Atanasio García Durán
¿Qué es la gobernabilidad democrática?
Atanasio García Durán
Sin pretender en absoluto una exposición academicista en los campos de las ciencias jurídica o política, sólo pretendo con esta intervención expresar algunas reflexiones en voz alta, tal como lo enuncian el título y los objetivos de este Foro Panel organizado por el Cetrade Asociación Civil a quien agradezco su invitación.
Cuando se busca la “esencia” de un concepto, dice Fernando Savater, lo que ocurre es que uno se introduce en una tarea compleja. “La dificultad estriba en que la «esencia» de cada palabra está también formada por palabras y que rara vez las palabras que precisan lo esencial de un término relevante son más fáciles de definir que éste. De modo que se imponen nuevas búsquedas no menos esenciales ni menos sujetas a la elucidación semántica”. (F. SAVATER 2003)
En estas condiciones podemos encontrar que el término gobernabilidad se compone del adjetivo verbal gobernable y del sufijo bilidad equivalente a cualidad; por lo que gobernabilidad literalmente significa cualidad de gobernable o algo que puede ser gobernado. Pero entonces lo complejo se presenta para concebir cuándo, cómo, mediante qué y quiénes son los gobernables o tan solo cómo entendemos el sentido de gobernar; la complejidad se incrementa aún más al agregar el siguiente término del título de este encuentro: democrática, es decir, “La gobernabilidad democrática”.
¿Cómo traducir tal binomio de palabras; cómo además explicarla en el marco del Estado de Veracruz? ¿y por qué pensar, en mi caso, que esto es algo complejo? Sin duda, lo pienso así, porque nadie debería negar que el análisis de lo social siempre es algo sobradamente complejo:
¿Qué elementos deben prevalecer en el análisis (que nos ocupa): las estructuras o los sujetos? Cuando nos referimos a los sujetos, ¿de quienes hablamos? ¿De clases sociales? De movimientos sociales? ¿De individuos? (J. OSORIO 2001)
En la búsqueda de tal explicación tenemos entonces, en el terreno de los hechos, que el análisis no puede reducirse sólo a la acción de actores individuales; las personas están necesariamente ligadas a estructuras, a tiempos, a su historia, a valores, a costumbres, a condiciones materiales, etc., y a algo muy importante, a situaciones de coyuntura.
Sirva de ejemplo este contexto; aquí en este recinto nos encontramos quienes no hemos sido gobierno, quienes ya lo fueron y lo van a seguir siendo, quienes ya lo fueron y quién sabe si lo vuelvan a ser; también se encuentran académicos, periodistas y seguramente varias personas simplemente interesadas en la problemática social; todos tenemos creencias, aspiraciones, deseos, problemas, intereses, propósitos; aunque sean buenos para unos o malos para otros. Pero si ampliáramos este contexto si pensáramos en un gran recinto donde también estuviera la población que emite su voto para elegir a sus gobernantes, o la que no lo emite pero que igual se encuentra frente a grandes expectativas, situaciones y un sin número de problemas.
Qué ocurriría si aquí estuvieran los veracruzanos que hoy no tienen empleo, los dos millones aproximadamente que viven con uno o dos salarios mínimos, aquellos miles que se fueron o están a punto de emigrar en busca de una mejor vida; también los que por décadas no tienen acceso a servicios de agua, drenaje, energía eléctrica, pavimentación, caminos, atención médica, educación, recreación; aquellos que año con año ven su vivienda y ellos mismos en peligro de inundarse y hasta de desaparecer; otros más que ven sus raquíticos ingresos en el campo o en sus incipientes empresas.
Qué nos dirían los ciudadanos que hoy han sido testigos de un proceso electoral profundamente inequitativo, derrochador, fraudulento en muchos casos. Y los que hoy aún observan las acciones inauditas para torcer la ley en el afán de hacer “interpretaciones auténticas”.
Cómo explicaríamos aquí a una población, a un auditorio, que no se encuentra presente pero cuya realidad es viva e incuestionable, el sentido de la gobernabilidad democrática.
Yo solo podría decir ante este distinguido auditorio, pero al fin parte de esa realidad compleja a la que me he referido, que la cualidad de lo gobernable, la gobernabilidad, o si se quiere decir la acción de gobernar con armonía y equilibrio no se deberá ni se encontrará en las concertaciones de los Poderes del Estado (Legislativo-Ejecutivo, por ejemplo) ni en los arreglos y las composiciones numéricas con fines mayoritarios en el Congreso. La gobernabilidad democrática no será producto de acuerdos de las fracciones partidistas, mucho menos si tales acuerdos hoy no se dan de frente a la sociedad y sólo son producto de contubernios o maridajes perniciosos.
Los retos de la gobernabilidad democrática están ahí: están en las reformas necesarias a las leyes del Estado que garanticen efectivamente la equidad, la transparencia, la austeridad en la administración de los recursos públicos; en establecer y exigir la absoluta autonomía de los organismos que, por definición constitucional, son autónomos y, sobre todo, la gobernabilidad democrática será una realidad si la voluntad de los representantes populares y actores de los Poderes del Estado se manifiesta no para “tejer novedosos acuerdos”, sino para consensuar, tomar y realizar acciones que resuelvan añejos y graves problemas que la mayoría de la población, hace mucho tiempo y hoy demanda a toda costa.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Savater, Fernando. 2003. El valor de elegir. Edit. Ariel. México.
Osorio, Jaime. 2001. Fundamentos del análisis social.
La realidad social y su conocimiento. UAM. FCE. México.


















