias para el desarrollo. Una cosa es la que se dice, otra la que se hace. En este sentido, varios estudios de instituciones nacionales e internacionales, nos indican que uno de los mayores problemas de México es la falta de organización y empleo adecuado de sus recursos, más que la falta de ellos. En educación, por ejemplo (4), México invierte tantos recursos como lo hace Japón, no obstante, los resultados son diametralmente opuestos, en el país oriental altas calificaciones, en el nuestro, resultados muy desfavorables.

Veracruz es un estado grandioso en la perspectiva de su historia, geografía, recursos y pobladores. Pocas entidades tienen el perfil y potencial de riqueza que ofrece el solar jarocho para el desarrollo de sus habitantes. Sin embargo, los indicadores que existen en torno a la calidad de vida de sus gentes nos muestran una realidad social que presenta muchas carencias y marginalidades. Y no se trata de ignorar los logros de los gobiernos, que han sido muchos, sino, hacer apuntamientos sobre lo que falta por construir en un estado cuya ubicación estratégica le da un lugar de privilegio, pero, también, lo expone a los embates de la globalización y de las economías emergentes, internas y externas, que imponen sus condiciones basadas en las ventajas que les otorga su mayor desarrollo científico y tecnológico, y que dejan fuera de la competencia de los mercados a nuestra entidad; por demás, una de las razones principales por la cual muchos veracruzanos emigran a otros lugares en busca de empleo y oportunidades

Los problemas sociales de Veracruz son aún considerables, a pesar de los esfuerzos realizados por las diferentes administraciones del gobierno. El empleo, educación, salud, alimentación, vivienda, seguridad, asistencia, etc., constituyen una problemática que presenta retos difíciles de superar en el corto y mediano plazo. Largo sería aquí enumerar causas y efectos, por demás conocidos de los estudiosos de nuestra realidad. Ciertamente los partidos políticos tienen una de las mayores injerencias en dicho estado de cosas, sin embargo, no es el lugar para referirnos a la cuestión de los partidos y su acción y determinación de lo social. El tema ahora es el de la gobernabilidad y sobre ese punto quiero dirigir las siguientes consideraciones.

Desde mi punto de vista, los modelos de administración y política pública no han dado los resultados esperados en materia de desarrollo y transformación del estado de Veracruz., entre otras cosas, por la separación real existente entre la sociedad y las entidades rectoras del quehacer gubernamental. Dadas las condiciones de crisis que vive el estado en lo económico y social, ya no se trata solamente de administrar los bienes y servicios con que se cuenta, lo importante es generar procesos de transformación y cambio que vislumbren escenarios más favorables para el desarrollo de la comunidad. El tan mencionado paternalismo del estado sigue teniendo una presencia importante en nuestra idiosincrasia política, que solamente se puede suprimir utilizando el recurso más valioso que tenemos: nuestras propias gentes; pero ello significa sustituir el modelo actual por otro y emprender una tarea con acciones más eficaces y eficientes, es decir, invertir el modelo centralista de administración, trasladando lo importante del quehacer a la población.

Al margen de cuestiones estrictamente ideológicas, que también tienen un peso significativo como determinantes de la realidad, lo importante del asunto es lo que debemos hacer para lograr un cambio radical en nuestras prácticas políticas y sociales. Sobre el particular he tomado como referencia un documento escrito por el profesor Yehezkel Dror, para informar a los integrantes del Club de Roma (5), sobre el origen de la incapacidad de los gobiernos para cumplir con sus obligaciones y lo que se debe hacer para mejorar su desempeño. Algunas de sus ideas son las siguientes:

Las sociedades no están preparadas para las transformaciones globales. Y las formas disponibles de gobernación no son adecuadas para manejar las necesidades y oportunidades de una realidad en constante cambio.

Los factores clave que conformarán las tendencias futuras de la humanidad son la demografía; el desarrollo científico y tecnológico; la geoestratificación y sus implicaciones políticas y morales; la ecología, biodiversidad y cuestiones de la biosfera; y los valores, creencias e ideologías.

Para enfrentar las transformaciones y efectos de la globalización, las cabezas visibles de gobierno necesitan una nueva clase de cartografía que describa, con estricta justicia y objetividad, los trastornos, incertidumbres y argumentaciones radicales del discurso político. No es de esperar que la democracia liberal occidental se afiance rápidamente en el mundo entero. Las ideas democráticas básicas pueden difundirse, pero su verdadera expresión política depende de culturas políticas locales. Implantar modelos ajenos sin los debidos cambios de la cultura política, puede ser contraproducente.

Los gobiernos sobrecargados de problemas urgentes y prioritarios a menudo pierden la concentración en tareas de responsabilidad que prevean estrategias para el futuro, descuidando la realización de esfuerzos que eventualmente pueden contribuir a mejorar la calidad de sus sistemas de gobierno. Es necesario comprometerse con proyectos de largo alcance.

A menos que los ciudadanos perfeccionen su capacidad de entendimiento de los problemas complejos, la democracia se convertirá en una ficción. Incrementar la cultura política del pueblo es, por lo tanto, un compromiso esencial si se desea facultarlo. Son necesarios intensos esfuerzos para alentar la comprensión pública de temas políticos fundamentales, dedicando especial atención a perspectivas de amplia cobertura. La gobernación debe alentar el sentido de la solidaridad en la solución de los problemas comunes y de alto riego.

La necesidad de élites gobernantes debe ser francamente reconocida, siempre que se de por supuesto que se basan en el carácter moral y la excelencia intelectual, que están comprometidas con su función; que son abiertas, plurales y representativas; que están sujetas a la inspección y al reclamo de la sociedad, y que se conducen de acuerdo con estrictos códigos éticos.

Las escuelas políticas deben constituirse en factores claves de la función de gobernación, formando y proporcionando a grupos de estudio mixto, dirigentes y subordinados, la oportunidad de aprendizaje sobre cuestiones fundamentales de la política. Realizar de manera permanente talleres de corta duración para la capacitación de funcionarios de alto rango, a menudo apremiados por el tiempo, apoyados en textos y documentos apropiados sobre tópicos pertinentes de la función pública.

Buscar apoyo en organismos no gubernamentales especializados en la resolución de problemáticas sociales o de otra índole, que contribuyan con propuestas, normas, criterios y directrices generales que faciliten la intervención del Estado.

Finalmente, no debemos esperar soluciones mágicas a nuestra problemática, pues un cambio en los términos deseables implica un largo proceso de transformación en todos los actores del sistema. Es claro, como dice Giovanni Sartori, que instituciones y constituciones no pueden hacer milagros. Pero difícil será que tengamos buenos gobiernos sin buenos instrumentos de gobierno.

Notas:

  1. En el siglo V a. de C., Heródoto, en sus famosas Historias hace referencia a una discusión, seguramente imaginaria, ocurrida un siglo antes de su tiempo entre tres personajes: Otanes, Megabyzo y Dario, sobre la mejor forma de gobierno que debería ser implantada en Persia una vez que muriera Cambises II, hijo de Ciro el Grande. El fragmento de esa historia se ha vuelto célebre en virtud de la referencia que hace sobre las tres formas clásicas de gobierno: monarquía, aristocracia y democracia, así como a sus opuestos: tiranía, oligarquía y oclocracia, mucho antes que aparecieran los sistemas políticos propuestos por Platón y Aristóteles en el siglo IV a. de C. Véase Heródoto, Nueve libros de la historia, libro III, numerales LXXX, LXXXI, LXXXII.
  2. Yehezkel Cror, Enfrentando el futuro, México, FCE, 1993-R, p. 10.
  3. Roderic A. Camp, Los intelectuales y el Estado en el México del siglo XX, México, FCE, 1988, p. 34.
  4. Andreas Schleicher, jefe de la División de Indicadores y Análisis de la Dirección de Educación de la OCDE.
  5. Yehezkel Cror, La capacidad de gobernar. Informe al Club de Roma, México, FCE, 1996-2, pp.